“Thank you, and good bye”

Se va. De pie, a pocos metros del 10 de la calle Downing, la sede del jefe de gobierno del Reino Unido, usa 463 palabras para anunciar su renuncia y anticipar lo que vendrá. Sin un solo furcio y con estricto control de las emociones, Gordon Brown (59 años), rinde cuentas. Los periodistas lo graban desde cerca, sin acosar ni apretarlo.

“Thank you, and good bye”
24-08-2026 | 12:46

Se va. De pie, a pocos metros del 10 de la calle Downing, la sede del jefe de gobierno del ReinoUnido, usa 463 palabras para anunciar su renuncia y anticipar lo que vendrá. Sin un solo furcio ycon estricto control de las emociones, Gordon Brown (59 años), rinde cuentas. Los periodistas lograban desde cerca, sin acosar ni apretarlo.
En las elecciones generales del 6 de mayo en Gran Bretaña no hubo un partido suficientementeganador, como para gobernar el país con mayoría propia en la Casa de los Comunes de Westminster, lalegendaria cámara de representantes del pueblo.

Al computarse los casi 30 millones de votos, el Partido Conservador fue votado por el 36%, y elhasta ese momento gobernante Partido Laborista por el 29%. Los liberal-demócratas recibieron el23%. En el peculiar sistema electoral británico, 10,7 millones de conservadores consagraron 306diputados, mientras que 8,6 millones de laboristas sentaron en sus bancas a 258. Sin embargo, los6,8 millones liberales demócratas sólo pudieron proclamar a 57. Como los Comunes tienen 650curules, ni los 306 tories ni los 258 laboristas alcanzaban.

Los liberales demócratas, árbitros, optan por los conservadores, poniendo fin a 13 años degobiernos laboristas. Brown admite que fracasó en su intento de seguir gobernando en coalición conquienes resultaron terceros. “He informado al secretario privado de la reina (Isabel II) quemi intención es entregarle mi renuncia. Si ella la acepta, le aconsejaré que invite al líder de laoposición a que forme gobierno.”
Una oración conmueve: “Le deseo lo mejor al próximo primer ministro a la hora de optarpor importantes decisiones para el futuro”. Sus reflexiones finales suscitan un raroestremecimiento, sereno y profundo. “He tenido el privilegio de aprender mucho sobre lo mejorde la naturaleza humana y bastante acerca de sus fragilidades, incluyendo la mía.”

Reconoce con franqueza que “sobre todo, fue un privilegio ser un servidor público” yque “sí, amé el cargo, no por su prestigio, sus títulos y su ceremonial, que no me gustannada. No, lo amé por su potencial para hacer que este país que amo sea más justo, más tolerante,más verde, más democrático, más próspero y más justo, una Gran Bretaña verdaderamentegrande”. No se va para quedarse: presenta ahí mismo, su renuncia como líder de su PartidoLaborista.
En el momento de los seres queridos, mira a su mujer, que permanece a su lado en la crocantejornada londinense. Dice: “Sobre todo quiero agradecerle a Sarah, por su infatigable apoyo,así como por su amor y su propio servicio a nuestro país”. Los Brown han perdido en 2002 a sutercer hijo, una beba de pocas semanas, que nació prematura. “Agradezco a mis hijos John yFraser por el amor y la felicidad que le dan a nuestras vidas.”
Es el momento de partir. En el brillo atenuado de la bella capital británica, en medio de unsilencio de capilla que nadie viola, Brown mira con su peculiar mueca escocesa, antes deverbalizar: “Al dejar la segunda ocupación más importante que jamás pude haber tenido en mivida, bendigo aún más la primera, la de marido y padre”. Respira y enuncia: “Thank you,and good bye”.
Toma del brazo a Sarah y camina hasta la sólida puerta del 10 Downing Street, que seentreabre. Salen por ella John, de siete años, y Fraser, que no cumplió cuatro. Tomados los cuatrode la mano, caminan hasta el auto oficial, con el que se alejan, rumbo a sus propias vidas.

En ese preciso momento, David Cameron acorta en un Jaguar plateado su camino al Palacio deBuc-kingham, donde la vieja reina le encargará formar gobierno. Lo asumirán, coaligados,conservadores y liberal-demócratas, con una novedad sobresaliente: invitado a cogobernar, el líderdel tercer partido Nick Clegg, será el vice primer ministro.
Ahora es Cameron, de sólo 43 años, quien está parado en el mismo lugar desde donde sedespidió hace un rato Brown. En sus primeras definiciones políticas, al aceptar el cargo, el nuevolíder sólo usará 630 palabras, algunas de las cuales sobrecogen y producen envidia: “Antes dereferirme al nuevo gobierno, permítanme decirles algo acerca del que acaba de concluir. Si se locompara con lo que era hace una década, este país es hoy más abierto internamente y más compasivode cara al exterior, y eso es algo que todos deberíamos agradecer. En nombre de todo el país,quisiera rendir homenaje al primer ministro saliente por su larga trayectoria de dedicación alservicio del pueblo”.
Para Cameron, sin mayorías decisivas hay que gobernar de manera concertada y se necesita unacoalición para darle a su país el gobierno “fuerte, estable, bueno y decente que requieredramáticamente”.

Postula dejar de lado las diferencias entre los partidos, trabajar duramente en pro del biencomún y por el interés nacional, hacer política por amor al país. Asegura que los mejores díasestán por venir, le pide a su equipo creer profundamente en servir al pueblo, reconstruir laconfianza en el sistema, evitar los gastos suntuarios de la política, reformar el parlamento yasegurar que el pueblo sea quien controle y los políticos sus servidores, nunca sus amos.
¿Alcanza con palabras y buenas intenciones? Claro que no, aunque esta declaración inicial depropósitos de Cameron merece subrayarse: “Hay que ser honestos respecto de lo que el gobiernopuede lograr”.
“El cambio real no lo puede hacer sólo el gobierno por su cuenta, sino cuando todosempujan para el mismo lado, se unen y trabajan juntos, cuando ejercemos nuestras responsabilidadespara con nosotros, nuestras familias, nuestras comunidades y con los otros. Quiero ayudar aconstruir una sociedad más responsable aquí en Gran Bretaña, en la que no nos preguntemos sólo¿cuáles son mis derechos?, sino ¿cuáles son mis responsabilidades. Una sociedad en la que no nospreguntemos sólo ¿qué me deben?, sino ¿qué puedo ofrecer?”
Sin colapsos ni tragedias, con elegancia y practicidad, pero también con emoción y sentidocomún, cambiaron de gobierno y sin despedazarse. No llores por mí Argentina.

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