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Una alianza en la prensa

Estamos apenas en los comienzos del desarrollo de una gran alianza entre el periódico impreso y el diario digital. Lo que hay que abarcar como idea es que la edición gráfica debe ser vista tan sólo como el comienzo, una primera parte de un proceso, más que un final.

Una alianza en la prensa
24-08-2026 | 14:00

Estamos apenas en los comienzos del desarrollo de una gran alianza entre el periódico impreso yel diario digital. Lo que hay que abarcar como idea es que la edición gráfica debe ser vista tansólo como el comienzo, una primera parte de un proceso, más que un final. De ahora en más la prensaescrita, que nos ha acompañado por unos tres siglos, tiene que incorporar un aliado, el productodigital. El apoyo será mutuo. Este concepto para el futuro del periodismo es parte de una visiónmucho más amplia que genera el ambicioso director editorial del histórico diario The Guardian(fundado en 1821; 500 mil ejemplares), de Londres.
La convicción de Alan Rusbridger, 56 años, dos hijas, producto de la Universidad de Oxfordque ingresó a la redacción de The Guardian en 1979, director desde 1995, impresionó por suvehemencia en el reducido contingente (unas cuarenta personas) que concurrió a la conferencia anualde la Organización Internacional de Ombudsmen (Organization of Newspaper Ombudsmen, ONO, en inglés)reunida en mayo en el St. Anne’s College de la mencionada universidad. El proyecto involucrala “mutualización de los medios” y de su entorno, comprometiendo a periodistas,miembros de la administración del medio, lectores, avisadores y los integrantes del sector IT de laempresa. También hay una responsabilidad conjunta que alcanza a los archivos de un medio, cómoprotegerlos, cómo usarlos y cómo encarar las políticas a establecer ante reclamos, cada vez másfrecuentes, para que se borren registros que pueden incomodar a particulares o entes públicos.

El objetivo de Rusbridger es “hallar el sistema óptimo de ingresos (económicos) para eldiario impreso, integrado a la Web”. ¿Cómo debe cambiar el periodismo? Tiene que ser“parte de” la Web y no quedar en su uso como apoyo. ¿Simple, no? Rusbridger no lo vecomo un proceso fácil, pero sí le apasionan las perspectivas de cambio y desarrollo hacia adelante.Es notorio en su circuito por su constante esfuerzo en la cooperación de sectores que quiereinvolucrar. Alienta la participación, invita a la réplica, permite la oposición y la crítica,provoca el debate y la publicación de información e invita a sugerencias. Lo importante esinvolucrar a través de la Web. Según el editor, su sistema ayuda a formar comunidades de interesesy abre la Internet transformando al diario impreso en parte integrante de una multitud deservicios. La premisa inicial es que los periodistas en un diario, en cualquier nivel de jerarquía,no son la única voz de autoridad, conocimiento o interés. Hay que atraer a una masa que está ahíafuera, hay que lograr y reflejar la mayor diversidad posible. Escuchar la lectura del proyectodejó sin aliento al pequeño auditorio de Ombudsman de periódicos y radios tan distantes comoLondres, Estambul, Nueva York, Bogotá y Buenos Aires. El debate de la reunión anual se centró encómo, “expandir la influencia de ONO en la era digital”. Chris Elliott, jefe deredacción de The Guardian, ilustró la forma de aumentar la influencia de un matutino en la eradigital usando los recursos de la tecnología con dos ejemplos. En uno, un hombre había muerto enuna manifestación de la que no era parte. El comunicado policial sobre el incidente admitía que elmuerto no participaba y atribuyó el deceso a un infarto. Luego agregó que el individuo teníaproblemas con el alcohol. La familia aceptó el informe, pero dejó sentado que el occiso mostrabauna herida en la cabeza. Rusbridger utilizó Twitter para convocar a todos los usuarios que hubieranestado cerca de la manifestación. Al cabo de unas horas, llegó un Tweet de una persona quereconoció no haber visto el incidente, pero que le había sorprendido ver a policías, palo en mano,cerca del muerto. A partir de ahí se amplió la investigación, hasta descubrir un severo caso deabuso de fuerza policial.

En el otro ejemplo, el diario comprobó que se estaba por concluir una venta de petróleorecuperado de un derrame que sería entregado como bueno. Ante la primera averiguación por el diarioy, aun con información técnica en mano (pero sin la evidencia total), la intermediaria amenazó conacción legal que podía causar serios problemas a The Guardian. Rusbridger volvió a recurrir aTwitter, aun bajo amenaza de abogados. Lo único que hizo saber era que el diario “tiene unanota muy importante que no puede publicar”. La acción legal lo obligó a bajar el mensajedentro de la hora. Pero, en ese espacio de tiempo, unas 400 personas habían leído el Tweet y unodio cuenta de la extraña información al diputado que representaba su zona. Intervino el Parlamentobritánico. La información se publicó al día siguiente y la operación de venta de petróleorecuperado se frustró.
Rusbridger, en constante búsqueda de apoyo, arguye que él o la Ombudsman (The Guardian es unode los pocos diarios británicos que emplea un “defensor de lectores”), tienen en esosejemplos causa abundante para alentar el uso de tecnología avanzada como herramienta de proteccióndel derecho del lector a informarse, además de promover el crecimiento del diario que emplea la Webal máximo.

