•PUERTO BERMEJO, EN EL CHACO

Una ciudad de ensueño que no pudo con las aguas del río

A 100 kilómetros de Resistencia se están perdiendo los últimos vestigios de Puerto Bermejo, considerada la princesa de las ciudades del Chaco. Sus habitantes lucharon contra las inundaciones hasta 1983, cuando la abandonaron en forma definitiva. Durante años, intentaron que los sucesivos gobiernos los ayudaran a contener las aguas. Los bermejenses viven ahora en distintos lugares de la Argentina, llenos de nostalgia por el lugar donde están enterrados sus familiares.

23-08-2026 | 07:42

La ciudad perdida de Puerto Bermejo estaba ubicada a cien kilómetros de Resistencia, a orillasdel río Paraguay. Era una ciudad llena de gracia, que en su momento hasta fue la segunda enimportancia del Chaco. Aquella esplendorosa urbe yace hoy en el fondo del citado río, cubierta deagua, de yuyos y malezas. La historia del Macondo de Cien años de soledad se repitió en PuertoBermejo, donde sólo queda en pie el viejo cementerio que, curiosamente, es el único lugar que seniega a morir.

La que era como una princesa entre las ciudades del Chaco ahora es un desierto donde no se oyenada más que el viento de la soledad.

Fue abandonada definitivamente por sus ya agotados pobladores tras la gran inundación de 1983.Las aguas del río Paraguay la cubrieron sin piedad, totalmente.

Más de 80 años de titánicos esfuerzos de sus pobladores por defender a su comunidad se hundieronpara siempre aquel año.

A fines de los años 40 Puerto Bermejo, que había sido fundada en 1884, próspera y bulliciosa,era conocida como “La Petit Ciudad”, no sólo por su cantidad de habitantes, que casillegaba a los 6 mil. Tenía cuatro cuadras asfaltadas que conformaban el centro comercial porexcelencia. En esos cuatrocientos metros se levantaban casas comerciales de grandes dimensiones,cada cual provista de sótanos de unos 20 metros cuadrados. Los clientes bajaban a esos sótanos ypesaban ellos mismos, en las balanzas y básculas, los fiambres, grasas, vinos y otrosproductos.

Más allá, estaban los surtidores de combustibles y establecimientos de venta de grasasindustriales. Otros locales comerciales, grandes almacenes del tipo “ramos generales”,vendían automóviles, bicicletas, máquinas de coser, arados, rastras, alambres y todo cuandoexistiese en materia de ferretería.

Estaba también Foto Bullón, con su casa de dos plantas, dedicada a la fotografía artística. Perola estrella comercial era una tienda que se llamaba, justamente, La Estrella. Competían entre sívarias sastrerías, en tanto que los viajeros se alojaban en el Hotel Blanco, en el Hotel Argentinoo en el Hotel Quirico. Siempre repletos, eran también testigos del notable movimiento comercial yturístico del pueblo. Pululaban por sus calles los paraguayos, pero también alemanes, suizos eingleses, directivos de las fábricas extranjeras instaladas en la zona, a quienes diariamente selos encontraba haciendo sus operaciones en la sucursal del Banco Nación o en las ventanillas delcorreo, despachando correspondencia a Europa.

Los sábados y domingos los bermejenses se deleitaban viendo películas en un pequeño teatro queofrecía, además, otros espectáculos. Había dos canchas de fútbol, canchas de tenis, de básquet,aeroclub, el Tiro Federal, el Club Social, las instalaciones del Club Independiente, el CineSplendid y las instalaciones, increíbles, de 100 x 50 metros, de la Subprefectura Marítima.

Un espectáculo popular era, igualmente, ver pasar a los imponentes paquebotes Washington,General Alvear y Ciudad de Corrientes. Muchos –hoy abuelos– pasaron sus primeros díasde casados a bordo de algunos de esos barcos, luna de miel que incluía el viaje a Buenos Aires, adonde llegaban tres días después. Cuando el barco regresaba desde Asunción a Buenos Aires pasabapor el puerto. Entonces, directamente desde la fiesta de casamiento, se acompañaba a los novioshasta el puerto, con orquesta y todo. La gente iba a la costa a despedir a los mieleros con músicay baile. Eran madrugadas hermosas, románticas, inolvidables.

Puerto Bermejo era una fiesta. Hoy sólo quedan bellas historias y el recuerdo de aquellasfiestas. Muchos de sus muertos siguen sepultados en el viejo cementerio que, irónicamente, es elúnico sobreviviente de aquellos tiempos de esplendor.

*Periodista del diario Norte, de Resistencia. Su último libro es Una tumba a orillas delParaguay.

También en Perfil