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Viajemos por el tiempo

Días atrás hablábamos del tiempo, ¿se acuerda? No del clima, sino del tiempo que pasa, que nos atraviesa, que nos deja. Cada vez que se habla del tiempo, quienes tuvimos nuestra época de asombro y deleite ante la ciencia-ficción, pensamos en lo que escribieron Dick y Heinlein y hasta Wells sobre los viajes por el tiempo, y nos da la nostalgia.

Viajemos por el tiempo
21-08-2026 | 21:03

Días atrás hablábamos del tiempo, ¿se acuerda? No del clima, sino del tiempo que pasa, que nosatraviesa, que nos deja. Cada vez que se habla del tiempo, quienes tuvimos nuestra época de asombroy deleite ante la ciencia-ficción, pensamos en lo que escribieron Dick y Heinlein y hasta Wellssobre los viajes por el tiempo, y nos da la nostalgia. Tontos que somos, cuando basta con abrir eldiario y encontrarnos con que la gente más inesperada es capaz de servirnos en bandeja un viaje porel tiempo. Véase por ejemplo la proeza de Benedicto XVI. Cierto que se trata de una persona queluce los más altos poderes en esta tierra, y que con un toque de su varita mágica puede lograr loque nosotros, los pobres mortales de a pie, estamos lejos de obtener. Pero no es joda, mire, eso detransportarnos en un fas-trás, a los siglos XIII, XIV y hasta XV allá cuando se creó el GranConcejo con míster Torquemada a la cabeza. Caramba, ¡cuánto duró la cosa! Estuve documentándome enel Pequeño Larousse Ilustrado, no crea que digo pavadas al voleo. Pero entonces, báculo de oro enmano (¿será de oro de veras?, ¿será cartón pintado?) Benedicto decreta: que Marcel Lefebvre es unexcelente muchacho cuyo único pecado consiste en amar el latín y darle la espalda al públicomientras actúa; que tal vez Richard Williamson tenga razón y eso de la shoah (prefiero esta palabray no holocausto que significa otra cosa) sea una mentirita que solamente los chicos inocentes secreen; que mejor es no reconciliarse con el judaísmo que ya se sabe que no tiene muy buena fama; yque borrar las excomuniones de los obispos Fellay, de Galarreta, Mallarais y Williamson, es un actoque proclama su generosidad infinita. La Iglesia es como todas las iglesias una instituciónconfiable en vista de sus adeptos, y desconfiable (esta palabra no viene en el Pequeño LarousseIlustrado) en vista de sus autoridades. La piedra sobre la cual se fundó parece el símbolo y elsigno de lo que pretende: dura, opaca, con destellos de mica y hasta de oro aquí y allá, pero enconjunto pétrea (redundancia), difícil de tragar, un estorbo en el camino más que un empujoncitohacia el cielo. Juan XXIII fue uno de esos destellos de oro; Benedicto XVI es más que la piedrafundante, un muro ciego al pie del cual se dejan morir los que tiene la esperanza de oír cómo bajadesde allá arriba, desde el trono de San Pedro, un himno de comprensión, de aliento, de nobleza yde bondad. Francamente, viajes por viajes, prefiero los de Dick, que estaba más loco que un timbre,y los de Heinlein, que era un reaccionario de cuarta pero divertidísimo. Benedicto no tiene ni eso:no divierte a nadie.

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