•la relacion entre los k y clarin

Un grotesco dramático

Se olvidan por estos días, las jornadas amigables del Gobierno y el grupo económico. Lo que los sectores en pugna ocultan.

24-08-2026 | 16:43

Tal vez no se equivocó el Gobierno al anticipar, antes del martes pasado, que habría un antes yun después. Pensó en un después glorioso, pero no se comió el chancho y tampoco lo cazó. Ese día D,con exagerada pompa y la estética habitual de los viejos actos de Río Gallegos cuando inaugurabanuna obra por segunda o tercera vez (la claque, frases como “jornada fundacional” o“a partir de ahora”), la Presidenta se remitió a un repertorio de palabras graves yreservó las acciones a otra autoridad, la Justicia y el Congreso. Afortunada prudencia. A pesar delos vaticinios, Cristina se abstuvo de cierto castigo –“puedo hacerlo, perono...”– y hasta guardó con las lucubraciones sancionatorias un CD conmemorativo de lamalicia de Clarín en Papel Prensa (valdría la pena conocer su propicio destino). Así concluyó partedel ostentoso operativo sobre Papel Prensa y, más precisamente, contra Héctor Magnetto, de Clarín.Una chispita en lugar del desembarco en Normandía.

Devaluación literaria que, por expectativas defraudadas, quizás afectó el contenido del mensaje,con 90% de verdad sobre la administración de la empresa papelera –anomalías históricas quepodrían o debieron haber incurrido en administración fraudulenta, figura que caduca a los seisaños– y l0% imaginario sobre el origen y las formas de la compra, que además de enlodar asocios de Clarín (La Nación y la ex La Razón) en un delito imprescriptible por haber arrebatado lasacciones de la compañía bajo tortura en tiempos de los militares, 34 años atrás. Era too much, comogusta decir la mandataria cada vez que regresa de los Estados Unidos. Si se pretendía intervenir PPy que Magnetto & Cía. fueran a prisión con un bolsito, ese propósito se desmoronó antes deempezar la alocución: el armado de la causa era insolvente, improvisado, sobraban testimonios en sucontra, divergencias no ignoradas de la propia familia Graiver, entuertos entre la madre y supropia hija. Por perseguir lo imposible, ahora hasta naufraga lo posible. Demasiadovoluntarismo.

Si bien todos mienten –sobre todo al decir que defienden la libertad de prensa, cuandosólo se trata de poder y de dinero–, el error del Gobierno ha sido no registrar que la añosatransferencia de Papel Prensa quizá constituya, en verdad, un antecedente embrionario y forzado del“capitalismo de amigos” (La Razón, por ejemplo, ¿no recibía dictados del Comando enJefe del Ejército?, y como exhibición de su obediencia titulaba que el país estaba en orden porquegracias a la Junta Militar los ómnibus estacionaban pegados al cordón de la vereda). El mismo“capitalismo de amigos” que hoy les imputan a los Kirchner en una aplicación máselaborada y con repetidas evidencias. Non sancta esta metodología para agrandar los bolsillos, perodistante del crimen en la mesa de tortura, de la lesa humanidad.

Era obvio este final antes de empezar el mensaje, la falta de galladura del argumento; pero noiban a desandar la marcha, apenas cambiar la dirección: en el Gobierno prevalece la lógica de latendencia absolutista que necesita, para no debilitarse, adversarios a perseguir, sean judíos,leprosos, brujos, herejes o empresarios periodísticos (del mismo modo que algunas empresasperiodísticas emplean un sistema semejante). Ya escribió al respecto el historiador inglés RobertI. Moore. Otro adicional para la causa novelesca: el matrimonio entiende –y ella loconfesó– que Magnetto, por expansión desmedida y dominante en el mundo de las comunicaciones,se transformó en un peligroso partido político a destruir para no perder en 2011, o un poder adisminuir hasta el esqueleto para que no ejerza venganza si les toca perder en esa fecha.

Continuará el revuelo político con periódicos misterios en que la verdad muta según declara Juano Pedro, aparece el secreto de Isidoro o la revelación de Lidia. Sólo falta que hablen con acentomexicano. Eso sí, según el canal, la trama es diferente. Demasiada frivolidad para una historiadolorosa, con despojos incontrastables, con víctimas, devenida en una casquivana porfía políticaque busca rating disputándose –como si fuera trascendente– determinadas presencias,empresarios o embajadores, para retratarlos en una fotografía adicta, algo así como el anuario deGente. Pugna en la que triunfó Magnetto (ahora interesado en esas instantáneas) sobre la fracasadagestión de Julio De Vido (un preferido de última hora en el entorno de la dama cuando, al asumir,ella lo quiso despedir).

Si hasta se involucró en la jugada al gobierno Obama, el que a pesar de su agradecimiento a lareiterada hostilidad de los Kirchner contra Irán, por medio de Arturo Valenzuela le habríaadvertido a Héctor Timerman –de súbito viaje a Washington– la conveniencia de que elGobierno bajara el tono de sus anunciadas medidas contra Magnetto & Cía. (justo y curioso esrecordar que el cargo de Valenzuela, cuando se hizo la controversial transferencia de Papel Prensaa la tríada de diarios, era ocupado entonces por Terence Todman junto a Patricia Derian, encargadosde la división derechos humanos de James Carter, quienes tanto irritaron a los militares cuandorecogieron testimonios sobre las desapariciones). Para completar esta volubilidad general, latelenovela, resta aún la afinación de la sintonía cuando aparezcan, en los próximos días, lasencuestas que atiborren a la sociedad con interpretaciones relativas al antes y después oficial.Los dos poderosos contendientes se afanarán para revelar números favorables o esconder loscríticos, como si fuera importante esa fugaz opinión. Tanta es la pérdida de tiempo en que incurreel país.
Mientras, en el granel, hay preguntas y perlas a saldar. Algunas al azar:

Si Magnetto & Cía. eran cómplices de los genocidas militares, ¿cómo los Kirchnercompartieron tantas veces con él, durante más de cinco años, los tomatitos cherry –lo menorde esas tertulias– que le gusta comer a Cristina?

