Conocen el cuento de las dos personas y los pollos? Seguro que sí. Es una broma, pero sirvepara hablar de cifras y contextos: si una persona comió dos pollos y la otra se murió de hambre,para las estadísticas a cada uno le tocó un pollo. El jueves pasado el diario El País publicó unartículo titulado “La venta de libros sigue bajando”. Los números son del mercadoeditorial español, el más importante de la lengua castellana, y el autor tuvo el cuidado deconsignar en la primera línea la profunda crisis económica que atraviesa su país, otorgándole a lascifras que siguen un contexto dado, un marco desde el cual interpretarlas. La industria del libroespañola, por su dimensión, suele marcar el paso de las que la secundan en importancia enhispanoamérica (México, Colombia, Argentina) y es por eso que este tipo de noticias se vuelvenrelevantes. Números, entonces: en 2009 se vendieron 4 millones de libros menos que en 2008 y 14menos que en 2007. En 2009 se publicaron 76.200 títulos, de los cuales más de la mitad fueronnovedades (alrededor de 40 mil nuevas obras que aparecieron en castellano en un solo país y en unsolo año), 3.200 más que en el 2008, aunque el promedio de las tiradas de cada título haya bajadode 5 mil ejemplares a 4.200. Mientras los lectores de ficción subieron entre un 3,2 y un 4,5%, laventa de libros de texto bajó un 6% (lo que refuerza la idea de muchos de que el libro electrónicoy no el impreso se quedará, en el futuro, con el mercado de los libros de estudio). Pasado enlimpio: aunque nadie sabe muy bien qué va a pasar con la industria editorial, se decide continuareditando más títulos mientras todos repiten que la gente lee cada vez menos, lo que, acompañado deuna tendencia alcista de los precios de venta de tapa, hace que los números sigan bajando.
En la Argentina sucede algo similar. En el 2009 se editaron 20.300 nuevos títulos, casi el dobleque en 1999 y unos 300 más que en 2008. La cantidad de ejemplares producidos también muestra unaleve caída: de 82 millones y medio de libros en 2008 a unos 75 en 2009, seguramente por el ajusteen las tiradas. Hace algunos años había leído que el promedio de lectura en la Argentina era de 0,5libros por año por habitante, por lo que los números no son del todo sorprendentes. Es decir, si lacantidad de libros producidos parece crecer más rápido que la población lectora, ¿qué esperaban?Las editoriales producen más libros por necesidad: apuestan a los títulos como un jugador lo haceen la ruleta (para ver si consiguen un bestseller) y producen más ejemplares para tener mayorpresencia en los puntos de venta. Nadie piensa en qué sucede con todos esos libros que días despuésde ser impresos quedan viejos, o peor aun: en todos los árboles que desaparecieron para producirlibros que no serán leídos (ni siquiera abiertos) jamás.
La conjunción de la vanidad de los autores con la voracidad de los agentes editoriales es unproblema central de la industria del libro que nadie quiere ver. Las empresas son comandadas porgerentes financieros y expertos en marketing preocupados por alcanzar sus objetivos derentabilidad, y el puesto de editor ya casi no existe, por lo que nadie cree verdaderamente en sutrabajo y los autores y lectores quedan librados a su suerte. Después, cada fin de año, vuelven asorprenderse porque las ventas caen en picada.






