•REPITENCIA Y DESERCION

Una realidad que debe ser modificada

Las distintas consultas efectuadas a docentes y directivos de escuelas secundarias de Capital y del Gran Buenos Aires nos señalan un gran incremento en los índices de repitencia, que en algunos casos llegan a más del 50%.

23-08-2026 | 10:41

Las distintas consultas efectuadas a docentes y directivos de escuelas secundarias de Capital ydel Gran Buenos Aires nos señalan un gran incremento en los índices de repitencia, que en algunoscasos llegan a más del 50%.
Si bien hemos planteado en forma reiterada la necesidad de un profundo cambio (desde lasraíces) de la educación media, el fenómeno creciente de la repitencia nos parece que debería serencarado de alguna forma.
¿Por qué decimos que la repitencia es el paso previo a la deserción? El repetir de año tienelecturas concurrentes en el ánimo del estudiante. Por un lado, éste debe enfrentarse a una condenasocial, al ser considerada la repitencia como un fracaso atribuible únicamente al alumno. Por elotro, al repetir el año lectivo debe volver a cursar un número de asignaturas que ya había aprobadoen su cursada anterior. Si bien en algunos casos pueden ser muy pocas, en otros pueden ser 6 o 7,con programas que seguramente no son muy distintos a los que transitó el año anterior. Además,estará en el aula con compañeros que, en el mejor de los casos serán un año menor a él, en unaetapa en que las diferencias pueden ser grandes. También deberá convivir en la escuela con suscompañeros del año anterior que pasaron de año, con lo que verá acentuada su convicción de que esun perdedor.
Desde luego que en la escuela, salvo excepciones, nadie se habrá preguntado por qué causaeste chico no ha podido pasar de año, tomando en cuenta que las señales de peligro no aparecen ennoviembre, sino que ya se avizoran a comienzos del año lectivo. En pocas palabras, para elestudiante repetir el año (lo exteriorice o no), es un infierno que en muchos casos termina ennuevas derrotas frente al sistema y, en otros, se concreta en la fuga hacia delante, es decir ladeserción. Por otra parte, la institución también sufre. La presencia en los cursos de un númeroconsiderable de repetidores le quita prestigio y provoca el alejamiento de nuevos estudiantes. Enresumen, el sistema actual, expulsivo, logra el efecto de promover la educación privada, dejándolea la escuela pública el rol de escuela para pobres y para estudiantes con dificultades insalvables.Exitoso como pocos el proyecto privatizador.
Si la cuestión la insertamos en un programa integral de reforma del sistema, el problemaestaría subsumido en un enfoque generalizado de la relación de la escuela con sus alumnos. De todasmaneras, resolver esta problemática en forma aislada, nos enfrenta con dificultades no imposiblesde sortear.
Al exponer estas ideas, sentimos necesario aclarar que la solución que propugnamos no pasapor reducir el grado de exigencia en la adquisición de los conocimientos requeridos para avanzar enla cursada. No se trata, como seguramente lo expresará la prensa conservadora y muchos docentesque, por otra parte, no asumen una mínima parte de responsabilidad en la falta de respuestas yacciones para enfrentar el problema, de propuestas populistas que buscan la salida facilista deaprobar a todos, con graves perjuicios para el sistema educativo y para el país.
La propuesta que formulamos, tiende a proponer que las escuelas permitan pasar de grado a losestudiantes que adeudan materias, pero incorporándolos simultáneamente en un circuito informal encontraturno con un equipo de profesionales que los prepare para aprobar las materias adeudadas.
Esto significa contar, no sólo con docentes, sino que deberán incorporarse otros expertos(psicólogos, sociólogos, trabajadores sociales, etc.), pues se trata de una tareainterdisciplinaria y, por ende, se deberá disponer de los recursos materiales necesarios para esterecorrido. Es indudable, si la idea es exitosa, que los costos finales serán razonables, ya que losrepitentes no deberán recursar asignaturas ya aprobadas y, si se logra reducir la deserción, seevitará el costo de implantar programas de inserción especiales.
La intencionalidad de este breve artículo es promover un debate constructivo frente a unproblema que unánimemente todos creemos muy grave.
Unas consideraciones finales: Las soluciones que bosquejemos serán siempre remiendos, lo que,a nuestro entender, es mejor que no hacer nada. Debemos tener presente que el sistema vigente seapoya en paradigmas obsoletos, propios del siglo XIX, lo cual hace a su condición expulsora, porqueno puede enfrentar una realidad diferente a la que existía cuando dicho sistema tuvo origen.

*Profesor honorario de la Universidad de Buenos Aires.

También en Perfil