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Un testamento socialdemócrata

Un testamento socialdemócrata
24-08-2026 | 19:09

Tony Judt escribió Ill fares the land durante los últimos meses de su vida. Ha sido traducido enEspaña con el título de Algo va mal. Extraña reposición en la lengua castellana de una evocacióndel poeta irlandés del siglo XVIII Oliver Goldsmith. Mientras padecía la esclerosis lateralamiotrófica (la misma que padeció Fontanarrosa) termina este libro y nos deja otro, The memorychalet –la compilación de recuerdos publicados desde enero último por la New York Review ofBooks– que saldrá a la venta en pocas semanas.

En una entrevista, dice Judt de sí mismo: “Hoy en día me consideran fuera de laUniversidad de Nueva York como un izquierdoso lunático comunista judío que se odia a sí mismo;dentro de la universidad, me ven como un típico macho liberal elitista pasado de moda. Me gusta.Debo sostenerme entre estos dos personajes, me siento cómodo así”.
Mejor tomar con humor el odio de los otros. Judt quiere en este libro rescatar el legado dela socialdemocracia. Considera que es en esta tradición que se ha forjado el último vocabulariomoral universalista. Aun sin que haya empleado esta palabra, piensa que se trata del último idealhumanista conocido. La idea de socialismo evoca un fantasma burocrático, ineficiente, policial yrepresivo. Frente a él, la ideología del mercado corporativo dominó el panorama político de losúltimos cuarenta años y ha dejado una tierra devastada. La crisis actual derrumba el optimismo deun modelo que sólo sirvió para crear una enorme brecha entre ricos y pobres. Las cifras que Judt day que son conocidas muestra la diferencia entre los extremos de la escala social si comparamos elcapitalismo fordista hasta 1970, y la evolución que llevó al actual sistema. Afirma que en nuestropresente, el nudo del conflicto se expresa en los niveles de desigualdad.

Hoy quien nace pobre muere pobre. En los fundamentos del llamado modo de vida norteamericanoestaba la posibilidad de la movilidad social así como la de disidencia. Entre ambos materializabanen la realidad las ideas de libertad y progreso. La socialdemocracia es para Judt un concepto queapunta al factor distributivo. Lo enmarca en la tradición republicana.
Parlamentarismo, democracia de partidos y distribución de la riqueza, vía una política fiscalprogresiva, conformaban al movimiento socialdemócrata. Esta tradición se ha desdibujado. Hadesaparecido no sólo por el avance de la ola de privatizaciones sino porque ha sido incorporado ala lengua oficial de la política. Los ideales de equidad y libertad, la combinación de la tradiciónliberal y las metas socialistas que se desarrollaron en el siglo XIX constituyen la prosa del mundode la política occidental. “Hoy somos todos demócratas”, nos dice Judt. Pero hay algofalso en esta cuestión. No hay visión colectiva ni existe el sentido de comunidad. Para que lohaya, los hombres deben tener “confianza” en sus instituciones. Esta palabra ha sidousada y abusada. Es un emblema de los ideólogos del mercado. Se agregaron los teóricos alarmadospor la anomia de la sociedad norteamericana, fragmentada por las reinvindicaciones de las minoríasy sin capital cultural colectivo.

Judt se hace eco de esta preocupación por la confianza en las sociedades modernas. La interpretade dos modos. Por un lado, la confianza tiene que ver con el sentido del deber fiscal. Nadie quierepagar impuestos por mero decoro y cumplimento de la ley. Aunque se lo acepta si se sabe que elEstado lo devuelve en servicios y presenta una contabilidad que no deja lugar a dudas sobre lahonestidad de su cobro y empleo. El funcionamiento del Estado y la confianza en sus institucionesestán ligados al control republicano de quienes están a cargo de la renta colectiva.
De no ser así, el Estado es una nave pirateada por corsarios asociados que se hacen de unbotín en pocos años, acompañados por bucaneros de ocasión. Una vez que se van, dejan a la deriva unbuque fantasma abandonado. Judt, por otro lado, dice que la confianza tiene que ver con un idealcolectivo, y adjudica al Estado la potestad de crear los espacios públicos en que pueda serejercido.

La salud, la educación, la seguridad, los transportes, las garantías para expresarse y reunirsenecesitan de una entidad unificadora legitimada por las leyes. Judt dice que durante el siglo XX,la acción de los sindicatos y una cultura de aspiraciones colectivas nivelaron las disimetríasproducidas por la dinámica capitalista. La visión de J.M. Keynes, Jean Monnet, el New Deal, TheGreat Society, la acción del laborismo británico en la posguerra, el plan Beveridge son eltestimonio de un acuerdo global acerca de la necesidad de un Estado fuerte que fue conocido comoBenefactor. Fue la alternativa a la otra figura del Estado concentrador y concentracionario de losfascismos y stalinismos del siglo XX.
La corriente privatizadora posterior no sólo demuele estructuras colectivas sino que debilitael sentido de la ley. Para Judt, no hay respeto por la ley si no hay un sentido de lo social comoun todo. La privatización es correlativa a la aceptación de la fuerza como motor del poder. Y quiendice fuerza dice violencia.

Para Judt, la contracultura a partir de la década del sesenta que conformó la Nueva Izquierdafue una aliada objetiva del resurgimiento de la Nueva Derecha que dominó la escena política yeconómica años después. La cultura del narcisismo y del individualismo y la lucha por el derecho delas minorías fragmentó a la sociedad sin reunificarla en un ideal comunitario. La cultura de lasdiferencias coexistió con una cultura de la indiferencia. De ahí que Judt reúna en un mismodispositivo político a la cultura popular de los sesenta con la reacción conservadora.

En el capítulo llamado “La venganza de los austríacos”, nos habla del protagonismode los economistas y filósofos formados en el Imperio Austrohúngaro, que marginados media centuriavuelven a ser actores teóricos de la demonización del Estado. Se refiere a Joseph Schumpeter,Friedrich Hayek, Peter Drucker, Ludwig von Mises, Karl Popper. Que estos hombres vayan de la manode Janis Joplin, Allen Guinsberg, Malcom X, Ronald Laing y Cohn Bendit, entre otros cientos, esllamativo. Este tipo de análisis recurrentes de las coincidencias objetivas que Judt bautiza como“una ironía de la historia” parece provenir del laboratorio del doctor Insólito.
Judt no cree en las bondades del resurgimiento del capitalismo moderno en el llamado BRIC.Nos dice que en la India de una fuerza laboral de cuatrocientos millones de individuos, en laeconomía moderna participan sólo un millón trescientos mil trabajadores. Señala que el capitalismochino, lejos de liberar a las masas, no hace más que acentuar la represión. Por su lado, Rusiasustituyó con su cleptocapitalismo al viejo socialismo de Estado. Nada dice sobre Brasil.

Con la frase “no podemos seguir viviendo así”, comienza su libro. Es necesariorepensar el Estado para tener un sentimiento de comunidad, es la tarea que cree urgente para elfuturo. Considera imprescindible hacerlo para reconstruir una lengua moral ausente en nuestrosdías, en que expresamos en tablas numéricas los debates sobre aborto, eutanasia, guerras, torturas,salud y educación.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

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