Un vicio de los caros

Cualquiera que tenga una biblioteca mediana habrá sido alguna vez objeto de una asombrada pregunta: “¿Pero usted leyó todos esos libros?”, que no es otra cosa que una jugarreta del interlocutor para ponerlo a uno en ridículo.

23-08-2026 | 18:01

Cualquiera que tenga una biblioteca mediana habrá sido alguna vez objeto de una asombradapregunta: “¿Pero usted leyó todos esos libros?”, que no es otra cosa que una jugarretadel interlocutor para ponerlo a uno en ridículo. Al responder que eso es imposible, el otro sequeda callado, pero flota en el aire una implacable acusación de frivolidad y ostentación. Enefecto, tener muchos libros ofende al prójimo, tanto al que no puede comprarlos como al que gastasu dinero en cosas más provechosas. Y que ni siquiera el propietario los lea resulta la pruebaúltima de que no valen la pena.

El primero en plantear la maldita pregunta fue posiblemente Luciano de Samósata, nacido en Siriaen el año 125, escritor satírico, conferencista y funcionario romano (el currículum hace pensar enJorge Asís), quien llevó el arte de la injuria a grandes alturas. En su opúsculo El bibliómanoignorante, radicaliza la cuestión y la emprende contra un fulano que tiene una lujosa biblioteca dela cual no ha leído un solo ejemplar. No está claro si el autor lo ataca por bibliómano o porsodomita y tampoco se termina de entender cuál podría ser la relación entre ambas aficiones. Peroel texto es sin duda elocuente y empieza así: “Tú crees que por comprar compulsivamente losmejores libros vas a parecer una persona con cultura, pero el asunto se te escapa de las manos y,en cierto modo, se convierte en una prueba de tu incultura. Es más, ni siquiera compras losmejores, sino que confías en cualquiera que se ponga a elogiarlos y eres un chollo para quienesmienten sobre tales libros y un tesoro a punto para los que comercian con ellos.” Para unfrecuentador de libreros y lector de suplementos culturales, es decir para alguien que no para deser engañado por reseñas y recomendaciones, el pasaje es hiriente aun sin saber lo que significa un“chollo”, palabra que suena verdaderamente despectiva.

El bibliómano ignorante acaba de ser publicado por Errata Naturae, una de las editorialesespañolas independientes más paquetas. Los libros de Errata Naturae son realmente elegantes,inevitables para el bibliómano compulsivo a partir del primer vistazo; aunque el de Luciano,noventa páginas pequeñas, cueste diez euros en España y sesenta pesos en la Argentina. Las tapasestán ilustradas con dibujos de un personaje que cambia según la colección. La que aquí nos ocupaincluye también el Elogio de la calvicie, de Sinesio de Sirene (370-413) y su emblema es un hombre“extraño, sereno y meditabundo”, vestido con corbata y con cabeza de pájaro, comorepresentación alegórica de la sabiduría. La editorial nos informa que en el Livre de Sidrach,fechado hacia 1285, se dice que “el hombre debe tener un cuello de grulla, largo y nudoso,con objeto de que tenga tiempo de reflexionar antes de comenzar a hablar”. Pero la casaeditorial es tan refinada que hasta el pie de imprenta es original y se extiende casi hasta unensayo: “El bibliómano ignorante es el tercer libro de la colección Los Agripianos. Compuestoen tipos Dante, este texto se terminó de imprimir en los talleres de Efca por cuenta de ErrataNaturae editores en junio de dos mil nueve, medio siglo largo después de que Allan StewartKonisberg, judío de origen ruso-austríaco, nacido en Brooklyn, firmara su primer texto con elseudónimo de Woody Allen, y uno de sus profesores de la Universidad de Nueva York le recriminaseque aquello no era material universitario...”.

En el prólogo, Iván de los Ríos también habla de Woody Allen y lo trata con el respeto debido auna verdadera autoridad intelectual. Es curioso que eso ocurra en España donde, además de saber elsignificado de “chollo”, las personas del primer decil cultural tienen en su panteón afiguras como Allen, que entre los argentinos más sofisticados no pasa de un segundo planosospechoso. Lo que seguro tienen los bibliómanos españoles, lean o no los libros que compran, esmás dinero.

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