•BORGHI Y SUS MENSAJES

Una víctima de su honestidad brutal

24-08-2026 | 16:44

Claudio Borghi es brutalmente honesto en un medio que no lo es, en un medio que no discriminaentre un tipo como él y uno que se sienta en una conferencia de prensa y esquiva la verdad comoquien salta un charco de agua. Sin ir más lejos, en Boca mismo Carlos Bianchi se rio en la cara delos periodistas negando una renuncia de Basile que se había producido. Borghi no, fue honesto ydijo: “El partido con Vélez será determinante”.
La prensa escrita vive ávida de títulos, lo más difícil de conseguir. En el vestuario postderrota con All Boys, el Bichi se los sirvió en bandeja. Del “el partido con Vélez serádeterminante”, el título de los diarios fue “si Boca pierde con Vélez, Borghi se va. Ello dijo”. Nunca habló de renuncia y lo reafirmó ayer en otra conferencia de prensa.

El técnico de Boca tiene dos pasos previos bien dispares en el fútbol argentino. El primero fueun fracaso estruendoso en Independiente, donde no dejó error sin cometer: dejó al equipo solo enuna gira, no hubo una pretemporada digna de un equipo profesional y en la quinta fecha losjugadores se arrastraban por la cancha.
Después llegó otro ciclo, que comenzó en el mismo lugar en el que el Borghi jugador (unextraordinario caso de técnica individual) dio sus primeros pasos con la pelota y, sobre todo, enel mismo sitio en el que naufragó su primera experiencia como entrenador en el fútbolargentino.

En Argentinos armó un equipo con lo que le sobró a los demás. Su actitud y sus planes fuerontotalmente diferentes a los que tuvo en Independiente. En La Paternal se arremangó, fue juntandofutbolistas a préstamo –el caso más contundente es el de Ismael Sosa, desechado porIndependiente y figura excluyente en el campeón del Clausura 2010– y armó un equipo sólido,rápido y contundente. El título del Clausura no fue casual, Argentinos ya había hecho una campañaexcelente en el Apertura ’09, la primera mitad de la temporada. Si el torneo 09/10 hubiesesido, largo como en el fútbol civilizado, Argentinos hubiese terminado puntero junto con Banfield,con 73 puntos. O sea, su campaña fue producto de una regularidad difícil de lograr en este fútboltan urgido. Argentinos salió campeón y Boca –como sucede cada vez que decide hacer borrón ycuenta nueva– posó sus ojos en el club de Boyacá y Juan Agustín García. Contrató alentrenador y a Matías Caruzzo, el capitán. Los dirigentes de Boca vieron en Bichi a un tipo capazde dar el salto de Argentinos a Boca, no sólo por conocimientos técnico-tácticos, sino por supersonalidad, que casi siempre transmite paz. Boca suele ser una locura, con cientos de periodistasy cholulos girando a su alrededor como los planetas lo hacen con el Sol y cada palabra dicha amedias o poco clara se convierte en un escándalo. Borghi lo acaba de probar.
Esa locura llevó a los periodistas a hablar de ¡¡¡Gallego!!! Después se dijo que “nohabrá interino, piensan en Bianchi” y otros sostuvieron que “ya hablaron conRusso”. Si van a operar, que al menos disimulen.

Este contexto sólo es posible porque Boca empató con Godoy Cruz y cayó en fila con Racing y AllBoys. Las palabras de Borghi, en un vestuario atravesado por el dolor y la bronca, se convirtieronen una comidilla sin mucho sentido. Si bien el comienzo de torneo no fue el soñado, van apenas trespartidos. Es imposible pedir perfección en el funcionamiento. Algunos la hacen fácil y culpan alsistema de tres defensores y dos volantes centrales. No es por ello que Boca lleva un punto denueve, sino porque casi todos sus jugadores están en un nivel paupérrimo y todo parece unacontinuidad del ciclo anterior.
Cuando la cosa se puso difícil –sobre todo con All Boys–, ningún jugador exhibióaunque sea un atisbo de reacción. En el entretiempo, Borghi les gritó, entre decepcionado y triste,que estaban jugando en Boca y lo que había pasado en el primer tiempo era impropio de la camisetaazul y oro. La arenga no dio resultado, los cambios que hizo tampoco.
Pedir que se vaya Borghi o reemplazarlo parece demasiado. Hasta el momento, es el único quereaccionó. Palermo debe estar en el nivel más bajo que le conocemos desde que juega en Boca. Y paraRiquelme hay que esperar bastante, aún.

La famosa línea de tres comete los mismos errores que la línea de cuatro de antes: le hacengoles en cuanto le llegan más o menos profundo y, como en el segundo gol de All Boys, todos mirancómo un rival fusila de cabeza al arquero propio.
Está Borghi, hay jugadores nuevos y buenos. Hacía tiempo que Boca no elegía bien losrefuerzos.
Ahora sólo resta tener lo único que el hincha y el periodismo que baila alrededor de la vidaazul y oro no tienen: paciencia.

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