•la mirada DE ROBerto garcia

Un país al revés

Paradojas extraordinarias. U ordinarias, más ciertamente, ya que corresponden a la Argentina. El año 2010, que tal vez sea mejor en términos económicos que 2009, cantará victoria gracias al aporte del campo. Una contribución –seguramente no deseada– del sector agropecuario al Gobierno que lo hostiga, lo reprende y cercena (hasta imaginó lanzar aviones no tripulados para controlar a los campesinos).

23-08-2026 | 11:46

Paradojas extraordinarias. U ordinarias, más ciertamente, ya que corresponden a la Argentina. Elaño 2010, que tal vez sea mejor en términos económicos que 2009, cantará victoria gracias al aportedel campo. Una contribución –seguramente no deseada– del sector agropecuario alGobierno que lo hostiga, lo reprende y cercena (hasta imaginó lanzar aviones no tripulados paracontrolar a los campesinos).
Gracioso este favor al enemigo, al menos en la jerga oficial. Además, el salvavidas pararestituir los números del Presupuesto viene por una cosecha récord de soja, ese “yuyo”–de acuerdo al diccionario de la Casa Rosada– para el cual los Kirchner aplicaronmedidas para reducir en extensión y crecimiento, lanzaron inclusive atemorizantes campañas públicasplanteando el peligro de la “sojización”, como si este fenómeno para el hombre comúnfuera una epidemia superior a la gripe A. Realidades de una vida al revés, en la que por pelearsehasta se olvidan de sus propios intereses.

La plata es lo primero
No sucede esto con quienes disputan en la política y dicen vivir con la preocupación de lapobreza; no les quita mucho tiempo esa inquietud, pues hoy operan con otra prioridad: una futurareforma política que elimine candidatos y confirme a dirigentes políticos como dueños electoralesdel país (en ese objetivo no habrá diferencias entre los Kirchner y otros popes del interior).Mientras, el duhaldismo hace medir a Roberto Lavagna en Capital y Provincia, y el oficialismo, alahora poco feliz Martín Redrado en el ámbito porteño, atento el Gobierno –luego de milderrotas– a que un exponente progresista (Telerman, Filmus, Heller) quizá rinda menos en eseelectorado que un presunto liberal como el titular del Banco Central.
Delicias de la trastienda, como la renovada porfía Clarín-Kirchner, en la que los dos bandos–sin enrojecerse un instante– persiguen el favorable voto de Carlos Menem para suspropósitos, ya que en el Senado la nueva Ley de Medios tropezaría con más dificultades para seraprobada o negada que en la Cámara de Diputados. Lastimoso el reclamo de ese favor al riojano porparte de quienes, durante casi una década, inflaron su propia camiseta –política yempresaria– a costa de la piel del ex mandatario, objetándolo, burlándose, convirtiéndolo ensinónimo de vergüenza, a pesar de que gracias a él unos ampliaron las fronteras de su negocio(Canal l3, el cable y otras permisividades) y sus ahora rivales se beneficiaron con laprivatización de YPF, al extremo de que un día lo proclamaron héroe en Santa Cruz. Todo sea estesacrificio humillante, claro, por la preservación de la libertad de prensa que, a su modo, pregonanlos dos bandos. La vida al revés, sin importar escarnio: la plata es lo primero.
En este juego de poderes, puede entenderse el pavor de la sociedad política por losdesafueros de Kirchner, el miedo que inspira el interior imprevisible de ese hombre, sea porque enla guerra incorpora el desprecio y la ofensa públicos a un cronista de Clarín que le hizo unapregunta obvia o el envío de un contingente de inspectores impositivos a la matriz del medio(también al de otros opositores, como Francisco de Narváez en La Rural, donde la Mesa de Enlaceparece que juntaba dinero para resguardar futuras acciones políticas). Repudiable esa ofensivatotal contra el enemigo (¿cuándo viene la operación sobre el rol dominante del Grupo Clarín enPapel Prensa?), aunque estas experiencias ocurrieron antes y, por supuesto, pocos se enteraron y,mucho menos, se escandalizaron (Clarín incluido).
¿O acaso en tiempos del poderoso Domingo Cavallo no ingresaron batallones de la DGI enCrónica o Ambito Financiero, repentinamente, más inquietos por lo que expresaban estos mediosopositores que por presuntas anomalías tributarias? ¿O se desconoce que esos métodos repugnantes seimpusieron hasta en los studs de San Isidro con la obvia búsqueda de intereses turfísticos de uneconomista que impugnaba el rumbo del ministro, al que calificaba de gastomaníaco?
Nadie dijo nada, menos Clarín. Más cercano, también, ha sido el silencio colectivo ante laafrenta que Kirchner le propinó a un movilero de América TV, previo a las elecciones, a quien casiagrede físicamente gritándole: “Yo sé quién te manda a vos, sé a quién respondés, lo quebuscás. No voy a hablar con vos, no te voy a contestar”, mientras algún “culata”oficial lo pisaba al desprevenido muchacho. Tal vez algo cambia para bien –hoy, por la razónque sea, se desaprueban esos métodos–, pero la vida sigue al revés.