La gran pregunta pendiente en todo esto es si nosotros (los editores, los periodistas, los“defensores”) realmente sabemos lo que quiere el lector. Podemos aplaudir una gestióncomo la de Rusbridger, que tiene como objetivo primordial ampliar su audiencia y su red de lectoresa la vez que proteger el diario como empresa a futuro, pero siempre queda la duda acerca de lo querealmente pueden querer los lectores del diario de todos los días.
Interesante experiencia la de Stephen Pritchard, presidente saliente de ONO, que preguntó coninsistencia a los participantes en la conferencia anual qué ideas surgían en torno al tratamientode los archivos en Internet. Esto parece ser un interrogante creciente y con ejemplos reiterados envarios países en Europa. También se han dado casos en Canadá, entre otros. Pritchard,“defensor” en el semanario The Observer (propiedad de The Guardian) de Londres, diocomo ejemplo una mujer de una comunidad inmigrante del Sudeste Asiático que hace algunos años sehabía acercado al dominical, para solicitar que publicara una nota sobre el maltrato que sufría suhijo de seis años, por parte de sus compañeros de escuela. La madre arguyó, con razón, que erabastante difícil criar hijos en un ambiente donde los niños sufrían el abuso (bullying) constantede sus pares. The Observer publicó una nota con fotos de la mujer y su hijo llamando la atención alproblema que sufrían niños de familias de inmigrantes.

Pasó el tiempo y un buen día el niño, ya de doce años, pidió al diario que eliminara de suarchivo la historia que había llevado su madre seis años antes. El argumento del chico era que suscompañeros de grado habían hallado la nota en Google y ahora lo “cargaban” por habersequejado al diario por el maltrato. El problema era si se debía aceptar la anulación de esa nota enel archivo digital. Si se aceptaba el pedido en un caso, cuál sería el límite en el futuro.Naturalmente, el niño era menor de edad y, por esa sola razón, su pedido podía ser rechazado. Perohabía que pensar la situación más allá de la edad actual. ¿Qué pasaría si el chico reiteraba elpedido luego de cumplir los 21 años? Por ahora, no se aceptó el pedido. Sin embargo, ya hay casosjudiciales en los Estados Unidos de personas que reclaman la anulación de archivos periodísticosque los mencionan en situaciones de antigua data. Un caso que reaparece afecta a personas que encierto momento fueron acusadas de alguna fechoría, pero fueron declaradas inocentes en la causa quese les siguió. Los afectados arguyen que les molesta que surjan referencias al antiguo incidenteque cubrieron los medios, cuando se presentan a pedir un empleo o a gestionar un trámite.
No hay decisión ni acuerdo de cómo pueden proceder las publicaciones afectadas en talesquejas. Hay cierto consenso que no se deben alterar los archivos y punto. Pero hay creciente clamorpara que se puedan lograr estas cirugías del pasado.

Desde la redacción la posición es firme: no se alteran los archivos y los editores/directoresdeben advertir a los lectores que la publicación de una información significa que su inclusión será“para siempre”. Esto lo argumentan los holandeses. Acompaña a esta postura el hechoreal que es muy difícil, por ahora, eliminar totalmente algo de un archivo en la Web. Siempre haysegundas instancias dado que una información puede haber sido usada más de una vez y hallarse enarchivos alternativos.
Se presenta así un panorama nuevo para la producción de información. Lo ideal sería que encada plaza los editores o las cámaras involucradas elaboren una forma de proceder, protegiendo alos archivos pero también buscando garantías para proteger al público. Lo contrario, o alternativo,sería la protección de archivos mediante legislación específica. El gran problema son lospolíticos, que normalmente instalan con rapidez lo que atañe a sus propios intereses. Por ejemplo,¿podemos contemplar una cláusula de protección de archivos en una nueva Ley de Medios? Puedeparecer adecuado, pero qué fuerza puede tener a futuro una disposición que ni bien fue firmada yaentraba en diversos juzgados en todo el país.
En este último caso también se puede contemplar la idea de legislar la presencia delOmbudsman en los medios. Colombia dispone por ley que las empresas de televisión tienen que emplear“defensores de televidentes”. Pero esto no puede ser extendido a la prensa gráficafácilmente: emplear un “defensor de lectores” es un sueldo más y muchas empresaspequeñas no pueden contemplar el gasto. Sin embargo, hay que considerar que la instalación de unperiódico impreso en Internet significa extender sin límites el alcance de una publicación, por lotanto es imprescindible saber cuáles son sus responsabilidades cuando una información digital cruzainvisibles fronteras y llega a personas de distintas costumbres y credos.
Como dice y demuestra el admirable Alan Rusbridger, la experiencia es muy nueva y lasperspectivas son ilimitadas. Es evidente que la mejor forma de avanzar es buscando la cooperación.Hasta podríamos empezar a usar esa extraña palabra, “mutualización” del periódicoimpreso y la Web.

*Ombudsman de PERFIL.

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