•la pelea en el justicialismo

Uno, dos, mil peronismos

Más allá de los problemas objetivos de los Kirchner, sus competidores dentro de la misma corriente también suman dificultades y dilemas.

24-08-2026 | 15:53

Nada más imaginativo que la política: cambiante, tumultuosa, ingrávida. Esa naturalinestabilidad encabezó las idas y vueltas, esta agitada semana, de los tantos peronismos queintegran el país, con cada vez más ciudadanos sin adherir a la causa partidaria, pero con lacerteza de que cada vez más ciudadanos, finalmente, votarán por ella (como ocurre en las sucesivasy últimas elecciones). Y ese sello con escaso contenido y múltiples divisiones no confía en NéstorKirchner (nadie lo imagina triunfando en una segunda vuelta), tampoco en la alternativa renovada desu mujer, menos en Eduardo Duhalde (sigue sin prosperar en las encuestas), otros no dan el“pinet” (Ramón Puerta) o se retiran sin pelear (Juan Carlos Romero), algunos se reducena sus fronteras (los Rodríguez Saá priorizan que nadie les cuestione el distrito), la sangre jovenen su transfusión no mueve a un renacuajo (Juan Manuel Urtubey), emergentes como Francisco deNarváez se estrellan contra el protocolo de su nacimiento y cierta dualidad intrínseca, aliadoseventuales oscilan entre Devoto y Hollywood (Mauricio Macri), entre el deseo y la consumación(Roberto Lavagna), mientras hay quienes no se asumen para el posible cargo que les destinan (CarlosReutemann) y quienes sin respaldo físico dicen postularse (Felipe Solá, Alberto Fernández). Por nohablar de gobernadores cuya estatura se reduce apenas aterrizan en Buenos Aires (Mario Das Neves).Quizás falten otros en la lista, pero al revés de antaño –cuando sobraban aspirantessólidos– ahora no se vislumbra el furor, el carisma, la voluntad inclusive. Y los que puedentenerlo no lo pueden usar.

Por supuesto, el matrimonio oficial se consagra a esa misión. Arguye, “para continuar elproyecto”; esconde otro tipo de temerosas previsiones: el ostracismo del retiro en 2011 y lapesquisa judicial que los intimida, cuya última derivación resulta imprevisible. Aun así, con laamenaza pendiente de que hoy 70% de la población no los desea para el cargo, pugna por modificar elguarismo y se concentra en la vital provincia de Buenos Aires como refugio. Sea para ganar en elorden nacional o para conservar una vivienda que no sea arrasada por el huracán. Y allí estimulaintendentes con obras y otras atenciones, los abulona en la convicción de que no podrán apartarsede su guía –gracias a la nueva ley electoral–por falta de tiempo (serían seis meses aprivarse de asistencias cuando sus economías son tambaleantes), vuelve incómoda la situación de unDaniel Scioli que habrá sido siempre fiel, pero que igual les genera reservas. Es un traje deconfección, no a medida (por más que se vista en Zegna, como Macri). Además, el gobernador cuentacon más adhesiones populares que el propio Kirchner y ese dato, claro, lastima ciertos egos. De ahíque promuevan figuras como Martín Sabbatella, un “vivo útil” para utilizar la jerga dela bipolaridad atómica, quien iría sin candidato a presidente (o sea, habilita a Néstor), pero cuyapostulación le restaría votos a Scioli. Una forma de emparejar voluntades, así es elsocialismo.

Además, para que Scioli no se ilusione sobre sus números, destaca otros candidatos internos(Bruera, Massa, Aníbal Fernández, Moyano y otros) y hasta invita a rivales en la porfía, como DeNarváez, garantizándole un tratamiento más autónomo si llegara a ser gobierno. Juegos del poderinconclusos que ponen nervioso a más de uno desatan tensiones entre La Plata y Olivos. A lo quesería necesario agregar, si la imaginación lo permite: el propio Néstor, si el año próximo observaque no hay espacio para continuar en el mando nacional –podría allanarse a la postulación agobernador–, si viene el vendaval de las elecciones, disponer de un distrito como elbonaerense es más suficiente que cien legisladores propios o el sello partidario para aventar otrosriesgos.

Del otro lado, Duhalde parece dispuesto (lanza el 3 su candidatura en Entre Ríos, de la mano deJorge Busti), aunque tropieza con elementos escasos y dificultades propias; de ahí que el insomniolo consuma sin que los medicamentos lo salven. Pugna por ser él mismo candidato, quiere jóvenes asu alrededor, sueña con la compañía de Macri en la Capital y con De Narváez en la provincia, aReutemann lo ubica en el partido, un ensamble apetitoso electoralmente, pero que se frustra porenconos personales entre los protagonistas y una magra fiabilidad. Hay obvias reservas sobre suinfluencia con los “barones” del Conurbano: nadie duda de que Duhalde habla con losintendentes, pero ninguno de ellos se saca una foto con él. El resto, en dulce montón, observa y seoculta, estima que aún falta más de un año para el desenlace (aunque la ley electoral que pocos hanleído cuestiona esos razonamientos).

Macri, obturado por ahora como cabeza probable del peronismo disidente, se ahoga en susdisturbios judiciales con doble amenaza: el tiempo que habrá de invertir en esa batalla por las“escuchas” y por la sombra de evidencias –ciertas o montadas– que loafectan tanto a él como a alguno de sus colaboradores. Intríngulis político para quien, en lopersonal, dice que nunca estuvo más feliz. El tálamo no garantiza otras necesidades. Para colmo,debe creer que algunos enemigos de los Kirchner, como Clarín, no lo ayudan, más bien lo fulminan;les debe atribuir la causa a los concejales de su partido que aprobaron un competidor del cable enVicente López que trastoca algunos negocios del grupo. A su vez, De Narváez, con ciertadesorientación por la dualidad gobernador o presidente, ve que cierta carrera podría ser mássencilla que la otra y, sin embargo, no puede participar por su origen. Desencuentro casifilosófico que hoy lo aflije, mientras se presenta en Buenos Aires con José Scioli y Emilio Monzó,ambos colaboradores de Scioli, cuya transferencia aún no es asimilada por el entorno que lo llevó aganar los comicios del año pasado.

Ante las ausencias políticas del justicialismo, para la Rosada se busca un relleno del ladomediático, de ahí el formidable escándalo que provocó la cena organizada por el zar de Clarín,Héctor Magnetto, en su casa (con Duhalde, Solá, De Narváez, Macri y Reuteman). Se horroriza elkirchnerismo, le atribuye a Magnetto el don del máximo poder (la mafia, claro) y a los políticosopositores la sumisión, cuando se olvidan de que antes el matrimonio oficial lo convidaba en lanocturnidad de Olivos (Cristina admitió que lo albergó una docena de veces). Más ira cuando a losKirchner se les desarmó una planeada operatoria sobre Telecom, jugada maestra en apariencia de losWerthein –aun sin la bendición del Estado– que les restó capital accionario, pero quelos mantiene en uno de los tres negocios más prósperos del país. De ahí que otros amigos vayan pornuevas radios (¿Cristobal López se hará cargo de Continental?) y desde el Gobierno se cuestione conmás rigor en los próximos días, con la Ley de Medios y una posible intervención a Papel Prensa, elpoder de Clarín. El dilema para los peronistas igual continúa: si no ganan los Kirchner, ¿quién denosotros gana?

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