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Una muerte anunciada

Cómo se explica el final del ex presidente. La ceremonia fúnebre dejó un claro mensaje político: el crecimiento de Máximo K.

24-08-2026 | 19:11

El fallecimiento de Néstor Kirchner tuvo todos los elementos de la crónica de una muerteanunciada. Los dos severos episodios vasculares que sufrió a lo largo de este año –el primerocarotídeo, en febrero, y el otro coronario, hace poco más de un mes– fueron dos alertas queel ex presidente desoyó. Vanos fueron los intentos de sus médicos de hacerle tomar conciencia deldelicado estado de sus arterias y de la necesidad imperiosa de bajar los niveles de estrés a losque se exponía en su vida diaria. El último fin de semana había sido particularmente tenso. Elinesperado vuelco que tuvo el caso de Mariano Ferreyra, el joven militante del PO asesinado en losconfines de la Capital Federal por una patota que respondía a la Unión Ferroviaria, lo tenía“caminado por las paredes”, como lo describió un legislador de trato diario con elesposo de la Presidenta. Por eso, cuando a las 7 de la mañana del miércoles pasado la Dra.Fernández de Kichner advirtió la extrema gravedad del cuadro que padecía su marido, la situaciónmédica era ya irreversible. En ese contexto quedará para la conjetura el saber por qué no había amano un desfibrilador en la casa del matrimonio presidencial y por qué no lo acompañaba un equipoparamédico especializado en prácticas de resucitación.

La muerte de Néstor Kirchner marca un cambio copernicano en el panorama político de laArgentina. Dentro de la particular estructura que constituye el kirchnerismo, él era elconstructor, así como su esposa la fuente de sustento doctrinario. El matrimonio presidencialcontemplaba un proyecto de por lo menos ocho años más de permanencia en el poder a través delmecanismo de sucesión alternativa entre uno y otro. Eso ya no habrá de ser posible.

Néstor Kirchner era el ministro de Economía real del gobierno de su esposa. Pasó con MartínLousteau, con Carlos Fernández y seguía ocurriendo con Amado Boudou.

El Dr. Kirchner era quien, desde la mañana temprano, fatigaba los teléfono de gobernadores eintendentes para hacerles saber que era él quien decidía a dónde, en qué cantidad y cómo seasignaban los dineros públicos destinados a gestión y a obras. El era, también, el que ordenaba loscastigos y el maltrato a aquellos que se atrevían a disentir.

Como siempre pasa en estas ocasiones conmocionantes de la vida política de un país, cada gestode sus protagonistas tiene un sentido y un significado. La decisión de velar el cuerpo del expresidente en la Casa de Gobierno, junto con la de ni siquiera hacer pasar al cortejo fúnebre porlas puertas del Congreso, fueron señales claras de no querer darle a la oposición ningún tipo departicipación en sus exequias. La determinación de la Presidenta de no saludar a ninguno de susadversarios –con la excepción del Dr. Ricardo Alfonsín– fue, como signo de convivenciapolítica y como mensaje hacia delante, un mal gesto. Muchas veces, la condolencia generada por elinconmensurable misterio de la muerte afloja las pasiones y ayuda a levantar las barreras que nosseparan .

Todas las fuentes del Gobierno señalan la frialdad de la Presidenta para con Hugo Moyano. Una delas últimas conversaciones que tuvo el ex presidente en la noche del martes fue con el lídersindical, a quien le había molestado la orden del Dr. Kirchner de bajar a varios intendentes delJusticialismo bonaerense para que le vaciaran la reunión del consejo provincial del partido. El expresidente se había dado cuenta de que Moyano comenzaba a tomar un vuelo político excesivo.

En la noche misma del fatídico miércoles 27, el ministro del Interior, Florencio Randazzo,convocó a una docena de intendentes del Conurbano. Habló con ellos sin ambages y les hizo unaadvertencia: “si no nos unimos, vamos a tener problemas”.

Daniel Scioli también ha percibido lo mismo; por eso es que mañana tiene planeado reunirse conintendentes de la provincia de Buenos Aires. Bajará hacia ellos un mensaje similar.

“La Presidenta rápidamente producirá gestos para mostrar que la gestión sigue sinmodificaciones; el mensaje de la calle fue la profundización del modelo”, explica una fuentedel Gobierno. La presencia de la multitud –con gran participación de gente joven– quese acercó al velatorio y acompañó el trayecto del cortejo fúnebre fue un dato que impactó alGobierno. Hubo allí muestras de afecto conmovedoras hacia la Presidenta y de dureza a los que nopiensan como el Gobierno. En las redes sociales, se reprodujo ese encono tanto desde sectoreskirchneristas hacia quienes no lo son como desde éstos hacia aquellos. Este constituye el aspectomás preocupante del presente político de la Argentina, en el que subyace la idea de un país de unosu otros y no de unos y otros. Terminar con este estado de cosas debería ser uno de los objetivosinmediatos del Gobierno y de la oposición.

La gobernabilidad del país no corre ningún riesgo. Cristina Fernández de Kirchner no esIsabelita y la Argentina de hoy en día no es aquella de 1974. Lo que sí hay es un escenariopolítico diferente al existente hasta la noche del martes último. En el esquema funcional delmatrimonio presidencial, Néstor se encargaba de todas las situaciones conflictivas que forman partede la vida diaria de un gobierno. “A Cristina no hay que llevarle problemas”, se leescuchaba decir muchas veces al ex presidente. Ese vacío será abismal. “Néstor Kirchnerhablaba hasta con concejales”, recuerda una voz del oficialismo. Habrá que ver cuánta de esatarea la asume la Presidenta y cuánta delega en su círculo íntimo. En este contexto, cobraráimportancia su hijo, Máximo, quien tiene atracción por la actividad política. Habrá que observar,también, cómo se desarrollan las relaciones entre los distinto sectores del gabinete en el queconviven los “Cristinistas” –el canciller Héctor Timerman y el ministro deEconomía Amado Boudou– con otros, como el ministro de Planificación Julio De Vido–quien alguna vez manifestó que prefería a Néstor por sobre Cristina– y el jefe deGabinete, Aníbal Fernández.

“Este es el momento tuyo y de Sergio Massa”, le dijo el jueves por la noche alintendente de La Plata, Pablo Bruera, Felipe Solá, quien agregó: “Sin Kirchner, el PeronismoFederal no tiene mucho sentido”. Algunos se esperanzan con la posibilidad de lareunificación. Están a la espera de gestos de conciliación. Este es el desafío no sólo para eljusticialismo, sino también para toda la sociedad. He aquí, pues, el interrogante fundamental de laArgentina que viene: ¿Unirá Cristina Fernández de Kirchner lo que su esposo dividió?

Producción periodística: Guido Baistrocchi.

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