•perdida competitiva

¿Un dólar casi fijo?

Al presentar el proyecto de presupuesto para 2010, el ministro de Economía aludió a la cuestión cambiaria. Señaló al respecto valores referenciales: un dólar de $ 3,95 para 2010 y otro de $ 4,15 para 2011.

23-08-2026 | 13:45

Al presentar el proyecto de presupuesto para 2010, el ministro de Economía aludió a la cuestióncambiaria. Señaló al respecto valores referenciales: un dólar de $ 3,95 para 2010 y otro de $ 4,15para 2011.
No es del todo clara la significación que poseen las remisiones numéricas del presupuesto adiversas variables de orden macroeconómico como, por ejemplo, la de inflación, la cambiaria y ladel propio PBI.
¿Son estimaciones, compromisos, orientaciones de política o guías para los operadores?
El estatus luce más evidente respecto de los gastos presupuestados: serían autorizaciones agastar que –se presume– serán ejercidas por el Estado (por supuesto, también hay uncálculo de recursos).
Asumiendo las referencias cambiarias, se advierte que con relación al valor actual del dólar,de algo más de $ 3,80, tendríamos –claro que se habla de promedios– una actualizacióndel 2% de cara a 2010, más una proporción algo mayor para 2011 (sobre el nivel anterior).
Traducción: atisba con el dólar un régimen cambiario reptante, inherente a un cuasi peg–o sea, un cambio casi fijo–, que recuerda al aplicado por Redrado tiempo atrás, por unlapso extendido.
El tema lanza severas implicancias en diversos frentes, comenzando por la perspectivacompetitiva.
Esto repercute en materia de actividad, de empleo y de desempeño fiscal. Si atendemos a laserie del llamado tipo de cambio real multilateral –TCRM–, que cultiva el BancoCentral, y partiéramos de fines de 2001 hasta hoy, estaríamos en el pico de competitividad. Unaplétora competitiva.
Por nuestro lado, consideramos poco representativo al TCRM.
Bajo la excusa que refleja una canasta de monedas, pese a la gran densidad contractual endólares de nuestro comercio exterior, el dólar sólo detenta una escuálida ponderación en esacanasta del 12%.
El real brasileño, a su vez, la triplica, aun cuando con Brasil existen vinculaciones queacotan la gravitación del tipo de cambio.
Asimismo, como señala Frenkel, la medición del Banco Central emplea como deflactor interno elíndice de precios minoristas del INDEC. Algo poco recomendable, dado el déficit de credibilidad deese índice.
Sería preferible, por ejemplo, el uso de los salarios, que traducen mejor la inflaciónefectiva.
Por ende, nos parece que esa plétora competitiva es, en gran parte, un espejismo.
Con el ajuste del dólar que terminó imponiéndose a finales de 2008 y a inicios de este año,la pérdida de paridad competitiva respecto del nivel propicio al crecimiento sustentable se redujodel 40% –mediados de 2008– al 25%.
Por todo esto, en el tema cambiario, la señal presupuestaria luce controversial y dará quehablar. Máxime, cuando el notable éxito de la estrategia de 2003-2007 tuvo como eje el cambiocompetitivo.
Desde ya, también pesará en el asunto el registro –efectivo y creíble– de lainflación de 2010.
Supongamos que se cumple sin suspicacias la referencia del 6/8 por ciento. Como la alusión alos $ 3,95 por dólar es un promedio, esto podría suponer un valor tal de la divisa a fines de 2010que implicara, para ese momento, un ajuste “punta a punta” de alrededor del 7%. ¡Seríacomo un crawl cambiario! Y no se perdería más competitividad (habría que ver qué pasa con lossalarios). Con una inflación concreta superior, se acentuaría el retraso cambiario.
No se nos escapa que enfrentamos un sinfín de divagues. Este artículo no es ajeno a ello.
Ocurre que con relación a los guarismos de variables claves como el tipo de cambio y lainflación, no sabemos bien si se trata de estimaciones, hipótesis u objetivos de política.
Y si es esto último, cómo se los consigue en realidad.
Pero sí cabe afirmar que cuanto más se apoye el núcleo estratégico en la opción delapalancamiento financiero externo, tanto mayor será en lo inmediato –por lógica– latentación de contar con un dólar fijo o algo similar.
Lo que daría respuesta en algunos frentes, pero dejaría serios cabos sueltos en otros.
Por todo lo que implica, esta disyuntiva promete ser el “tema de los temas”.

*Economista.

También en Perfil