La economía argentina mantiene signos de fuerte recuperación, de la mano, como se vieneinsistiendo, de un escenario internacional por ahora muy favorable, de Brasil, y de un sectoragrícola que ha superado las desgracias climáticas del año pasado.
Lo complejo, sin embargo, es que el largo ciclo de crecimiento iniciado a finales del 2002,sólo interrumpido por la crisis del 2008/09, muestra cuellos de botella importantes en sectoresclave, como la energía, y no ha permitido reducir sustancialmente los núcleos duros de pobreza. Y,lo que es peor, el propio Gobierno reconoce que “no hay recursos públicos para atender,simultáneamente, todas las demandas de gasto de la sociedad”.
Dicho de otra manera, pese a un ciclo de crecimiento muy importante, la Argentina presentaserios déficits de oferta en áreas clave, como la infraestructura energética. Y la distribución delingreso y la mejora de los sectores más pobres de la población no ha sido proporcional, ni muchomenos, al crecimiento observado.
Cabe, entonces, preguntarse por qué.
En el caso de los problemas energéticos, que se han hecho explícitos en estos días de frío, larazón es evidente. Se ha preferido importar energía cara en lugar de alentar la exploración yproducción local. Las razones son diversas y confusas. Por un lado, al igual que lo que sucedió enel caso de la carne, se intentó proteger “el bolsillo de los argentinos”, noreconociendo precios rentables, en términos internacionales, a los productores de gas y petróleo,el primer eslabón de la cadena de precios de la energía, mientras que a lo largo del resto de lacadena se usaron subsidios financiados con impuestos, o se redujo drásticamente la rentabilidadempresaria.
Hubo, también, un objetivo no explicitado: obligar, como pasó ya en algunos casos, a“salir” del negocio a operadores internacionales y permitir el ingreso del“capitalismo nacional”. También este esquema facilitó, como se ha denunciado, elparticular negocio con Venezuela, “monopolista” de la oferta de combustible importado,para reemplazar el gas faltante, pese a que la oferta local de combustible bien pudo haberreemplazado dichas importaciones a precios menores y calidades mayores, aunque, debe reconocerse,sin el particular financiamiento del amigo bolivariano. Esta interacción de controles de precios,subsidios y falta de renegociación integral de los contratos de servicios públicos obligó,entonces, a incrementar el gasto público, no sólo para subsidiar precios, sino también pararealizar las inversiones indispensables para evitar el colapso de la oferta energética. (Aquítambién hay un “subproducto” derivado de los típicos sobrecostos de estas inversiones,cuando se realizan de manera poco transparente.)
Y esto me lleva al segundo problema planteado: la pobreza. Como claramente indicó la Presidentaal oponerse al aumento de las jubilaciones mínimas propuesto por la oposición, “no hay platapara todo”. Pero nunca hubo plata para todo. Cada sociedad y cada gobierno fija prioridades ydecide a qué destina sus ingresos y en quiénes los gasta.
Gracias al extraordinario crecimiento de estos años y a un sistema impositivo“brutal”, los ingresos públicos se incrementaron también extraordinariamente. Pero elgobierno “progresista” de los K, apoyado por una sociedad “progresista”,decidió gastar esos mayores ingresos en subsidiar precios de los servicios públicos no sólo a lossectores pobres sino también a los medios y altos y, en muchos casos, como el de las garrafas degas, les negó esa ventaja a los sectores de menores recursos. Decidió reemplazar, insisto,inversión que pudo ser privada, bajo reglas adecuadas, por inversión pública que debió destinarse aaquéllas cuestiones en dónde el sector privado no quiere, no puede o no debe invertir. Decidió“regalarle” una jubilación no sólo a pobres, sino también a grupos de clase media yalta. Y, encima, como, efectivamente, no alcanza para todos, en los últimos años decidió que unaparte de los gastos se financien con inflación, es decir, sacándole a los pobres de un bolsilloparte de lo que le pone en el otro.
Todo esto explica por qué, simultáneamente, la Argentina tiene un Estado que recauda cada vezmás y, al mismo tiempo, déficit de inversión pública en infraestructura clave. Menor inversiónprivada de la que podría tener y graves problemas de pobreza y distribución del ingreso.
Mucha alegría y poca felicidad.




