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Un juguete para sociólogos

La clase media es un juguete ideológico para sociólogos. En ella pueden volcar todos los lugares comunes del sentimiento crítico. Odiar a la clase media es un placer que se da la clase media.

Un juguete para sociólogos
24-08-2026 | 00:38

La clase media es un juguete ideológico para sociólogos. En ella pueden volcar todos los lugarescomunes del sentimiento crítico. Odiar a la clase media es un placer que se da la clase media. Lasupuesta lucidez de la ciencia social no impide que su portador participe de los valores de laclase denostada. ¿Cuáles son los valores típicos de la clase media? Oficio o profesión estable,vivienda propia, educación superior y, claro, servicio de salud garantizado. Lo que esta clasepretende es entonces lo que quiere todo el mundo, en especial la clase obrera y los sociólogos.

Se acusa a la clase media de mezquindad. Sin duda, los valores mencionados derivan de unanecesidad de seguridad individual y pueden hacer creer que a un miembro de esta clase poco leimportan sus prójimos, en especial los que sufren.

Pero no hay que apresurarse con estas afirmaciones, ya que la clase media ha sabido congregarsey compartir con fervor valores colectivos. La historia del nazismo y de los fascismos en susvariantes rojas y negras son una prueba histórica de este hecho. Además, la filantropía es unfenómeno masivo de la clase media; basta ver el desarrollo del llamado “tercersector”.

Se dice que la clase media desprecia a quienes estima inferiores como a los obreros, a loscriollos, al cabecita negra, al piquetero. Es cierto, en la cultura burguesa europea del pasado lo“ordinario” era lo degradado y, por lo general, estaba representado por el campesinado.Sin embargo, este racismo es transversal y adscribible a todas las clases sociales. No porque formeparte de la naturaleza humana sino porque es frecuente que exista en las organizaciones un chivoemisario que purgue al conjunto. Un obrero bonaerense desprecia a un santiagueño y un zafrerotucumano a otro boliviano, y un mulato a un negro, un afroamericano a un nigeriano, un mestizo a unaborigen y un judío alemán a un judío polaco y éste a otro siriolibanés. Creer que la clase mediamonopoliza el desprecio social es ignorar el funcionamiento de las sociedades y el hecho de que lospobres empleados –símbolo de la clase media– han sido humillados hasta el servilismopor las estructuras de poder.

Viene bien hablar mal de la clase media y justificarlo con la afirmación de que estuvo del ladode la Libertadora y del Proceso, siempre contra el pueblo y vestida de gorila. También se debereconocer que las formaciones guerrilleras surgieron del mismo estamento, así como la oficialidadrepresora. Hoy, este odio se ha rejuvenecido con la aparición de los rubios y su casillerocontrastado por los negros.

Pero en verdad, la clase media no existe más. Por una razón sencilla calculada en pesos. El pisopara pertenecer a la clase media es de unos seis mil pesos mensuales para una familia nuclear condos hijos. No hablamos de una clase media del primer mundo para la que el auto, una playa porquince días y los enseres electrónicos son parte de la canasta básica, sino la de una del tercermundo que de la suma indicada gasta el 35% en un crédito para la vivienda o alquiler más servicios,otro 30% en alimentos y el resto en educación y pocos esparcimientos. Este piso mínimo en realidadinsuficiente exige un ingreso que tienen pocos argentinos.

Si hablamos de las nuevas generaciones, los que tienen unos veinte años o algo más, el futuro noles es más promisorio. Conseguir un trabajo con un sueldo de unos cuatro mil pesos es sumamentecomplicado y casi un milagro de mercado y un salario común apenas supera el costo de un alquiler.Si agregamos que hoy la condición laboral es casi por definición precaria, que su transitoriedad esregla y que la flexibilidad con la correspondiente tercerización es un fenómeno general, el deseode estabilidad laboral e identidad profesional tiene pocas probalidades de llevarse a cabo. Por loque el deseo tradicional de progreso económico y movilidad social está frustrado. Los miembrosjóvenes de las capas medias que viven más o menos bien lo hacen gracias al patrimonio acumulado porgeneraciones anteriores.

Hay quienes desprecian a la clase media porque es poco artística. Este tipo de pedantería corremás por cuenta de aficionados a las letras y las artes que de los cientistas sociales. Elogian loque llaman la cultura popular, sus raíces carnavalescas y callejeras y atacan sin merced a lacultura de masas representadas por la televisión cuyo apodo reciente se llama“tinellización” que, por supuesto, tiene cautivo a su público predilecto que nuevamentees la pobre clase media sentada en el living de su casa.

Hubo muchos intentos de imaginar una sociedad de clase media. La utopía liberal era la de unaclase media conformada por pequeños propietarios. Las ideas que van desde la filosofía de Locke alas teorías de Adam Smith y el contrato social de Rousseau fueron pensadas para una sociedad declase media con una distribución equitativa de bienes. Cuando el mundo corporativo del grancapitalismo mostró que esta sociedad de almaceneros no era posible, se pensó que las sociedadesanónimas eran el sustituto actualizado para concretar el mismo sueño. Una colectividad deaccionistas que por medio de papeles de riesgo administran sus ahorros.

Es posible que la última crisis financiera ponga en cuestión este modelo, aunque no se ve en elhorizonte uno nuevo. El sueño del empleado público que también es un derivado de la clase mediatiene sus problemas. La estabilidad de por vida, las compensaciones gremiales que equilibransueldos mediocres y el poder corporativo duran lo que dura el superávit hasta una próximahiperinflación o licuación de salarios, como sucedió en nuestro país en 1975, 1980, 1989 y en2001.

Conformista, racista, mediocre por definición, trepadora, mezquina, esclava de la plata dulce,sólo rebelde ante corralitos y cacerolera ante cortes de calles, rubia con sentimiento deinseguridad, la clase media no se fue al paraíso y no sale del infierno sin siquiera llegar alpurgatorio. En realidad, este odio que no es de clase, ya que no proviene ni del proletariado ni delos excluidos sino de las capas medias, es parte de lo que con talento el profesor Harold Bloom hallamado “cultura del resentimiento”. ¿En qué consiste? En buscar la miseria detrás dela grandeza. Violencia de género, racismo, imperialismo son parte de todas la bajezas que unespíritu supuestamente emancipado y libertario puede descubrir para solaz de sus colegas. Elespíritu de sospecha es ávido y vampiresco. No le alcanza la carne del presente. Un Aristótelesesclavista, Sarmiento genocida, Conrad colonialista, Marx antisemita, Salgari machista, la lista dela historia universal puede ser interminable pero se reduce a una única incapacidad: la de admirar.El que padece este afán de revancha no puede admirar. No se trata meramente de envidia, sino de lanecesidad de empequeñecerlo todo para que no quede nada superior, hacer de todo un lodo porque asíes posible destacarse en el chapoteo universal y el que más patalea en el barro de la historiasobrevive. La clase media es un trofeo algo deshecho de esta cruzada.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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