Medio suplemento se ha mudado a Berlín. No sé qué estará haciendo Kohan por acá, pero Link y yocoincidimos en un foro de discusión bicentenaria que organiza la Schaubühne bajo el título“Las tres Américas”. El título es una engañifa; querían señalar tres mundos en elcontinente, y se les antojaron así: invitaron obras del Canadá francófono, de Norteamérica (tantode EE.UU. como de México, que es América del Norte, para desazón de los diseñadores gráficos), y deSudamérica. Esta última, representada exclusivamente por la Argentina. Vaya confusión. Y vaya peso.Además de dos obras con las que me presento, hay una de Rodrigo García (argentino radicado enEspaña) y una de Constanza Macras (argentina radicada en Berlín). ¿Qué teatro argentinorepresentará involuntariamente este seleccionado tan sin tierra? Poco importa. Ese“nosotros” que se pone la camiseta cuando hay un Mundial o un Oscar es unafalsificación provisoria; el “nosotros” existe, tal vez, pero es más privado yerrático. Mi “nosotros” no se construye fronteras adentro, sino que es una suma deafinidades sin banderas.
Link deja algo claro: puede ser que las América geográficas sean tres, pero no son ésas. SonAmérica del Norte, América latina y –caray– el Río de la Plata, una entelequia sideraldistinta, cuyo imaginario biosférico no es de montaña ni de selva, sino de planicie empantanada,donde los habitantes originarios (nómades) no han construido ni un templo de piedra ni un lenguajede nudos que perdure en el junco trenzado.
Marcia Pally, representando también involuntariamente a los EE.UU., expone suculentas teoríassobre la identidad norteamericana. Habla de una nueva tradición imaginaria: en tiempos de guerra yde vergüenza, el buen american es aquel que logra renunciar a ser american; presenta el ejemplo quetiene más a mano: Avatar, esa película para niños que repite la fórmula tradicional del western enforma de embudo que desemboca en el duelo cuerpo a cuerpo del héroe contra el villano. (Apropósito, acabo de leer de una nueva patología psicoticoide. Muchas personas “sufrirían detraumas depresivos” luego de ver la película en 3D, ya que les duele entender que Pandora noexiste. Yo, que provengo de la Pampa anegada, sospecho más bien que la tal patología “bienpodría ser parte de una estrategia de venta del mismísimo producto Avatar”).
Link se disculpa por no haber venido preparado y no haber visto Avatar. Su hija le dijo que eratan mala que obligaban a la gente a verla en el IMAX; es decir: una experiencia que si no es en 3Dmás bien no sucede. A Link le enoja que (frente a la posibilidad de bajarse las películas gratis deInternet) quieran redirigir al público a los cines explotando la pura forma ya que nunca más loscontenidos, y se niega –dice– a apoyar con su entrada una industria decadente.Sorprende que hasta Naomi Klein refiera a semejante acontecimiento. Pero veamos de relativizar lascosas. La diferencia entre el Viejo Continente y el nuevo es sensata: en Europa la comunión de unasociedad que se representa a sí misma ocurre a través de la alta cultura (la ópera; el teatro, queen un 95% resucita a los clásicos; la música culta, que revive las viejas partituras antes queimaginar colectivamente lo que aún no ha sonado nunca), mientras que en América, ese pacto de un“nosotros” se sella en la cultura popular (en la contracultura): el trash, latelenovela, el cine de acción, los chimentos. Yo, que vivo sin querer a dos aguas, veo las ventajasde ambos pactos. Y sus desventajas. Mientras lucho por presentar decentemente Bizarra (unatelenovela teatral de 2003, escrita en 10 capítulos de teatro que cuentan la crisis financieraargentina en clave de folletín romántico), debo mostrar a los alemanes a cada rato mi coartada:¡ojo, que esto no es sólo sanata, sino que además es político! Las crisis de Grecia, Irlanda,España e Islandia hacen que Europa busque soluciones a sus problemas reales en las ficciones deotros, y Bizarra (un híbrido entre la grosería y el karma o, en palabras de un crítico berlinés, un“Brecht drogado con LSD”) parece abrir los sentidos. Es un orgullo, claro. Y un graveerror.
Bizarra tiene unas mil páginas, y la verdad es que casi todas las connotaciones se pierden en latraducción. Mi músico y yo nos agarramos la cabezota: mil páginas de denotación pura, sinconnotación que nos ampare. ¿Cómo se traduce “un medallón de Seineldín”, cómo “azarandear las garlopas”? ¿Qué se entenderá? Si sobrevivo al equívoco, se los cuento la semanaque viene. García y Macras, mientras tanto, hicieron capote.




