•las dos campanas

Toda la verdad

Dicen que la distancia es el olvido, pero lo seguro es que la cercanía no supone el uso de la razón. Al menos eso es lo que permiten deducir los debates que en los últimos tiempos agitaron a la Argentina.

Toda la verdad
23-08-2026 | 19:04

Dicen que la distancia es el olvido, pero lo seguro es que la cercanía no supone el uso de larazón. Al menos eso es lo que permiten deducir los debates que en los últimos tiempos agitaron a laArgentina. Quizá, como cada gobierno alienta, consiente o directamente inventa al opositor que essu antítesis o su espejo, por acción u omisión el kirchnerismo ha dado vida y salud allilitocarrioísmo, y juntos devuelven a la sociedad la imagen de un sistema compuesto de certezasincontrastables. El esquema es fácil: ambos presumen de encarnar la verdad. Y como la verdad esobjeto de discurso, donde K. dice A, el otro (la otra) afirma su opuesto diciendo Z.

Este esquema, que sólo exaspera con sus matices locales la lógica oficialismo-oposición en elque transitan los países medianamente civilizados, en realidad no sirve sólo para elposicionamiento de las respectivas partes sino que puede aplicarse a casi la totalidad de losasuntos que complican a nuestros contemporáneos. El sistema de las dos campanas funciona porquecasi cualquier ser humano es capaz de creer a la vez en dos o más versiones de un mismo asunto.¿Existía el abogado del diablo en los tiempos de la Inquisición? No lo recuerdo, pero lo seguro esque los tribunales inquisitoriales, visiblemente influidos por el trotskismo, ya contaban con laverdad revelada antes de proceder al examen del asunto, y la sentencia resultaba un mero trámiteque prescindía un poco, eso sí, de cuidar la salud y la vida del acusado. Así operan en el Congresolos operadores del Gobierno y la oposición, despreocupados de meditar sobre la posible complejidadde los asuntos a tratar. Lo único que parece importar es el hecho de producir una afirmación quesuene definitiva. Es decir, zanjar cualquier cuestión impresionando la conciencia delpúblico-votante-lector-espectador con la ilusión de que la verdad ha sido dicha de una vez y parasiempre. El único inconveniente es que después de que habla uno sigue el otro.

En el fondo, aunque los hechos existan, el efecto de verdad se disipa ante la proliferación delos discursos, y ya no importa qué creencia tenga cada quien, porque ésta se convierte en fugaz ycambiante; en la proliferación, ya sólo hay versiones e interpretaciones. Así, tanto tendemos acreer que los de la Mesa de Enlace representan el campo profundo como que son una manga de avarosque se niegan a pagar impuestos, que la soja es el motor de la recuperación económica argentina yla causa de la destrucción de nuestras tierras, que la piquetera Milagro Sala es la jefa de loscamisas negras o pardas o collas de Néstor Benito Mussolini y/o que es Mahatma Gandhi ocupándose desus pares, nuestros hermanos, esos indios bolivianos o bolivarianos que nada tienen que ver connosotros que venimos de los barcos. Siguiendo con las certezas sucesivas y pasando a temasverdaderamente importantes, creemos que Maradona debería renunciar a la dirección técnica de laSelección y ganar el Mundial, disculparse por su uso impropio del lenguaje (que comparte concualquier conductora de radio matutina), que debería rodear a Messi o eyectarlo de la celeste yblanca. Los chinos dicen que la leche de vaca es veneno, argumento que se contrapone a los avisossalutíferos de las empresas lácteas. Sabemos que nuestros hijos deben educarse lejos de todasuperstición religiosa que llena sus blandas mentes de creencias terroríficas, al tiempo que notenemos dudas acerca de los consuelos que la religión brinda respecto de nuestro destino último. Endefinitiva, ¿qué duda cabe, ahora mismo, de que Dios es una construcción ficticia, que esahipóstasis de un padre terrible e infinitamente amoroso con sus criaturas no ha entregado pruebaalguna que permita inferir o constatar su sustancia? Ninguna, pero a la vez, ¿cómo no sentir frentea las riquezas del Universo la seguridad de su plan y la impotencia de nuestros medios cognitivosde acceder a su divina escala?
Por suerte, todavía no debemos decidirnos.

*Periodista y escritor.

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