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Una historia de la abyección

¿Cuántas veces empezamos un libro esperando algo de él que más tarde, en la lectura, no encontramos? Decepción es lo que sobreviene: nos habían hablado tanto, teníamos tantas expectativas. Pero, a veces, sucede lo contrario.

22-08-2026 | 06:00

Cuántas veces empezamos un libro esperando algo de él que más tarde, en la lectura, noencontramos? Decepción es lo que sobreviene: nos habían hablado tanto, teníamos tantasexpectativas. Pero, a veces, sucede lo contrario. Lo que no preveíamos nos desvía del camino denuestros deseos, pero al mismo tiempo va tejiendo otros. En Huesos en el desierto, el escritor yperiodista Sergio González Rodríguez había contado como nadie los asesinatos sistemáticos demujeres en la frontera entre México y los Estados Unidos. Roberto Bolaño utilizó sus vastosconocimientos para un largo capítulo de su novela póstuma, 2666. González Rodríguez publica ahoraEl hombre sin cabeza, un libro que aparentemente se centra en la última tendencia delictiva delnarcotráfico mexicano: decapitar a sus víctimas. Pero ése es sólo el disparador de este ensayocaótico, sinuoso, personal, que por momentos utiliza los ropajes de la crónica pero que se saletodo el tiempo de cauce, gira a lo ensayístico, se vuelve autobiográfico.

González Rodríguez parece saber qué es lo que esperan los lectores al ver la tapa de su libro,pero se dispone a decepcionarlos de manera voluntaria, es decir, superando esa curiosidad. Así,construye un inquietante tratado sobre el miedo, el pánico y la estetización del horror, que estambién una breve historia del México actual. Datos y más datos del terror, que se apilan a travésde las páginas: hay 500 mil personas en ese país dedicadas a tiempo completo al negocio del tráficode drogas; existe allí un mercado de 15 millones de armas, la mitad de ellas ilegales; el cincuentapor ciento de su territorio está bajo control del narcotráfico, que recauda entre 10 y 25 milmillones de dólares al año. Nunca hubo en México más sucesos mafiosos que en 2008: 17 secuestrospor día y 5.200 ejecuciones, de las cuales 170 terminaron en decapitación.

“Quien le corta la cabeza a un semejante es capaz de cualquier crimen”, escribe elautor. Y no se hace difícil creerle. Cuenta también que ya desde el séptimo milenio antes denuestra era se registran evidencias de la costumbre de cortar la cabeza de los enemigos. Lasucesión histórica de los decapitados es tan antigua que hunde sus raíces en la mitología: dePerseo y la Medusa a los mensajes mafiosos de hoy, pasando por Juan el Bautista, Luis XVI y MaríaAntonieta. “La usanza de las decapitaciones en México se atribuye a la influencia de losnarcotraficantes de Colombia que, desde años atrás, impusieron un trasfondo estético-ritual en elderramamiento de la sangre”, explica González Rodríguez.

La contratapa de El hombre sin cabeza promete una entrevista con un sicario experto endecapitaciones. El personaje aparece recién a pocas páginas del final. Como si intuyera laexpectación morbosa de los lectores, el autor lo despacha en pocas páginas: pero cuatro páginas quese hacen inolvidables. ¿Cuál puede ser la razón de un libro así, si es que los libros puedennecesitar de razones? González Rodríguez, que se expuso (y lo vuelve a hacer) a las represalias delnarcotráfico por su trabajo, parece tenerlo claro. Y lo explica así, en la página 154:“Contra la ideología de lo ‘indecible’, lo ‘inenarrable’, ‘loincomprensible’, en otras palabras, contra el imperio de lo arcano, se requiere exponer eimaginar la barbarie para contrarrestarla”.


*Desde Barcelona.

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