•CRISIS ECONOMICA Y UNIVERSITARIA

Todos somos fondos de alto riesgo

Que la crisis que sacude las entrañas de la economía capitalista globalizada está lejos de haber terminado, es un punto de vista que se está extendiendo aun más allá del sector de los economistas a los que se suele llamar “heterodoxos”.

24-08-2026 | 13:07

Que la crisis que sacude las entrañas de la economía capitalista globalizada está lejos de haberterminado, es un punto de vista que se está extendiendo aun más allá del sector de los economistasa los que se suele llamar “heterodoxos” (entre los cuales, dicho sea de paso, secuentan algunos que anticiparon claramente el derrumbe). Este pronóstico pesimista pareceparticularmente justificado si se toma en cuenta que los actores económicos no parecen dispuestos amodificar sus comportamientos, que obedecen –según John Cassidy en un libro reciente– ala “irracionalidad racional”. La irracionalidad racional caracteriza una situación enla cual cada actor sólo hace lo que tiene perfecto sentido desde una perspectiva individual, perodonde el efecto combinado de cada uno actuando de esa manera produce un resultado que no tienesentido para nadie. ¿Por qué esos actores querrían cambiar el sistema?, se pregunta escépticamenteBenjamin Friedman en un artículo del último número de The New York Review. Durante años, los altosejecutivos ganaron muchísimo dinero y los accionistas pueden esperar ser salvados con gigantescasintervenciones de los fondos públicos primero, y con ajustes draconianos después, que acentuaránaún más la creciente brecha entre los pobres y los ricos. Si a Obama le ha costado una buena partede su popularidad la reforma del sistema de salud, que en su versión final es extremadamentemoderada, parece difícil contar con el coraje de las clases políticas para socavar la visión delmundo de los actores económicos, que han comprobado que cuando la famosa autorregulación delmercado no llega, son los gobiernos los que se encargan del rescate.

Pero la configuración ideológica del liberalismo ha ido contaminando, por caminos a veces másoscuros o menos evidentes, múltiples sectores de la sociedad, más allá de las institucioneseconómicas. Hay una dinámica afectiva propia de los procesos cognitivos y las ideas migran, seagrupan en racimos, se atraen o se repelen unas a otras, se interconectan o se encapsulan. Tomo unejemplo que me interesa particularmente, aunque está lejos de ser el único posible: no es casualque en el contexto de esta crisis económica global se empiece a hablar con insistencia de la crisisde las instituciones universitarias. Yo lo he hecho en esta columna en más de una oportunidad. Y noestán en juego universidades menores. El gran historiador Anthony Grafton ha declarado en unreciente artículo: “Las universidades británicas enfrentan una crisis de la mente y delespíritu. Los políticos conservadores y laboristas, los burócratas y los ‘managers’ hangolpeado durante treinta años contra los fundamentos de la vida académica. Si las políticas y lasprácticas no cambian, el daño será irremediable”. Alude a un documento del King’sCollege de Londres, donde se señala que la institución debe “crear actividad académicafinancieramente viable, desinvirtiendo en áreas que están en un nivel subcrítico sin perspectivasrealistas de inversión adicional”. Y Grafton comenta: “Las realidades que esta nube detinta esconde de manera imperfecta son exactamente tan repugnantes como usted lo puedeimaginar”. La dirección de Artes y Humanidades del King’s College ha informado a dosfilósofos y a un famoso paleógrafo, que sus puestos serán suprimidos cuando termine el presente añoacadémico. Hay ya una campaña mundial en Internet para que dicha decisión sea anulada.

En el citado artículo sobre la crisis, Benjamin Friedman comenta que “hace unos años miempleador, la universidad de Harvard, decidió convertirse en una universidad con un fondo decobertura de alto riesgo (hedge fund). O tal vez la idea consistía en ser un fondo de alto riesgocon una universidad. En cualquier caso, el proyecto terminó muy mal. Para parafrasear a Nixonhablando de los keynesianos, hoy todos somos fondos de alto riesgo”.

“Aunque sepamos desde hace mucho tiempo –ironizó en un blog hace unos días eleconomista francés Frédéric Lordon– que en alguna parte nos espera la hora de la verdad, eldía en que llega no es un día como cualquier otro.” Ese día va a ser un día especial, muchomás allá de la tribu de los economistas.


*Profesor plenario Universidad de San Andrés.

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