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Vida y obra

Vida y obra
24-08-2026 | 16:43

Me llama Carla Castelo para que hable de Fogwill en Radio Nacional. Durante la hora y media deespera entre el aviso y la salida al aire me dejo dominar por la melancolía. Repaso nuestra amistadde 27 años y selecciono un par de anécdotas: todo es del orden de la gracia, el disparate, lalucidez y la terquedad, la resistencia a cualquier dispositivo de clasificación.

Quique no era un vanguardista, y sin embargo, soldó de tal modo su vida y su obra que la una nopuede leerse sino como informe de la otra. ¿De dónde le vino, pienso, la fuerza para proponer unafigura autoral tan compleja y en algún sentido tan anacrónica? De la poesía, claro, a la que nuncarenunció: el sabía que un “autor”, antes que nada, es una manera de escuchar y dedecir: una voz. Y fue capaz de sostener esa voz contra la marea infame de los tiempos: “Miidea es ‘vivir afuera’ de la institución literaria, que, parece que cuando la logro,cautiva a los académicos como Link, que a pesar de ello es buen lector”, dijo alguna vez,refiriéndose a su gran novela Vivir afuera.
Sí, yo me dejé cautivar por ese deseo de intemperie, por esa potencia de disolucióninstitucional, por ese anarquismo salvaje y ese materialismo primitivo que se contaban entre loscimientos fundamentales de su ética.

Los ensayos reunidos en Los libros de la guerra (que yo iba a prologar hasta que Quique dijo queno, porque en ese caso sería un “Trólogo”), cuentos como Muchacha punk (que reinventala lengua) o Help a él (que sobrevive a Borges), poemas como Contra el cristal de la pecera deacuario (que nos interpela con su latiguillo de siete puntas: “Ay tibios”) son, más queobras maestras, una forma de soportar su ausencia.

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