Tristeza

No me gusta nada lo que estoy viendo. Como periodista, fue una de las semanas más penosas que me tocaron vivir. Me duele ver a colegas a los que respeto tan condicionados.

Tristeza
23-08-2026 | 10:51

Código político. Hay nuevos códigos en la política argentina que se le escapan alGrupo Clarín. En la foto, el programa de TN sobre la Ley de Medios.



No me gusta nada lo que estoy viendo. Como periodista, fue una de las semanas más penosas que metocaron vivir. Me duele ver a colegas a los que respeto tan condicionados.

Durante la dictadura, no se podía contar los asesinatos. Era horrorosa esa cobardía pero laalternativa era la muerte.

Durante las más de dos décadas de democracia, muchos periodistas no pudieron denunciar actos decorrupción de los gobiernos de turno (en el momento que se producían y no años después, que sí sepuede) porque las empresas donde trabajaban recibían beneficios a cambio de silencios. Eraindigerible esa autocensura pero la alternativa era el despido.

Sin embargo, ahora, para no ser despedido ya no basta bancarse la omisión, sino que hay queatacar a quienes se oponen a los intereses del medio en que se trabaja. Y no fríamente, nicínicamente (como hace Aníbal Fernández, que defiende lo indefendible pero queda claro que no secree nada de lo que dice y ni siquiera pretende que los demás le crean), sino auténticamente, conla pasión de quien está convencido de que defiende principios. Eso es trabajo insalubre.

Hasta el enfrentamiento Kirchner-Clarín, estas prácticas (y aun peores) eran patrimonio demedios de poca trayectoria y mala fama. Ahora, pasaron a incorporarlas –aunque seaparcialmente– los grandes medios, autodegradándose tristemente.

Pena parecida a la situación que soportan algunos de mis colegas me la generaron varios miembrosde la oposición en el Congreso. Hace algunos años me tocó conducir las redacciones que comenzaronla revista Caras en tres países: Argentina, Brasil y Portugal. Recuerdo mi sorpresa porque en todasme encontraba con figuras cuyo único trabajo era aparecer en las revistas del corazón con undiscurso apropiado para esos medios y correctamente producido. Un papel parecido hicieron algunosdiputados que pasaban de programa en programa de TN o de nota en nota para los movilerosparlamentarios.

La mirada hacia quien se dirigía la temerosa actuación de algunos periodistas y legisladoresopositores en búsqueda de aprobación era la de una sola persona. En ambos casos, se trataba del CEOde Clarín, Héctor Magnetto, para muchos el hombre más poderoso de la Argentina, quien estáespecialmente sensible.

Por ejemplo, hasta su ingreso al Gobierno, María del Carmen Alarcón tenía un trato informativoprivilegiado en Clarín por su amistad con José Aranda, uno de los tres gerentes-accionistas de máspeso del Grupo. Pero desde que saltó a la vereda K, se terminó el buen trato y la furia clarinescatambién se abatió sobre ella. Alarcón llamó a su amigo Aranda y le pidió piedad y comprensión. Larespuesta que recibió fue categórica: “Te juro que yo no tengo nada que ver. Estas sonórdenes de Magnetto, que está desatado e implacable con todos aquellos que se acercan alkirchnerismo”.

Este episodio puntual, uno de tantísimos, refleja que algo profundo sucedió en el carácter deMagnetto, quien como gran político que siempre fue, sabía ceder en lo secundario para consolidar loprincipal, nunca llevaba las confrontaciones a un punto de no retorno y amenazaba para negociar,evitando la guerra más que produciéndola.

Con pragmatismo y paciencia de tiempista, Magnetto fue consiguiendo que cada gobierno cedieramansamente para retobarse recién cuando su poder ya no resultaba una amenaza. El Magnetto desiempre no hubiera dejado a Grondona irse con el contrato de la televisación de fútbol, ni que ungobierno llevara al Congreso una nueva Ley de Medios. Hubiera negociado y entregado lo que fueranecesario, como siempre hizo, para ser el ganador final de la partida.

Algo cambió en su estado de ánimo, probablemente relacionado con la enfermedad que padece. Dicenque cuando estuvo al borde de la muerte se irritó con Kirchner porque trató de aprovecharse de esemomento de debilidad personal, y no pudo recuperarse de la herida emocional como sí lo hizo enparte de la física.

El Magnetto de siempre habría negociado con Kirchner las concesiones que hubiesen sidonecesarias para aplacarlo hasta que su poder estuviera aún más debilitado, para allí sí fulminarlode un solo rayo.

Porque aunque logre que Néstor Kirchner dentro de dos años sea encarcelado por su injustificablefortuna, hacia allí apunta todos sus cañones, eso no sería un triunfo para el Magnetto de siempreporque en el camino habría perdido los derechos del fútbol, el monopolio del cable y–quizá– la mitad del capital de toda su empresa (en los últimos 20 días el valor deClarín en la Bolsa se redujo el 30%). El Magnetto de siempre hubiera contribuido, a su debidotiempo, al encarcelamiento de Kirchner sin tener que dejar pedazos del cuerpo del Grupo en el campode batalla.