Lecturas obligadas
Como ocurre con el escándalo desatado por un juez al que, en un obituario –dedicado ala muerte del cuestionable militar Mohamed Alí Seineldín–, se le ocurrió mencionar en suoración a José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange española. Hubo rasgamiento devestidos, togas y enaguas, el progresismo al desnudo amagó iniciar piquetes para derribar alatrevido magistrado, incluirlo en la nómina de los execrables para el Consejo de la Magistraturapor haber utilizado una frase del abogado español que asesinaron los republicanos, como si algunode los dicentes hubiera leído sus obras completas. O alguna de ellas. Cuando de él sólo repiten elmarbete “fascista” y, con alguna generosidad, quizás alguno haya repasado un Lerú desobaco en torno a sus escritos.
Igual que los ultramontanos solían hacer con Carlos Marx, atribuyéndole cargos de todo tiposin haber visto una página de los Grundrisse (tarea ciertamente comprensible, ya que esos textoseconómicos resultan demasiado herméticos). Hasta un octogenario miembro de la Corte Suprema, CarlosFayt, cuestionó el mensaje necrológico invocando a Primo de Rivera y, por supuesto, también al juezal que se le ocurrió la mención (Eduardo Vocos Conesa), incitando quizás a su destitución. Sehorrorizan en mayoría los acólitos del kirchnerismo contra el magistrado, justo el que hace tresmeses dictaminó contra Telecom Italia, abriéndole el camino para que el “capitalismo deamigos” (del poder, claro) y del matrimonio pueda ingresar a esa empresa. Más de la vida alrevés, por no citar la ignorancia.
Notable este cuestionamiento a Primo de Rivera mientras, en Olivos, gracias a la búsqueda deapoyaturas técnicas para explicar las conductas del Gobierno, se han embriagado con losmandamientos expresos de Carl Schmitt, un nazi o afiliado al nacionalsocialismo hitleriano–se supone que menos tolerante que otros fascistas peninsulares-, duro polemista y tambiénabogado, quien escribía en la poderosa Berlín del siglo pasado sobre la naturaleza inevitable delamigo-enemigo en el ejercicio de la política.
Ningun descubrimiento histórico de Schmitt (esos ensayos ya habían aparecido entre losgriegos), aunque esos materiales hoy sean suficiente respaldo para la contagiada y cotidianapráctica de enfrentamiento que desarrolla la pareja presidencial, el justificativo de su hostilidadcomo consecuencia del pensamiento y no como inherente a su forma de ser. Se menciona que hasta elpropio Néstor Kirchner, de escasa propensión a este tipo de lecturas, con emoción ojea u hojeaalgún libro de ese jurista aleman (en verdad, resumen de textos encontrados en Internet o papersminúsculos sobre sus ideas que elaboró algún amante literario de la corte), que podría hacerentender el fundamento de su estrategia y táctica al frente del poder bajo el concepto ineludiblede enemigo-amigo. Como si Schmitt, para los Kirchner, fuera el Kautsky de Raúl Alfonsín.

El salvajismo de Néstor
Curiosas estas andanzas por los libros. Primo de Rivera es veneno, reprochable, condenable,seguramente no por lo que escribió sino porque lo enterraron al lado de Francisco Franco (¿habrásido ése su deseo?) para elevar la estatura del Generalísimo y, seguramente, debido a que en algunaocasión se dejó tentar por la moda intelectual del Benito Mussolini que seducía en los treinta aEuropa (en rigor, a Occidente todo) y cuyo club de fans –para entender la propagación de eseéxito en aquellos tiempos–, desde Londres, lo presidía la esposa de Winston Churchill (moda ala cual, como se sabe, luego adhirió tarde como siempre Juan Domingo Perón).
Hundir a Primo de Rivera es la consigna oficial; preferir en cambio al Schmitt sometido delnazismo, quien socavó la república de Weimar, casi un teólogo –del cual cierta izquierdapiensa que le vendría bien una mano de pintura con manto revisionista–, el del Estado total,quien –vaya a saber por qué extraña lucubración– puede ser hoy un modelo a observar enel subdesarrollo sudamericano, casi una revelación argentina, tipo dulce de leche o el colectivo,para encuadrar intelectualmente el salvajismo vulgar que en ocasiones despliega Néstor Kirchner, esla premisa.
Tarea pudorosa que maquinan algunos de su entorno, con la importación teórica del alemán,para otorgarle a los actos de los Kirchner cierta verosimilitud razonable. Al menos, desde loslibros de otros, emprendimiento de colaboracionistas a la carta o del mundo, puertas, ventanas,bolsillos u ojos abiertos para que el ex mandatario no se reduzca a un simple D’Elíaprimitivo. Cuando, en rigor, a Kirchner sólo lo guía una elemental frase de un veterano gobernadorperonista, quien describía: si se dispone del poder y no se lo utiliza para abusar, no se entiendepara qué sirve el poder.
Gente que al decir de otras máximas utilitarias, caso del Giulio Andreotti italiano, entiendeque si “el poder desgasta”, mucho más desgasta no tenerlo. En eso nada está al revés,como puede comprobarse en los pisos del Savoy donde “persuaden” legisladores para unlado mientras, los del otro, acercan al Congreso archivos, filmaciones o recuerdos íntimos: lapolítica en plenitud.

