Volvimos al campo para despedir al verano o, con más precisión, para darle al otoño una renuentebienvenida. Llovía, y las bellotas del roble parecían explotar sobre el techo de chapa de lagalería cada vez que caían del árbol.
Si tuviéramos ardillas, pensé, estarían acopiando provisiones sin desmayo para los meses deinvierno que tenemos por delante. Pero como hemos elegido (sin premeditación, pero con justicia) alos gatos, carecemos de esos simpáticos roedores que infestan las ciudades del hemisferio norte.
Tenemos, en cambio, grillos, y había uno en particular que dejaba oír su canto y que nospermitió calcular la temperatura según la fórmula (Número de cantos por minuto/5) - 9 = Temperaturaen º C. No hacía demasiado calor (21º o sea: 150 cantos por minuto) y, sin embargo, el grillofrotaba sus élitros con tal furia atronadora que no entendíamos cómo las hembras de la especie nohabían acudido en masa a rendirle pleitesía. Sonaba a grillo heroico, turbulento, capaz de conducira la raza a un salto cualitativo desconocido en su historia.
Como la longitud de onda del canto del grillo es similar a la distancia que existe entre unay otra de nuestras orejas, lo que dificulta la localización del insecto, no pudimos encontrarlo, ynuestras gatas se manifestaron totalmente indiferentes a las pesquisas que emprendimos.Sospechamos, por la amplificación del chirrido, que estaba en algún lugar bajo la galería y que lomás probable fuera que hubiera construido su madriguera en un macetón dispuesto en un rincón. Esoexplicó su soledad, su torpeza y su canto empezó a parecernos desesperanzado.
El más sonoro y más hermoso de los gríllidos, el Ganímedes de la raza, el que tenía quefecundar a todas las hembras con su semilla revolucionaria para llevar a la especie a la conquistadel mundo, se quebraba las alas en el lugar equivocado, bajo una galería cerrada por la lluvia,donde las gatas, aunque dormitaran, no iban a permitir el paso de las grillas, que tal vez ni loescucharan.
Demasiado confiado en la fuerza de su canto, nuestro Títono eligió mal el territorio de sureino y se condenó a una vejez solitaria y estéril.

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