Desde 2008, la economía argentina ingresó en una nueva etapa, en la que la creación de empleosgenuinos se hizo mucho más lenta que en la fase anterior. La reactivación de 2010, aún con sufuerza, no está logrando romper ese patrón. Así, el empleo privado formal estará creciendo a unritmo inferior a 1,5% anual durante cuatro años consecutivos, si se extrapola este comportamiento a2011, mientras que en la industria ese guarismo girará entre 0,5% y 1% anual. La suba de los costoslaborales es una de las explicaciones de este fenómeno, pero no es el único. Para lograr una nuevaetapa de crecimiento acelerado del empleo, en un contexto de escasa capacidad ociosa, habrá quelograr un salto adicional en la tasa de inversión.
La nueva etapa de bajo crecimiento del empleo en la Argentina coincide con el advenimiento de lacrisis internacional, pero no se le puede atribuir toda la responsabilidad. La existencia dedeterminantes internos se pone en evidencia cuando se compara la trayectoria de Brasil y Argentinaen cuanto a empleos privados formales. Entre 2009 y 2010, la creación neta de puestos de trabajo enBrasil se aproximará a 2,8 millones, mientras que en nuestro país, posiblemente se llegue a 100 milincorporaciones, siempre computando la nómina del sector privado formal.
La limitada expansión del mercado laboral por un lado, junto con la sostenida reducción delsuperávit comercial por el otro, están derivando en medidas proteccionistas que se adoptan cada vezcon mayor frecuencia. El problema es que ese camino afecta las decisiones de inversión dado que, enel mundo globalizado, formar parte de cadenas de valor repartidas en diversos países es lo quemanda. La Argentina tiene un mercado de tamaño mediano y un gran número de proyectos necesita mayorescala para ser aprobado por los accionistas.
A diferencia de lo que creían los “ludistas”, hay una marcada correlación entrela introducción de nuevos equipos y el empleo. Aquel movimiento, liderado por Ned Ludd, tuvo suauge en plena revolución industrial inglesa, a principios del siglo IXX, y se focalizaba en ladestrucción de las máquinas que, suponían, desalojaban a los trabajadores.
Aquellas percepciones fueron superadas y los datos de la Argentina de los últimos años sirvenpara alejar dudas. Obsérvese el gráfico adjunto que muestra, por un lado, la significación de lasimportaciones de bienes de capital (más partes y piezas) en el PIB de cada año y, por otro, lavariación interanual del empleo en el sector industrial. Si bien el empleo total puede evolucionarde un modo algo diferente del del sector fabril, este último es más sensible a los ciclos y, encierto modo, anticipa lo que después ocurrirá.
Cuando todavía existía capacidad ociosa, por caso en 2004, un nivel de inversiones moderado, quese expresaba en importaciones de bienes de capital equivalentes a cinco puntos del PIB de entonces,era suficiente para lograr una notable expansión del empleo industrial, del orden del 10%interanual. Sin embargo, cuando la economía comenzó a operar cerca del límite, entre los años 2006y 2008, un ratio más elevado de inversiones, consistente con importaciones de bienes de capitalpromedio de 6,3% del PIB, se combinó con una variación importante, pero más moderada, de losempleos fabriles, del orden de 4,7% anual.
Luego de una marcada declinación en 2009, en 2010 las importaciones de bienes de capital seubican en torno de 5,5% del PIB, es decir, casi un punto menos que el período 2006/08, mientras quela variación del empleo industrial entre el segundo trimestre de 2009 e igual período de 2010 es desólo 1,5%.
¿Por qué tanta diferencia con 2006/08? Hay dos razones. Por un lado, el indicador utilizadoes un proxy de la inversión bruta y lo relevante es la neta, después de cubrir las amortizaciones.Es posible que hoy las amortizaciones pesen más que en el pasado mediato.
Por otro lado, está el cambio de precios relativos a favor del factor trabajo. En 2004,cuando el empleo industrial creció el 10% interanual, el índice de costo laboral unitario endólares (corregido por productividad) era de sólo 46,4 comparado con 100 en 2001. Mientras, en2006/08, cuando el empleo creció a 4,7% anual, el costo laboral unitario era de 70,4, es decir,todavía el 30% inferior al de 2001. En cambio, 2010 no registra prácticamente diferencia con2001.
Una primera conclusión: con los actuales costos laborales, para recuperar dinamismo en elempleo, haría falta una caída sustancial del costo del capital. La tasa de interés es negativa,pero esto es válido para operaciones bancarias de un horizonte limitado. De largo plazo, hay muypocas opciones de financiamiento disponibles.
Es cierto que no todos los casos son iguales. Aquellos sectores que han sufrido menos cambiosen las reglas de juego, como el automotor, han respondido bastante mejor que aquellos otros quesufrieron permanentes alteraciones, caso del complejo ganadero-frigorífico. Aquí hay una pistarespecto de las condiciones que deben darse para lograr una explosión de emprendimientos.
Después de todo, una decisión de inversión puede ser vista como una sucesión de múltiplescontratos, con proveedores, potenciales clientes, trabajadores. Algunos de esos contratos son másdeterminantes que otros. Suponiendo que hubiera financiamiento y mercado, quedan –de todosmodos– cuestiones como el aprovisionamiento de energía y la evolución de los preciosrelativos en el futuro, que no son hoy ventajas competitivas que pueda exhibir la Argentina.
Según cálculos de Raúl García publicados en PERFIL, en los días más fríos, hasta ¾ de lademanda de energía de las industrias puede llegar a quedar insatisfecha. Respecto de los preciosrelativos, se sabe que una inflación del 25% anual conlleva el riesgo de que en los siguientes 12meses los precios que definen los costos vayan por el andarivel del 35%, mientras los de lafacturación, por el 15%. El promedio seguirá siendo 25%, pero con impacto en la rentabilidad.
La gran liquidez que exhibe el sistema financiero y las bajas tasas de interés, probablemente,permitan que las empresas puedan mantener algún ritmo de inversiones, con una mezcla deautofinanciación y de crédito bancario. Pero, con los 15 millones de nuevos desempleados que lacrisis generó en los países desarrollados, el contexto es sumamente exigente. La política económicanecesitará más instrumentos para neutralizar eventuales riesgos externos y nuevos incentivos paraque las oportunidades existentes puedan atraer a los emprendedores, sin temer a intervencionesinesperadas que cambien el negocio.
Los números del segundo trimestre no deberían llevar a un optimismo complaciente. Larentabilidad empresaria hoy es significativamente menor que la de los años 2004/07, limitando elautofinanciamiento de la inversión y resaltando el problema de la falta de líneas de largo plazo.El sector más sensible en este aspecto es el de construcción y, nuevamente, la referencia esBrasil, que ganó la batalla de la estabilidad de precios, el crédito hipotecario se expande a unritmo del 77% interanual y esto se expresa en un incremento de puestos de trabajo en el sector de15% en el primer semestre de 2010. La brecha con la Argentina es de nada menos que de 19,1 puntos,ya que aquí el empleo cae 4,1% en enero-mayo, respecto de igual período de 2009, según reconoce elInstituto de Estadística y Registro de la Industria de la Construcción.





