•una historia de divisiones

Un brindis por un país distinto

Los festejos del Bicentenario movilizaron a mucha gente que acudió a los espectáculos, despertaron entusiasmo, a no pocas personas las conmovieron. Para no perder el sello distintivo del país que está cumpliendo dos siglos, los actos protocolares estuvieron también teñidos de la conflictividad pequeña, de la característica incapacidad de la dirigencia política para superar rencillas circunstanciales.

Un brindis por un país distinto
24-08-2026 | 13:25

Los festejos del Bicentenario movilizaron a mucha gente que acudió a los espectáculos,despertaron entusiasmo, a no pocas personas las conmovieron. Para no perder el sello distintivo delpaís que está cumpliendo dos siglos, los actos protocolares estuvieron también teñidos de laconflictividad pequeña, de la característica incapacidad de la dirigencia política para superarrencillas circunstanciales. En el espíritu de la inmensa mayoría de esas personas había un móvil,una voluntad de celebrar algo que en el habla cotidiana se llama “patria”, un deseo demanifestar la identificación con un todo por encima de las múltiples divisiones que nadie deja dereconocer al interior de ese todo. Las encuestas de opinión marcan, en otro plano, ese hecho: unaopinión pública que demanda mayoritariamente diálogo, consenso y cooperación, una dirigencia que nopuede encontrar una fórmula para lograrlo. Así nació nuestro país hace doscientos años: a larevolución le sucedieron luchas, guerras internas y divisiones incesantes.

Pero eso no es seguramente lo decisivo en el significado de este Bicentenario. Se trata, claro,de un aniversario; se celebra el segundo centenario de la proclamación de la libertad delVirreinato del Río de la Plata, la conformación del primer gobierno criollo. Es, propiamente dicho,el día del nacimiento del país. En los cumpleaños, cada ser humano suele repasar los hechos de suvida y, además, cada uno suele brindar con otros, soplar velas, recibir regalos y felicitaciones.Aquí se celebró algo similar, dos siglos de un hecho que todas las naciones de América latinareconocen como un momento fundacional.

También es cierto que, a partir de aquel día del que se cumplen ahora doscientos años, costómucho, muchísimo, que esto que es hoy la Argentina acabase identificándose a sí misma como un paísúnico con un proyecto común, con una identidad definida. Pero, finalmente, hace unos cientocincuenta años, el anhelo de los protagonistas de aquel 25 de mayo se vio materializado. Seorganizó un país, plagado de virtudes y de defectos, y ese país no solamente se organizó, ademásfue capaz de crecer económicamente, de atraer inversiones y acoger y generar espíritu emprendedor,y de convertirse en una tierra abierta a millones de personas provenientes de otros lugares delmundo. Y, a la vez, a ese país le costó adquirir una identidad suficientemente amalgamada.
Lo cierto es que hay mucho para celebrar y también hay mucho para reflexionar. La Argentinadel Bicentenario, como cuerpo político y como organización social y productiva, no es modelo denada, aunque por sobrados motivos sea celebrada por los otros y se celebre a sí misma. Es unanación que declina desde hace más de medio siglo en casi todos los indicadores concebibles, en loeconómico, en lo social, en lo educativo. Está muy bien celebrar dos siglos de vida. Pero, al mismotiempo, en ese plano no hay mucho lugar para el regocijo. Seriamente considerado, el Bicentenariodebería ser aprovechado como un momento para la reflexión constructiva.

Hay lugar para un brindis genuino, como el que compartieron miles de personas en las calles yjefes de naciones hermanas en las ceremonias. El brindis debería ser por un futuro distinto, locual conlleva un compromiso para actuar de otra manera. El brindis por un país distinto, el llamadoal compromiso, debería ante todo ser compartido con los dirigentes de la vida pública del país,quienes tienen en sus manos proponer a la sociedad enfoques y estrategias conducentes, quienesdeberían buscar afanosamente consensos básicos, quienes deberían sentirse imbuidos de algún mandatode sus dirigidos.

Hay también razones para un brindis menos autocrítico. Porque en este país que, como conjunto,declina, algo extraordinario sucede al mismo tiempo, algo que despierta en nosotros, losargentinos, un orgullo de pertenecer –aunque no podamos definir demasiado bien qué es esto alo que pertenecemos–. Algo que produce una calidad de la vida cotidiana apreciada tanto porlos argentinos como por los extranjeros, una capacidad de enfrentar los problemas y superarlos, unamanera argentina de sobrellevar la vida que agrega un valor para contrabalancear a la maneraargentina de destruir colectivamente las potencialidades del país. Deberíamos celebrar, entonces,también el Bicentenario de un país que se construyó espontáneamente, mediante la agregación delesfuerzo, la creatividad, el espíritu emprendedor, el trabajo y las costumbres de los millones deseres humanos que formaron y formamos parte de él a lo largo de sus dos siglos de vida.
Seguramente también por eso, muchos deben haber brindado el 25 de mayo.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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