•La guerrilla de los 70

Un debate todavía incompleto

La idealización de la práctica política de los años 70 congela la memoria, la ocluye, cierra, no permite el procesamiento, lo obstruye”, dice Pilar Calveiro, ex desaparecida, cautiva en la ESMA durante casi dos años.

22-08-2026 | 07:00

La idealización de la práctica política de los años 70 congela la memoria, la ocluye, cierra, nopermite el procesamiento, lo obstruye”, dice Pilar Calveiro, ex desaparecida, cautiva en laESMA durante casi dos años.

Sus reflexiones penetran profundamente en un debate que la revista Lucha Armada en la Argentinaintentó alentar en las filas de ex militantes de los grupos armados que en los años setenta selanzaron a la lucha política con una estrategia que incluía el uso de la violencia.

El golpe de Estado de Onganía fue el que sirvió en bandeja la propuesta de que había llegado lahora de las armas. Si luego de cada elección en que se votaba a un presidente los militares desoíanla voz de las urnas y se adueñaban del poder mediante la fuerza, qué impedía a los ciudadanosarmarse e intentar tomar ese mismo poder pero con un proyecto revolucionario de justiciasocial.

Un buen número de universitarios, psicoanalistas, periodistas, abogados, médicos y miembros delas más disímiles profesiones se enrolaron en grupos armados y se convirtieron en combatientes.

Y la sociedad, fatigada de uniformes y desfiles, los observó con simpatía: el pez en el agua,hubiera dicho Mao Tse Tung. En pocos meses las organizaciones guerrilleras ganaron un espacio quetransformó a la izquierda, ignorada hasta entonces, en un actor político de gran envergadura.Efímera ilusión: su derrota política y militar fue estrepitosa. Y sangrienta.

Con la recuperación de la democracia y el castigo a los principales responsables de los crímenesde Estado, surgió una polémica inevitable: ¿los guerrilleros eran demonios subvencionados porpotencias extranjeras o jóvenes idealistas que lucharon por un futuro mejor?

La discusión se oscureció porque con tantos miles de muertos no es sencillo tomar distancia.

Hoy, al cabo de 40 años del surgimiento de los grupos armados, una legión de jóvenes–historiadores, antropólogos, sociólogos– intenta abordar ese pasado con una miradadesprovista de pasiones.

Cuando en 2004, con Israel Lotersztain y Gabriel Rot, publicamos el primer número de la revista,dijimos que era necesario asumir los actos del pasado desde una conciencia crítica que rescataratodo lo bueno y lo malo para evitar la autocomplacencia o la denigración, la épica o lademonización. Alentamos a los protagonistas de entonces a no temer abrir los recuerdos y reconocerlos errores.

Creemos haber cumplido el objetivo propuesto, a pesar de que encontramos, en muchos casos, unaescasa disposición para polemizar algunos temas.

Entrevistamos a ex guerrilleros que pasaron por la cárcel, por campos de concentración, por latortura y el exilio. Pero que, sobre todo, pasaron la edad de sesenta años y pueden mirar el pasadocon ojos más sabios, con la experiencia del veterano que observa sus propias acciones en el espejodel tiempo. Ni “ángeles” ni “demonios”. Fueron civiles que se alzaron enarmas para pelear contra una dictadura pero que no supieron escuchar la voz de la sociedad que en1973 fue convocada a las urnas y acudió masivamente esperando poner fin a la violencia. Fueronguerrilleros que persiguieron objetivos políticos inobjetables, como la justicia social, pero quepara alcanzarlos desdeñaron valores éticos esenciales. Cuando la política se dirime con las armas,los que triunfan en las organizaciones son los que mejor saben manejarlas, los más temerarios.

Pasar de la simpatía inicial al rechazo popular, de los cantos heroicos a la triste certidumbrede la derrota, llevó apenas ocho años. Lapso insignificante en la historia que dejó,paradójicamente, una cicatriz que atraviesa a más de una generación.

A pesar de la gran recepción que tuvo la revista (de mil ejemplares en el primer número a tresmil en el último), el debate de las armas todavía está incompleto; porque aún hay algunas vocesrenuentes a enfrentar el pasado. Los once números publicados a lo largo de cuatro años abrieron undebate que no está clausurado y que nos proponemos continuar porque ésa es la única manera derecuperar una historia que no debe estar teñida por discursos heroicos o denigratorios.

Nadie mejor que Héctor Schmucler para sintetizarlo: “La memoria no es un problema de sabercosas sino de pensar desde ciertos valores”.


*Codirector de la revista Lucha Armada.

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