Quienes se acercan a ella en estos viajes de una semana a los Estados Unidos descubren ciertasdiferencias con su marido antecesor. De concepto y de minucias. Ella le asigna importancia aNaciones Unidas (inclusive en su presunto servicio a los países subdesarrollados) y, naturalmente,a sus propios discursos (tanto que luego los vuelve a citar, autorreferencial, con el latiguillo“yo lo dije” o “lo dijimos”), cuando nadie ignora que en ese escenarionadie escucha ni se interesa (era una conmoción internacional la presencia de Muamar Kadafi y, sinembargo, casi nadie se empeñó en su alocución estrafalaria, tanto que debió pedir al auditorio queno se durmiera y lo miraran). Pese a este desaire general, igual Cristina previamente recorretextos ejercitando su memoria, se aplica a la lectura de frases inolvidables, revisa elatildamiento de su ropa (justo en los días en que Carla Bruni-Sarkozy sacaba ventajas en todo eledificio con la comprensible atracción de su transitada figura), conservando la asesoríainsuficiente del ghostwriter Carlos Zanini. En esta influencia no difiere con su marido, lomantiene en la cercanía intelectual al secretario Legal y Técnico, que ha hecho de la reserva unaprofesión (casi como el finado general Viola, el hombre que parecía inteligente por “sussilencios”), más culposo que pudoroso, como lo reveló su poco justificada ausencia al últimohomenaje que, a sí mismo, se hizo el empresario cordobés Gerardo Ferreyra junto a su esposa, MimiCohen, la joyera: celebró con megafiesta en un salón de La Boca sus 25 años en libertad, comorezaba la tarjeta, ya que antes estuvo en prisión y compartió celda con Zanini, generando esahermandad característica del cautiverio. No vaya a ser que a partir de esa relación se sospeche queFerreyra (la paraoficial Electroingeniería) triunfe en cuanta licitación se presenta gracias a lapoderosa influencia del funcionario.
Bufonadas
Al revés Cristina de Néstor, al menos en la opinión sobre la utilidad del servicio que prestanlas Naciones Unidas, ya que el hombre –desconfiado con razones de ese instituto–tampoco se apasionaba con las monsergas que allí se vierten, ni con lo que él mismo debía expresar,mostrándose indispuesto en esos eventos –quizá porque siempre hay una obligada recomendaciónestratégica a cumplir del gobierno de Washington–, y más deseoso por descalzarse ochancletear en mocasines por esos pasillos, en lugar de sonreír a colegas desconocidos de otrospaíses. Su módico placer, en todo caso, en esa semana de holganza menor ha sido siempre laobservación anual del exigente trasiego urbano de Nueva York en el mediodía de un restaurantemediterráneo, jamás atreverse a una comida de fusión (a ver si se desborda su estricta dieta) o aotra extravagancia gastronómica. Menos, claro, acercarse a una exposición o a un espectáculo. Suexpansión en el viaje era el entretenimiento con los comedidos de siempre, habituales invitadostipo Díaz Bancalari que compiten en la bufonada para aportarle alegría, complicidad oconsentimiento. Como si no fuera necesario pasar a otro hemisferio para esas prácticas de barrio.Sin equivocarse podría decirse que, desde su llegada al poder, en la perspectiva doméstica de losKirchner, ese periplo exprés a la Gran Manzana ha sido una cábala a repetir en la creencia de queno debe evitarse para no provocar a la fortuna en contra. Además, para los protagonistas, algo decamaleónico ofrecen estos viajes: un ligero cambio de piel o de pelaje que también se observa enotros humanos, justo es decirlo. No son tan diferentes los Kirchner. Por ejemplo, un ciudadanocomún no respeta el tránsito en su país, pero sí se apega a las normas de velocidadnorteamericanas. Claro, cuando uno viaja o modifica su vestimenta a la noche, a veces se vuelveotro. En el caso de Cristina, bien puede ofrecer un rostro progresista solicitando y logrando elapoyo de Pino Solanas para aprobar una ley en Buenos Aires, mientras en Nueva York se saluda a losbesos y se ensueña con los directivos de la minera Barrick, los mismos a los que el veteranopolítico porteño los convierte en asesinos seriales en su último documental. Contradicciones que enel matrimonio parecen normas, un mundo apropiado para Lewis Carroll, pues alegar que existen menospobres con los mismos datos y estudios del INDEC que reflejan –a su vez– caída de laactividad económica, desocupación o decrecimiento salarial constituye un ejercicio de Alicia y susmaravillas. Ese sinsentido, denunciado entre otros por un experto en la materia como BernardoKlisberg, hasta hace unos meses instalado y elogiado en la cabecera de Cristina, no ofende niagravia. Más bien, lo afirma a Néstor como rector político. Extrañezas del surrealismo. Impone laley contra el monopolio de Clarín (o su posición dominante, para que nadie se escandalice), luegode la promiscuidad observada con el grupo durante cinco años, hasta se permite abrirla a ladiscusión en el Senado cuando disponía del número, refocilándose ante los adversarios por lograr loque era inimaginable (aun para él, la jibarización del poderío de Clarín) y apremiando con nuevosemprendimientos: una ley sobre educación superior, un avance sobre las Academias, la reformapolítica y, también, una reforma a la de entidades financieras que supone gravámenes al sector, elqué dirán está sin sanciones desde la época de la dictadura de los 70.
