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Tiempo de Apocalipsis

Esperamos a fin de mes la visita de un amigo mexicano que va a quedarse a vivir en casa. Le escribo: “No traigas la influenza”. Me contesta que está en Lima y que no piensa volver a México hasta que no disminuya el riesgo. Agrega: “Más miedo me da el dengue”.

Tiempo de Apocalipsis
22-08-2026 | 15:02

Esperamos a fin de mes la visita de un amigo mexicano que va a quedarse a vivir en casa. Leescribo: “No traigas la influenza”. Me contesta que está en Lima y que no piensa volvera México hasta que no disminuya el riesgo. Agrega: “Más miedo me da el dengue”.
Le contesto: “Pero el dengue no es pandemia, apenas epidemia” (aunque se ofusquenlos dueños del poder en la Argentina). Postdata: “Y no te vuelvas a México, porque acá handecidido cancelar los vuelos”. Me responde: “Qué vergüenza”. Callo.
Qué extraños se han vuelto nuestros intercambios, organizados alrededor de los motivos másreconocibles de los programas de devastación. El Papa negro, las plagas, el derrumbe del sistemafinanciero, el fin del Estado y el eterno retorno del Milenio. Pareciera que todo el Folies-Bergèredel Apocalipsis de Juan de Patmos se nos vino encima.
¿Pero qué es el Apocalipsis sino una variable temporal? Los profetas judíos inventaron eldestino diferido, que ponía al pueblo (el único sujeto político posible) en situación de espera. Lonuevo del Apocalipsis (Deleuze decía) es que transforma la espera mediante una programación maníacasin precedentes: los siete sellos, las siete trompetas, los jinetes, la primera resurrección, elMilenio, la segunda resurrección, el Juicio Final bastan y sobran para colmar todas lasexpectativas y para mantenernos ocupados a nosotros, que esperamos. Las almas martirizadas tienenque esperar a que los mártires formen un número suficiente antes de que comience el verdaderoespectáculo. Alguien habrá dicho: para entretenerlos, armémosles un Festival de la Devastación.
La multiplicación de las figuritas de la catástrofe que intercambiamos por correo son índice,en todo caso, de que hay un tiempo diferido, un tiempo que resta, antes del final. Sólo se trata deaverigüar (es decir, de proponer) qué nos sucederá una vez que el fin de los tiempos nos alcance.Poner a jugar el Fin de la Historia y el Fin del Estado el uno en contra del otro para producir unaforma de vida, para garantizar la proliferación de lo viviente en contra de las fantasías deexterminio a las que se pretende que adhiramos.

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