Clarín, el enemigo público
Si es por antiliberal y adverso al capitalismo, Primo de Rivera podría encajar mejor queSchmitt en los criterios kirchneristas. Inclusive el eslogan “patria, pan y justicia”.Aunque se supone que el español jamás imaginó derivaciones de su cabeza para el actual oficialismoargentino, menos para comprender un sistema judicial que dominan los Kirchner.
Tampoco su inclinación por el movimiento obrero organizado, su expectativa y crecimiento,podrían ser sueños a emparentarse con la contundencia protagónica de Hugo Moyano y su familia(tanto en su red de copamiento sindical a costa de otros gremios compañeros como en laparticipación de negocios ajenos a los trabajadores o la pretensión de ubicar a uno de sus hijos enla expectante herencia de Julio Grondona en la AFA, a través de un poco conocido club Alvarado deMar del Plata; misma intención confesada, para ser justos, del ahora opositor empresario de mediosDaniel Vila, desde el modesto Independiente de Mendoza).
No se enredó Primo de Rivera, es cierto, en la categoría amigo-enemigo desarrollada porSchmitt, esa relación imprescindible de la política –más bien sustantiva de ella– queincluye, para el pensador alemán, también otra distinción clave para entender (o que se hagaentender) a Kirchner: diferencia también aquel pensador (cuyo nazismo no alcanzó a ladiscriminación y defendió a más de un judío, alguno famoso luego en la administración del últimoBush) entre el enemigo privado y el público. A uno se lo odia, se lucha para que desaparezca,mientras al público se lo combate para vencerlo pero sin exterminarlo. “Enemigo es sólo unconjunto de hombres –señala Schmitt en El concepto de lo político– que eventualmente,de acuerdo a una posibilidad real, se opone combativamente a otro conjunto análogo. Sólo es enemigoel enemigo público”.
Quizás, para Kirchner, el Grupo Clarín –luego de haberlo idealizado durante tantotiempo y hasta quererlo comprar por interpósitos mensajeros, fruto natural del conflicto quefinalmente hoy se desarrolla– sea el enemigo público de la colectividad que él representa, alque debe jibarizar en aras del bien común, desde el Estado o el Gobierno (confusión de la que nodesea salir) al que representa.
No le faltan argumentos, claro, si uno acepta una discusión eterna, aunque se sabe que apartede teorías importadas, el nudo de esta publicitada confrontación no transcurre por la libertad deprensa o el acceso más democrático a las fuentes informativas, sino que encierra la continuidad deun negocio armado por el grupo mediático durante más de dos décadas, prebendario en muchossentidos, del cual los argentinos se distrajeron aun pagando.
Del otro lado aparece el criterio amigo-enemigo como pantalla, mientras se persigue eldominio de los espacios del aire, la telefonía, la programación, avanza el secretario-chofer RudyUlloa sobre Telefe (¿Telefónica ignora lo que ocurre a su alrededor?) y ciertos aliados económicostal vez se integren a Telecom. También, en la pugna, se alinean aspirantes o beneficiarios de lapolítica, ya que frente a Kirchner se alinean Eduardo Duhalde y seguidores, también radicales,quienes gracias al conflicto han encontrado un lugar en el mundo del que antes no disponían, por nohablar de una asegurada difusión en los próximos meses.
Para un político, ése es un carísimo plan de rejuvenecimiento. Se supone que esa nueva misiónemprendida se ampara en un freno al autoritarismo, a la avaricia por ciertos intereses sureños y alextremismo conceptual de amigo-enemigo que vuelca el iluminado Kirchner sin consentimiento deSchmitt, un contrario al individualismo como Primo de Rivera, controvertido y casi bélico.
Ya que buscaron excusas en esos tiempos pasados, en esos predios alemanes, en lugar de Berlínhubieran indagado en la cátedra de Friburgo, en uno de los mayores filósofos de la historia, MartínHeidegger, quien quizá podría proveer ciertas nociones de la existencia que requiere una sociedadal revés. Y al mismo Kirchner, que arrojaría Ser y tiempo por la ventana de Olivos.

También en Perfil