Podas kirchneristas
El breviario de los argumentos. Abunda la literatura –y cierta torpeza de losbancos– para justificar un sablazo reclamado por aquellos políticos dispuestos a extraer dela cacerola en lugar de nutrirla con recursos. Ninguno de ellos, casi todos de izquierda, seruborizará por desatender la corrupción atribuida al Gobierno –ahora periódicamente declamadapor Clarín casi con la misma tozudez que la ignoraba antaño–, mientras se apliquen podas acuanto sobreviviente prospere. Ya fue el campo, ahora vienen otros, lo importante es que elsacamuelas jura que la pobreza disminuye como sostiene el INDEC aunque el país se quede sindentadura. Excusa vulgar en el método, como la desnaturalización de la futura Ley de Medios,confundida su catarata de artículos por el argumento de la libertad de prensa, útil para las dospartes en la discusión cuando en verdad las dos partes persiguen otras ambiciones. Poder y plata.Prueba irrefutable observada hasta en el mismo Senado, cuando la prioridad del debate pasa por elplazo concedido al desprendimiento de activos, unos con cierta voluntad para la apropiación luegode un año, los otros convencidos de que si estiran la prórroga a tres disfrutarán de una posicióndiferente con un gobierno nuevo. Plata y poder, nada más, ya que ni menciones hubo sobre la faltade ética de legisladores comprometidos en el negocio (de un lado y del otro), con radios, canales ocables, quienes no se abstuvieron de intervenir, invocando derechos de los ciudadanos cuando sólodefendían sus propios intereses. Podrá decirse que viven contagiados del desparpajo característicodel Gobierno –el cual agrede la inteligencia de un ciudadano común con el impúdico ataque ola brutal ignorancia que le brinda a la oposición en sus medios oficiales–, aunque la falsíatambién corresponde a los privados que anestesian con sus eslogans al auditorio en el espectáculoteatral. Si hasta los controvertidos jueces del país son capaces de prescindirse en una causa siésta involucra a uno de sus hijos. En este ejercicio casi abyecto parecen ganar los Kirchner, hoymanifestándose menos irritantes y, en apariencia, más contemporizadores o democráticos que en elpasado inmediato. Como si fuera un cambio de piel o de pelaje, igual que al realizarse un viaje.Tal vez sea el aprendizaje forzado, el residuo del revés electoral en la provincia de Buenos Aires,donde la pareja había depositado fondos, expectativas y garantías sin sospechar que perdería frentea un outsider de la política como Francisco de Narváez, para colmo socialmente incompatible con losdeseos del dúo. Entonces, si es que hay un cambio, a copiar la movida del jefe socialista dePortugal, Sócrates –se supone que en homenaje al jugador brasileño que excitaba multitudes,no al filósofo ateniense que descreía de la ignorancia popular–, quien “de animalferoz”, como se autodenominaba antes de su última derrota en las urnas, ahora se presenta alos comicios como un “portugués suave”, según lo define la prensa lusitana. En esatarea quizás aparezca Cristina, aunque le cueste. Como su marido, han empezado a pensar que nosirven los anticipos del fracaso personal que les auguran para la renovación de 2011, sean por elhastío a sus figuras, ciertas estadísticas históricas o la realidad de que jamás el matrimoniopodrá remontar la segunda vuelta electoral irremediable para esa fecha, ya que la opinión contrariade los votantes (hoy en 70%) difícilmente pueda revertirse. Si pudo Hugo Chávez reponerse de unapaliza, dicen en Olivos, ¿acaso esa eventualidad no puede ocurrir también con nosotros, máspresentables que el cazurro venezolano?
