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Tres autores y un festival

24-08-2026 | 17:03

Pasa como con el cigarrillo: siempre me digo que esta será la última vez, que no lo volveré ahacer, y caigo de nuevo en la trampa. ¿Qué hacer cuando a uno lo invitan a coordinar una mesa sobreliteratura con tres autores que no conoce y que publicaron tres libros que uno no leyó? Decir queno, que gracias, que la próxima. O mejor: que primero leeremos los libros y recién despuésdecidiremos, de acuerdo al humor, las ganas y el resultado de esas lecturas. Pero uno vuelve adecir que sí, que está bien, que será esta la última vez, de verdad. Y ahí estamos, pocos díasantes del panel, robando tiempo a cualquier otra actividad para terminar de leer los tres libros, ybuscar información en Internet, y tratar de armar un cuestionario con alguna pregunta más o menosinteligente, sabiendo que la mayoría de las cosas que se digan se perderán o serán, más tarde,malinterpretadas y transcriptas con errores que generarán nuevos malentendidos. Los escritores, eneste caso, son el alemán Tilman Rammstedt (1975), el danés Peter Adolphsen (1972) y el belgaDimitri Verhulst (1972). Los libros, en el mismo orden: Nos quedamos cerca, Hotel Problemski yBrummstein/Machine. Dos novelas los primeros, dos nouvelles en un solo volumen el tercero. Larazón: el segundo Festival Internacional de Literatura en Buenos Aires (Filba), que empezó elmiércoles y termina hoy (www.filba.org.ar). Pero por suerte hay veces, pocas pero las hay, en quelos tres libros son buenos, y los tres autores son inteligentes y se comportan como verdaderosseres humanos.

Rammstedt, una estrella de la nueva literatura alemana (foto), es un tipo refinado que publicóuna novela acerca de un desopilante triángulo amoroso, y que además de escribir cultiva diversosintereses, entre ellos, participar en una banda de música pop. Verhulst, más parecido a un TomWaits o a un Johnny Cash belga, es el autor de una novela breve y dura con la que no sólo se burlade la supuesta corrección política de los reporteros gráficos y las organizaciones nogubernamentales, sino que denuncia el racismo y la intolerancia con los inmigrantes de países quese jactan de su extrema tolerancia, como Bélgica. Adolphsen es una especie de científico loco, quetambién hace música: sus dos breves novelas narran, a través del mismo procedimiento (una cataratade información que atraviesa las páginas a la velocidad de la luz), la historia de una piedra quepasa de mano en mano a lo largo de un siglo (la primera), y la de una gota de petróleo, desde queanida en el corazón de un caballo prehistórico 55 millones de años atrás hasta que es inyectada enel motor de un auto como combustible, en 1975 (la segunda).

Después de hablar de literatura, métodos de trabajo, música y fútbol (Verhulst quiere ir a lacancha a ver un partido, pero sólo le interesa la tribuna popular; Rammstedt consulta si existealgo así como una tribuna VIP) les pregunto si, a diferencia de lo que pasa en la Argentina, en suspaíses los escritores pueden vivir de la literatura. Adolpshen lo logró durante años a través deuna ayuda gubernamental, pero sólo hasta 2006; ahora trabaja por temporadas en el bar de unosamigos. Rammstedt dijo que en Alemania, si uno es joven y se mueven los resortes adecuados, haybecas muy generosas. Y Verhulst vive de sus libros desde 2006, aunque aclaró que es uno de lospocos de su país que puede hacerlo y eso le da un poco de pudor. Algo vuelve a quedar claro: laliteratura, como dicen del crimen (aunque de esto último no estoy tan seguro), no paga, ni acá nidel otro lado del Atlántico.

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