La Cámara de Diputados mostró recientemente cómo un acuerdo apartidario entre las fuerzas de laoposición plasmó en la realidad el mensaje que dejó el resultado electoral del 28 de junio. Cabeahora preguntarnos cuáles y cuán profundos pueden ser los cambios que la nueva integración puedeproducir en el seno del Congreso Nacional.
Posiblemente el mayor y más importante desafío que asume la renovación legislativa searestablecer un funcionamiento normal y democrático en ambas Cámaras.
Normal, según el diccionario de la Real Academia Española, es algo que, por su naturaleza,forma o magnitud, se ajusta a ciertas normas fijadas de antemano. El trabajo legislativo debeajustarse a reglas establecidas por la Constitución Nacional, a disposiciones de leyes específicasy principalmente a su reglamento interno. Sin embargo, en los últimos años, no se han respetadosiempre estas normas, se han violado reglas tradicionales de respeto a la libertad de decisión y alacceso a la información y, sobretodo, se han forzado permanentemente los tiempos parlamentariospara lograr tratamientos “express” de leyes enviadas por el Poder Ejecutivo. La únicaregla ha sido imponer el número como única forma de aprobar nuevas leyes y modificar lasexistentes.
Muchos fuimos testigos de las irregularidades en el tratamiento y aprobación de proyectos degran importancia como: la estatización de las AFJP, los superpoderes, Aerolíneas Argentinas y laLey de Medios Audiovisuales, entre otros.
¿Cómo salimos entonces de esta situación? ¿Cómo debemos construir el próximo Congreso pararevertir estos años disfuncionales? Fundamentalmente, a través de la vuelta a la institucionalidad,a un funcionamiento predecible, sujeto a reglas que permitan construir acuerdos legítimos yhonrarlos. La salida es volver a transitar la senda de la democracia interna, fomentar el diálogogenuino entre los actores parlamentarios e incluir en el proceso de formación de la decisiónlegislativa a los ciudadanos y organizaciones de la sociedad civil.
Las Cámaras deben recomponer el funcionamiento de sus comisiones y generar procesosinstitucionales que permitan recibir y considerar las peticiones, reclamos y sugerencias ciudadanas(consultas, audiencias públicas, elaboración participada de proyectos en común con los sectoressociales interesados).
Debemos, entre todos, conformar acuerdos sólidos y pasibles de ser respetados, planificar unaagenda de temas legislativos priorizados cuyo tratamiento ordenado y preferente contribuya areconstruir la paz interna y a brindar soluciones concretas a temas como la pobreza y el abandonopor parte del Gobierno de cuestiones centrales de salud y educación de la población en general.
Internamente, no me quedan dudas de que el proceso debe iniciarse con la designación deautoridades y una integración de comisiones que respete en su composición el resultado de laselecciones del 28 de junio. Debe continuarse con el acuerdo de los bloques sobre una agendapreferente y poner énfasis en restaurar el funcionamiento tradicional de las comisiones internas.
Hacia la sociedad, el mensaje de apertura y participación debe incluir la sanción de una leyde acceso a la información pública, el diseño de una política de comunicación institucional seria,el cumplimiento acabado de la ley de ética pública y la publicidad absoluta de las reunionesplenarias y de comisiones.
Los valores de este nuevo Congreso deben ser el respeto mutuo, el libre acceso a lainformación, el acatamiento insoslayable del derecho constitucional de petición a las autoridades,el debate libre no sujeto a extorsiones o amenazas, la participación ciudadana y el respeto anormas de procedimiento que aseguren transparencia en la toma de decisiones y una mínimaprevisibilidad en los procedimientos. Todo ello indispensable para la creación del derecho.
El funcionamiento normal y democrático de un órgano legislativo debe contribuir, no sólo a latoma de decisiones políticas de calidad, sino a facilitar el control de los actos de gobierno.
*Diputada nacional (PRO).




