•derecha vs. izquierda

¿Vamos hacia un bipartidismo?

No, a un bipartidismo no, pero a un bipolarismo sí, o sea a una confrontación entre dos coaliciones, como en Chile y cada vez más claramente en Uruguay y en Brasil, entre una derecha y una izquierda.

24-08-2026 | 11:54

No, a un bipartidismo no, pero a un bipolarismo sí, o sea a una confrontación entre doscoaliciones, como en Chile y cada vez más claramente en Uruguay y en Brasil, entre una derecha yuna izquierda. Al decir derecha no estoy ofendiendo, estoy describiendo una actitud congruente conla forma de entender las cosas del empresariado y de gran parte de la clase media. Por izquierdaentiendo una opción basada en la mentalidad de los trabajadores organizados y de un sector de laclase media preocupado por la justicia social. En el medio hay una amplia gama de centro, sin lacual no se gana, pero sin las grandes corporaciones empresarias o las de las clases popularestampoco se puede gobernar. Hay que estar de un lado del otro. No es cierto que “en laArgentina no se puede gobernar sin el peronismo”. No se lo puede hacer desde el centro (comola Alianza) pero sí se podría desde la derecha, como seguramente hará Piñera en Chile o Serra enBrasil si gana. El esquema polar básico se complica cuando hay grupos más extremos, de izquierda ode derecha, que están afuera de la corriente principal de la política, o cundo el centro revive,aunque sea temporariamente, como parece ser el caso en Gran Bretaña, pero la dicotomíaderecha-izquierda sigue siendo la base del panorama.

Hay quien dice que la Alianza era algo parecido a la Concertación chilena: un partido de centroaliado a uno de izquierda reciclada, y en ambos casos consiguieron un 50% del voto. Pero ladiferencia es básica. A la izquierda de la Concertación chilena no había casi nada. En laArgentina, a la izquierda —bueno, si quieren, hacia abajo—estaba el peronismo. Y laAlianza, aunque fue votada por la derecha como mal menor, no tuvo genuinamente el apoyo del granempresariado, lo que la volvió impotente, porque tampoco tenía estructuras del lado popular.

El problema en la Argentina es que no se sabe bien dónde ubicar al peronismo. Éste ha tenido unatrayectoria multifacética, y en un inicio incluía sectores de raíz nacionalista autoritaria. Pero ala larga se fue desembarazando de ellos. Respecto a Menem, su acuerdo con la derecha no sedistingue demasiado del que hizo en su momento Felipe González en España. La diferencia es queMenem, en vez de darle la mano a sus adversarios, lo que era útil en el momento, se quedó pegado aellos, y así le fue. Y en cuanto a la heterogeneidad de una fuerza social, los que se extrañan deque el peronismo la tenga es porque no conocen la que tenía el Partido Demócrata yanqui en tiemposde Roosevelt, que incluía a los sindicalistas y los progresistas del Norte junto a los dirigentesde los estados terroristas del Sur. Pero así como el Peronismo se purgó, también lo hizo su émuloestadounidense, al romper con la lacra de sus congéneres del Sur.

En el Brasil la derecha, que se está consolidando desde hace unos años, incorpora a un partidode centro, encabezado por Fernando Henrique Cardoso, y una derecha regionalista, los hoy llamadosDemócratas (antes Partido del Frente Liberal). En la Argentina el equivalente de eso sería unaconvergencia entre un liberalismo empresarial tipo PRO y un peronismo disidente, algo regionalista,con jefes como Reutemann o Solá, muy anclados en el mundo rural.

Volviendo al Brasil, por el lado de la izquierda el PT de Lula, con sus fuertes sindicatos,ligados a socialistas y católicos de la Teología de la Liberación, está aliado con sectorescentristas heterogéneos. En la Argentina su equivalente no puede ser otra cosa que un acercamientoen el mediano plazo entre el kirchnerismo, con sus componentes sindicales y piqueteros, y laizquierda moderada o la no tan moderada. A un centrismo autónomo, radical o lo que sea, no le veomucho futuro, pues tenderá a repartirse entre los dos polos en formación. Bueno, podría darles másdetalles y algunos consejos a cada lado, pero ahí ya el precio es otro.


*Sociólogo, ex secretario de Cultura.

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