•recordando a juan pablo II

Una humanidad sin Padre

Sobre la gran epopeya misionera católica y europea entre el siglo XIX y el siglo XX pesan graves interrogantes, planteados durante los años sesenta.

Una humanidad sin Padre
23-08-2026 | 21:39

Sobre la gran epopeya misionera católica y europea entre el siglo XIX y el siglo XX pesan gravesinterrogantes, planteados durante los años sesenta. Análogos y aun más graves interrogantes pesansobre un evento más lejano, la conquista de las Américas, de la cual, justamente durante elpontificado wojtylano, en 1992, se celebra el quinto centenario. ¿Las misiones han sido agentes dela expansión occidental, de la destrucción de las culturas y de las identidades locales? Juan PabloII fue consciente de los límites y de las responsabilidades del colonialismo, como escribe en Vitae pensiero; pero tampoco quiso que se repudie la actividad misionera de la Iglesia. En Ecclesia inAfrica, la exhortación apostólica que reúne las ideas del sínodo sobre Africa, hay un vibrantehomenaje a los misioneros.

La encíclica Redemptoris Missio, para dar un nuevo impulso a la misión, es de diciembre de 1990,cuando la división de Europa está superada. Juan Pablo II, de manera sorprendente, afirma:“La misión de Cristo redentor, confiada a la Iglesia, está aún bien lejos de su cumplimiento.Al finalizar el segundo milenio de su venida, una mirada de conjunto a la humanidad demuestra quetal misión está aún en el inicio”. ¿Cómo se puede definir como inicial la misión después desiglos de intensa actividad? Para Karol Wojtyla afirmar que la misión está “en losinicios” significa recordar que existe el desafío de una nueva evangelización en tierras queeran cristianas, como Europa; pero, sobre todo, recordar que el cristianismo es una pequeña minoríaen Asia y debe aún conducir a una actividad misionera en Africa. El Papa habla de la misión en sulibro entrevista, cuando trata acerca del número relativo de cristianos en algunos mundos. Hace unaafirmación que contrasta con lo que llama “derrotismo”: “Si el mundo no escatólico desde el punto de vista confesional, ciertamente está empapado muy en profundidad por elEvangelio. Es más, se puede decir que, en algún modo, está presente en ello invisiblemente elmisterio de la Iglesia”. La primera y gran reforma para Wojtyla es la afirmación de lacentralidad de la misión. A los jóvenes que en 1987 en Buenos Aires le preguntan cuál es supreocupación más grande por la humanidad, el Papa responde: “Pensar en los hombres que aún noconocen a Jesucristo”. El mundo tiene necesidad de esto para no autodestruirse: “Unahumanidad sin padre –continúa– y en consecuencia sin amor, huérfana y desorientada,capaz de seguir matando a los hombres que no considera hermanos”. La misión es la salvaciónde Europa con el redescubrimiento de una extroversión generosa. La concepción que Wojtyla tiene dela vida de la Iglesia es fuertemente agónica. Nos encontramos ante “una potenteantievangelización, que dispone de medios y de programas y se contrapone con gran fuerza alEvangelio y a la evangelización”. La vida de la Iglesia, sobre todo en la evangelización,está íntimamente conectada a la “lucha por el alma de este mundo”. En un mundoinestable y cambiante, marcado por profundas rupturas, no hay situaciones de rédito para laIglesia, como era en un régimen de cristiandad donde la transmisión de la fe pasaba a través de loscanales certeros de las instituciones sociales y de la familia. El gran límite del cristianismoeuropeo es el haberse resignado a una dimensión reducida, replegándose sobre sí mismo. En 1982, elPapa dirige un discurso a los obispos europeos, invitándolos a no tener miedo, “porque quizásestamos desanimados y resignados: Es necesario que también nosotros de nuevo reencontremos estellamado a la esperanza”. Juan Pablo II siente la condición “agónica” de laIglesia en el mundo contemporáneo, es decir de lucha. Es una condición que Miguel de Unamuno habíaintuido en su La agonía del cristianismo, cuando había escrito: “Es necesario definir elcristianismo agónicamente, polémicamente, en función de la lucha”.


*Fundador de la Comunidad de Sant’Egidio, considerada una diplomacia paralela delVaticano.

Autor del libro Juan Pablo II: un papa carismático.

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