Un equipo que entusiasma a una sociedad envejecida

24-08-2026 | 14:42

Los alemanes son tan fanáticos del fútbol como nosotros. Por eso el partido de hoy genera tantaansiedad y expectativa como acá, sumado a que allá es verano, como en aquel por ellos recordado ypor nosotros maldecido 2006, del que incluso se hizo una película (Alemania: Un cuento de hadas deverano, versión teutona de Héroes, pero con los protagonistas terminando en el tercer puesto). Ysumado también a que vienen de ganar el Eurovisión, algo así como el Festival de la Canción de Viñadel Mar, quizá hasta un poco más sórdido y deprimente, pero que los alemanes festejaron como unmundial, luego de que les fuera esquivo durante décadas.

Casi ningún alemán creía seriamente en el equipo antes de que empezara el campeonato, pero desdeentonces todas las dudas se fueron despejando, incluso la de que pueden recuperarse tras unarecaída (nosotros todavía no lo sabemos, lo cual es bueno, siempre y cuando no nos toqueaveriguarlo hoy en el segundo tiempo). Con su estilo canchero y relajado, más italiano o francésque alemán, Jürgen “Jogi” Löw armó un equipo juvenil que logró ir entusiasmando a unasociedad tradicionalista y envejecida.
Lo ayudó, como a Diego la ausencia de Riquelme, la lesión de Ballack, ese jugador más bienmediocre que antes del amistoso de marzo dijo que los argentinos eran unos pícaros para luegoproceder a romperle la cara a Demichelis de un rodillazo (por supuesto que sin querer, cómo lepegás si no con la rodilla a la altura del ojo a un tipo que mide casi lo mismo que vos). Esodescentralizó el juego y le dio más libertad a los auténticos talentos, como Lahm y Özil o elsorprendente Müller.
De todas formas ya se encargaron de reemplazar al bocazas de Ballack, ahora conSchweinsteiger (la primera parte del apellido significa “cerdo”, así que la segundaestá de más). Lahm y Löw salieron al cruce, pero la terminaron embarrando todavía más (al estilo“yo tengo un amigo judío...”). Meten púa con la excusa de que el teatro es patrimonio“gaucho” (la palabra les encanta), y amparados en el prejuicio igual de falaz de queellos son puntuales y rectos, aunque después protestan y fingen como cualquier jugador de fútbol.Hazle fama al otro y échate, así le ponen amarilla.

¿Estarán realmente nerviosos? Un poco puede ser, si bien tras la goleada a Inglaterra llegan conel ánimo tan en alza como nosotros en baja tras la efectiva aunque no tan convincente actuacióncontra México. De ahí que se vean banderas alemanas por todos lados, un elemento nacionalista másbien tabú desde el fin de la Guerra, y al que los mismos alemanes bienpensantes miran con pococariño. Pocas insignias patrias me provocan tanto rechazo, y sin embargo me gusta verlos pintarsela cara de los colores de su remera y escucharlos gritar ese himno de historia tan oscura. No sé siexiste un nacionalismo sano, pero intuyo que de la represión constante del nacionalismo deportivono puede surgir nada bueno.
Todo lo cual no quita que quiera que pierdan, amargamente como Brasil de ser posible. Seríauna venganza simétrica a la que nos proporcionaron en el ’90, si son tan estructurados comodicen deberían ser los primeros en aceptarlo. El problema es que Low viene rompiendo lasestructuras casi tan sistemáticamente como Maradona. En general estos dos entrenadores que parecentan distintos han formado equipos bastante parecidos, o en todo caso igual de ofensivos. Gane quiengane, al quedarse sin uno de ellos tan temprano el que más perderá será sin dudas el Mundial. Peroqué poco nos va a importar si los que seguimos somos nosotros.

*Escritor argentino. Vivió seis años en Alemania.

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