Otro capital que Clarín se está consumiendo en este enfrentamiento (desde mi óptica personal, elmás valioso) es el capital simbólico. Lo material se puede reconstruir pero el prestigio, lacredibilidad y más aún la autoridad, una vez que se pierden, no se recuperan más.

Al igual que sucedía con la discriminación con publicidad oficial hasta que PERFIL instaló eltema, en el pasado sólo los políticos y los periodistas sabíamos que Clarín acomodaba su líneaeditorial en función de sus intereses comerciales. Kirchner ya logró infligirle al Grupo una seriaderrota al establecer en todos los ciudadanos que Clarín adecua su visión de la realidad a causasextraperiodísticas y extraideológicas.

Pero en lugar de responder con aplomo tratando de minimizar los daños, como corresponde a quienes y se debe sentir fuerte, el propio Clarín en su desesperación se está ocasionando aún másheridas al pasarse a una actitud opositora fanática, plagada de adjetivos y evidente hasta para elmás iletrado de los argentinos, después de haberse destacado durante años por un oficialismoinequívoco.

Está claro que Néstor Kirchner no quiere promover mayor libertad de prensa con la Ley de Mediosni le preocupa desmonopolizar y sumar diversidad, sino simplemente responder rencorosamente a latraición de Clarín al pacto que los unía y que tuvo como cenit el simbólico gesto, a modo de regalode despedida, de que el último decreto que Néstor Kirchner firmara como presidente, en diciembre de2007, fuera el que autorizó la fusión de Cablevisión con Multicanal.

El ciudadano común también se da cuenta de esa sed de revancha de Kirchner (ver encuesta enpáginas 12-13). Pero Clarín se comporta igual y, arrastrado por la lógica y el métodokirchneristas, responde vengativamente. Así, si Néstor Kirchner fuera a la tumba política, sepodría terminar llevando en su cajón a la mitad de Clarín con él.

La disputa por el control de la llegada a la audiencia une y enfrenta a empresas de comunicacióny políticos. En su libro El abandono del mundo, Samuel Cabanchik, con la experiencia teórica que leda su condición de académico (es director del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofíade la UBA) y la práctica por ser senador desde hace dos años (por la Coalición Cívica representandoa la Ciudad de Buenos Aires), reflexiona sobre que “hoy existir es ser actual, y esto sólo selogra participando de la imagen y del mercado. Ser es entrar como mensaje en el mercado de valoresque regulan los medios masivos de comunicación. Y, debido a que el código que orienta este mercadoes el de la imagen, la palabra se subordina a ella como un rumor que la comenta yduplica”.

En el programa Código político, de TN, quizás uno de los más representativos del sentir delGrupo porque sus conductores, Eduardo van der Kooy y Julio Blanck, son a la vez principalescolumnistas políticos del diario Clarín, el diputado oficialista que preside la Comisión deComunicación, el pampeano Manuel Baladrón, les aclaró que el debate no se reduce simplemente unaLey de Medios, sino sobre si la política (entendida también como relato) continuará subordinada alos medios o logrará imponerse sobre ellos.

De la misma forma que el kirchnerismo les disputó la economía a los economistas y logró que lapolítica se impusiera a los técnicos, ahora les reclama la comunicación a los comunicadores. Sincomprender la diferencia entre acto y representación, algunos sujetos noticiosos de la políticareclaman derechos de autor sobre las noticias.

Néstor Kirchner tiene preocupaciones más concretas y materiales en su mente, como aprovechar adejar posicionados a amigos y dependientes en muchos de los nuevos medios que pasarían de manos, oa crearse, de aprobarse la nueva ley. Pero para no pocos legisladores, doblarle el brazo a Clarínes una especie de Guerra Santa donde el honor “ultrajado” de los políticos debe serrestituido. Para el diputado oficialista Héctor Recalde, “tres leyes son el eje del mal: lade Entidades Financieras, la de Contrato de Trabajo y la de Radiodifusión, las tres de ladictadura”.

Sobre la rebelión ante esa idea de reducción al servilismo que los medios habrían impuesto a lospolíticos, trabaja el oficialismo tanto sobre los legisladores propios y aliados, generandoespíritu de cuerpo, como psicopateando a los indecisos y agrediendo a los de la oposición, aquienes insulta con sólo decir “la diputada Clarín”. Esa rebeldía es patrimonio de loslegisladores por el Gobierno mientras que los “sumisos” son los diputados que recorrenlos programas de TN. De algo abusó Clarín para que el sólo defender sus intereses sea un insulto yconstruir esa vulnerabilidad moral (ver reportaje a Jorge Rendo en página 18, el sindicado como“disciplinador de legisladores y jueces” por el oficialismo). Y de algo abusa hoysiendo despiadado con los del Gobierno y acrítico con los que se oponen a él.

Lo mismo sucedería con sus periodistas si se permitieran mayor disenso (como hace Nelson Castro,que desde TN sostiene que hace falta una nueva ley): si en lugar de ser obvio y encolumnar a todossus periodistas como si fueran soldados de un ejército, se permitiera más voces disonantes, ganaríaen credibilidad y autoridad moral para discutirle a un Kirchner que carece totalmente de eseatributo.

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