Lamentablemente, el logro de la asignación universal por hijo a trabajadores informales ydesocupados o las promesas de un crecimiento económico para 2010 (para algunos del 4 y para otrosdel 6 por ciento) no logran tapar ni remediar el drama social en la Argentina.
Sólo por la soja exportada, aún sin los precios esperados, la venta de la cosecha aportaráingresos que pueden superar los 20 mil millones de dólares. Se beneficiará el país, siempre ycuando cese la fuga de divisas (llegaría a 45 mil millones de dólares computando los últimos cuatroaños) pero, por sobre todo, varios sectores económicos. Pese a todo, no se advierte una tendencia ala reinversión de utilidades o de mayores inversiones productivas, quizás por temor a la inflacióno a disposiciones oficiales arbitrarias en la marcha del día a día. Ese crecimiento esperado noimplica, de ninguna manera, una transformación profunda en el país. Crecimiento no será igual adesarrollo y expansión si se padecen los dilemas de infraestructura que ya son de arrastre y a losque no se les encuentra solución. Históricamente hablando, Argentina tiene la misma matrizproductiva y tecnológica de hace 10 y hasta 20 años
Si ésta es la fotografía no distorsionada, se aceptará que las condiciones económicas no vienenofreciendo nuevos puestos de trabajo. Ni prometen modificaciones substanciales. Con lo cual, sepersiste en la segmentación y precarización del mercado de mano de obra disponible. Según losexpertos, la inflación en alza y la inestabilidad laboral son generadores de mayor pobreza. Dan unejemplo: hasta mediados de los años 70, hasta antes del Rodrigazo, la pobreza no era mayor al 8 porciento. Con la hiperinflación de 1989 que condujo a la salida precipitada del presidente RaúlAlfonsín, la pobreza trepó al 25 por ciento de la población hasta arañar el 35 por ciento, pocoantes de la crisis de 2001/2002. Sin ingreso de dólares, la convertibilidad comenzó a hundirseirremediablemente a partir de 1996 y 1997 (la desocupación fue del 20 por ciento ese año) y en 1998se inició una de las recesiones más impactantes de la segunda mitad del siglo XX en la Argentina.Los bolsones de pobreza y marginalidad se fueron ensanchando. Según los datos oficiales del primertrimestre de este año, en la mitad de los hogares de todo el país entran menos de tres mil pesospor mes, pese a las mejoras emprendidas como la asignación por hijo y los retoques salarialesnominales o las etapas de mayor empleo.
Teniendo en cuenta esta cifra, los consultores privados afirman que una familia tipo del GranBuenos Aires necesita algo más de tres mil pesos para satisfacer sus necesidades básicas, siempre ycuando su salud sea cubierta por el sistema público y la educación por las escuelas estatales,provinciales o municipales.
El Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina que revisatodos los años las condiciones materiales de vida de la población (vivienda, salud, infraestructuraurbana y situación económica de los hogares) juzga, en su última investigación, que la crisisnacional e internacional de 2008 y 2009 desaceleraron la creación de empleo de calidad.
Según los datos, al estudiarse la realidad laboral de los desocupados en 2007, se observó que unaño y meses después se encontraban en la siguiente situación: el 38,5 por ciento trabajaba en unempleo precario, un 16 por ciento se deslizaba en ubicaciones inestables (changas, autoempleo), un18 por ciento continuaba desocupado, casi un 17 por ciento permanecía en inactividad total y sóloun 10,7 por ciento había obtenido un empleo de calidad. Para el Observatorio, el progreso en lascondiciones de vida de la población entre los años 2004 y 2007 ingresaron en un sendero deestancamiento. Y en 2009, muchos de los logros, en especial la economía de los hogares, sufrieronun retroceso a los niveles de cinco y seis años antes.
*Periodista especializado en Economía.






