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Una pantalla gigante

Me gusta escribir sobre fútbol, quizá porque al no ser periodista deportivo me siento un poco impune haciéndolo, o porque como todos los deportes me parecen un poquito absurdos puedo dar un paso al costado y mirar mal eso que pasa, o porque siempre jugué pésimo y en mi tecleo hay algo de revancha contra toda esa testosterona de patadas y humillaciones.

Una pantalla gigante
28-07-2026 | 13:17

Me gusta escribir sobre fútbol, quizá porque al no ser periodista deportivo me siento un pocoimpune haciéndolo, o porque como todos los deportes me parecen un poquito absurdos puedo dar unpaso al costado y mirar mal eso que pasa, o porque siempre jugué pésimo y en mi tecleo hay algo derevancha contra toda esa testosterona de patadas y humillaciones. El asunto es que el jueves pasadogrité fuerte el tercer gol argentino contra Corea del Sur, pero me pareció que lo gritaba tarde.Pasaba algo extraño en la cuadra. Los obreros de un edificio vecino en construcción festejaban losgoles unos segundos antes que yo. Después me di cuenta de que estaban escuchando el partido porradio, que casi no tiene delay. La televisión no es exactamente en vivo. Vemos en Argentina lo quesucedió en Sudáfrica hace tres segundos o más. Me parecía que los gritos populares que llenaban elpulmón de manzana eran la verdadera cosa y los míos eran gritos fríos de goles transmitidos en altadefinición y en diferido. Desde mi soledad calefaccionada, desfasado de los goles peronistas, mecorría a mí mismo por izquierda y miraba por TV el pasado reciente, todo el glamour futbolísticodel estadio Soccer City. Nuestro DT y sus dos adjuntos trajeados de Armani. Esa diablísima trinidadsusurrándose palabras a los gritos. ¿Qué le decían a Maradona, actuando al unísono como Rosencrantzy Guildenstern, Mancuso y Enrique? ¿Le recordaba Mancuso que lo rescató a Diego de una racha bajaconvocándolo al Showbol? ¿Y el Negro Enrique?, ¿le repetía en la oreja: Diego, sin mi pase corto demedia cancha no hacías jamás el gol famoso a los ingleses? ¿Qué destilaban en su oído? No se sabe.Algo, consejos desaforados para el patriarca de barba entrecana que parece estar en trance mientraslo asesoran en estéreo. De pronto una pelota desviada llega al mini corralito simbólico del bancode suplentes que no logra contener al mejor jugador de todos los tiempos, una pelota que el Diegorecibe y se la devuelve a un mediocampista de taquito o levantándola como si tuviera manos en lospies, como si tuviera un pie prensil. Me obsesiona Maradona, me asombra que su biografía sigateniendo capítulos increíbles por escribirse. Mi obsesión por descifrarlo me lleva muchas veces acaricaturizarlo. Pero hay que decir que los que criticamos alguna vez a Maradona como DT quizá nosvamos a ir convirtiendo cada vez más profundamente en Totis Pasmans. El Mundial lo dirá. Por ahorala Selección funciona con estallidos de genialidad. ¿Cuánto hay de Maradona en esta victoria, asícomo claramente hay mucho de Bielsa en la victoria de Chile sobre Honduras? Ya llegarán los golesde Messi y es probable que esto dé para más fiesta y para barrer más temas bajo la alfombra. Porqueya que estamos con las preguntas, ¿qué estará pasando mientras tanto detrás de las pantallasgigantes del Gobierno de la Ciudad? ¿Qué estará pasando detrás de los millones de pantallas que elEstado favoreció facilitando las 50 cuotas? No hay que olvidarse que la palabra pantalla significaalgo que tapa, que cubre, que oculta.

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