¿Se puede alegar, como dice ahora graciosamente Alberto Fernández, que no habían escuchado nadaal respecto? ¿Lo mismo dirán Dovena y los Mazzon?

Aludió la Presidenta a una sindicación de privados como si fuera una novedad criminal, undescubrimiento de sus investigadores, cuando esa práctica común en el derecho comercial ya habíasido denunciada por José Pirillo, de La Razón, cuando perdió sus acciones en el diario. Pareció unaafrenta a quien estaba en el acto de Cristina.

Julio Ramos –a quien en el acto se honró por las denuncias que vertió en sus libros sobreel manejo arbitrario de Papel Prensa por parte de los tres privados contra medios independientes enla venta de papel– les había advertido a los Kirchner, ya hace muchos años y en variasocasiones, sobre los procedimientos de Clarín con el papel. Y no sólo con el papel. En Buenos Airesy en Santa Cruz. Pero tanto al ex mandatario como a su esposa les debieron parecer una quijotadaesas denuncias. Ni siquiera registraron que esos planteos, Ramos hasta los había llevado a la SIP.Más bien fisgoneaban a espaldas sobre las excéntricas actitudes de ese personaje quizácervantino.

De la carta de Isidoro Graiver se desprende que la mayoría del diario La Opinión pertenecía asu hermano muerto, David, por lo tanto a su única hija. ¿Esa mayoría también fue apropiada en sumomento, antes de la intervención de los militares? Tal vez no queden rastros, sí indemnizaciones.No \es la campana opositora sólo de Isidoro; también, entonces, reclamaba lo mismo –para suhermana y sobrina– Osvaldo Papaleo, quien estuvo sentado al lado de Néstor en el acto. Unintríngulis a develar.

Dos episodios sugerentes: la mención de Cristina a Carlos Menem, quien no figuraba en elvocabulario de los Kirchner, y el olvido explícito de señalar a Guillermo Moreno como motor de lainvestigación. También ella incurrió en otro detalle: puntualizó que Edgardo Sajón fue funcionariodel general Lanusse, quien dibujó a su modo la llamada “masacre de Trelew”, pero omitiódecir que Sajón fue un desaparecido del régimen militar por ser colaborador y hasta eventual sociode Jacobo Timerman. Todo por la causa Graiver.

Paradójica, al menos, la presencia anti Clarín de quien siempre, en la alfombra roja de Menem ode los Kirchner, se enorgulleció de sus vinculaciones con el grupo: Osvaldo Cornide. O de dosempresarios que, a pie juntillas, acompañaron con brío casi todas las actuaciones del gobierno deJorge Rafael Videla y, en especial, de José Alfredo Martínez de Hoz, cuando se realizó lasospechosa transferencia. Mejor no hacer nombres en honor a las brujas de Salem, ni señalar que elprimo del ex ministro, Martínez Segovia, era presidente de Papel Prensa de Graiver.

También resulta extraño que un funcionario pegado a Antonio Cafiero sea quien llevará lasindagatorias contra el Grupo Clarín, producto del mismo gobierno bonaerense que en su momentofavoreció a Papel Prensa y cuyos dilectos amigos, de Manzano a Bauzá, de los Menem a GranilloOcampo, opinaron a favor de cederle Canal l3 al hegemónico Magnetto. Ni hablar de la presencia delegisladores que echaron al juez que, en su momento, se había atrevido –seguramente enexceso– a encarcelar a la señora de Noble. Ahora aplauden para que vuelva el juez queexpulsaron.

La lista de acomodaticios es interminable, el entendimiento dificultoso, el oscuro novelón deGraiver parece construido por más de un autor y requiere de mentes especiales para su comprensión.Basta recordar que el empresario fue un pícaro financista que mercadeaba con los ingresos de lossecuestros de Montoneros –incluyendo el que pagó él mismo por su familia–, también condinero seguramente no declarado en la entonces DGI de sindicalistas, políticos, militares, obispos,funcionarios, artistas, intelectuales, de derecha o de izquierda, casi siempre operando por debajodel cinturón de la legalidad. Junto a Don José, el Gelbard de la inflación cero que distraía tiempopara algunas mordidas en el aluminio o en el Embalse Río Tercero. Un prodigio argentino esteGraiver que no tenía 40 años y al que tantos se han esforzado por emular en la Argentina, legatarioademás de contradicciones diversas, como la que acompañó a un período brutal en la vida de sucuñado Osvaldo Papaleo, hoy estrella en las denuncias de los Kirchner contra Clarín y Magnetto: fuedetenido y maltratado en el barco 33 Orientales por los militares, primero por su pertenencia algobierno de Isabel Perón y después por su vinculación con el gremio metalúrgico de Lorenzo Miguel,no precisamente de izquierda; luego liberado, y más tarde de vuelta encarcelado, y torturado, estavez para que explicara la vinculación de su pariente Graiver con los Montoneros del marxismointernacional. Un grotesco dramático, si se lo mira con distancia. Algunos creen que Papel Prensapuede derivar en otro, menos doloroso, si la producción del papel de diario es asumida finalmentepor el Estado. Quizá ocurra cuando los diarios o sus variantes ya no usen más papel, debido a lapropagación de Internet. Será otro triunfo de Magnetto.

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