Qué dicen de Mauricio
Para ellos, ése es un antecedente externo a favor. Y, en lo local, apelan a otro caso, aldespreciable –para ellos– Mauricio Macri: ¿acaso no hubo quienes juraban –comoentonces nuestro ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, delante o a espaldas de Néstor–que elingeniero boquense quizás algún día podría ser presidente de la Argentina, pero jamás jefe deGobierno porteño? No fue en lo único que se equivocó el socio de Argentinos Juniors, por más que seamparara en que hace cinco años la fuerte opinión pública contraria a la figura de Macri erailevantable. Como hoy con los Kirchner. Pero Macri lo hizo. Resulta curioso que ese modelo decambio hoy inspire a la pareja sureña, ambos también entonados para destruir una serie delrecorrido histórico que arranca en 1987 y continúa en 1993, 1997, 2001 y 2005: quienes en esasfechas ganaron las legislativas luego vencieron en la presidencial. Los Kirchner también se creenoptimistas para afrontar ese desafío. Ligero alabeo sobre la izquierda de la pareja en busca deadhesiones, lo que supone –tal vez– hasta aceptar el subsidio universal para la niñezque reclaman distintos sectores, dinero no contemplado a menos que contribuyan vía reformafinanciera banqueros, ahorristas e inversionistas. Este giro político, con miras a 2011, supone unacrisis posible con el sector gremial: es que el peregrinaje por la izquierda complica la relacióncon la CGT de Hugo Moyano, quien ignora muchas cuestiones pero no las elementales. De ahí que en suconsejo directivo imaginen, con algún grado de certeza, que ciertas explosiones judiciales–como el tema de los medicamentos en las obras sociales– en rigor esconden una ofensivapara desarmar el poder gremial, al menos descabezar o jubilar a ciertos dirigentes. Han comenzado aalarmarse y, por lo tanto, a enturbiarse el fluido amistoso entre Gobierno y caciques obreros,preocupados éstos porque en la imaginería popular se los reconoce como fabricantes industriales defalsos remedios o placebos, cuando en verdad sólo deben haber fabricado expedientes ficticios paraconseguir fondos que el Gobierno les retiene de las obras sociales. No menos inquietos parecen losempresarios con los nuevos acontecimientos, desconcertados –eso sí– por la recuperaciónalada de los Kirchner. Hubo quienes, como ciertos políticos antes afines al matrimonio, fueronsorprendidos cruzando la tenue línea del offside. Se escurren ahora ante presuntas represalias,pero no pueden salir de la escena; hasta aceptan integrarse en cumbres casi esotéricas como lareunión promovida por Bruno Quintana en el Jockey Club, congraciando al candidato del PartidoNacional, Luis Alberto Lacalle. Para este ex mandatario, las reuniones con argentinos son un pesar:en el verano tropezó en una en la que varios empresarios oficialistas se enfrentaron entre sí, enPunta del Este –relato pormenorizado que se brindó en este medio–, de la cual él hizomutis por el foro con alguna vergüenza ajena, y desde la cual se le transmitían telefónicamente alministro Julio De Vido los quiebres, escaramuzas y traiciones de ciertos participantes. Enesta ocasión, debió alertarse: en la mesa, además de colaboradores y empresarios, también asistióel gremialista Gerónimo “Momo” Venegas, un duhaldista que por veterano no teme enpresentarse en ciertos lugares ni en descargar munición gruesa contra el Gobierno. Casi uncompromiso para el resto de los invitados, quienes uno a uno también debieron expresar supensamiento: del cuidadoso López Menna, de Buquebus (a quien, en la última elección, le atribuyeronasistencia al Frente ganador), al moderado titular de la UIA, Héctor Méndez, también un menoscombativo Cristiano Rattazzi, al igual que Jorge Zorreguieta y uno de los Bagó. Casi neutro parecióErnesto Gutiérrez, afónico el anfitrión Quintana, insulso Jorge Brito junior; mientras Adelmo Gabbise hizo la cruz por la posible llegada de José Mujica al poder uruguayo, Hugo Biolcati desgranó suhabitual crítica a la discriminación campera en el país y, con menos sutileza, Alejandro Bulgheronicomparó a los dos gobiernos, el que se va de Montevideo (Tabaré Vázquez) y el que se queda enBuenos Aires: los Kirchner. No salió favorecida, otra vez, la pareja argentina. En lo que sícoincidieron todos fue en una información privilegiada: la dama de la Casa Rosada a veces nodistingue bien a empresarios de representantes de cámaras, de ahí que supone como el másinteresante de los dirigentes a un preferido de su corazón, a quien mejor le endulza el oído:Osvaldo Cornide. Casi la misma manía enternecedora que disponía, para el mismo personaje, CarlosMenem en los 90. Una revelación sobre lo que se hornea en Olivos, siempre con el mismo calor, en lacocina de la corte.




