Estuve hace poco en una ciudad de la Costa. Preciosas playas, pero demasiada gente, demasiadosautos, demasiados semáforos, demasiado ruido, demasiado de todo. Tuve la horrible impresión de quela tierra, la arena, el agua, la madera, estaban cubiertos de una capa grosera y espesa de hierro,mármol, vidrio, cemento, carteles, aullidos y “no te hagás la rastacuer despilfarrando laguita / bajá el copete m’hijita con tu pinta abacanada”, como dice el tango. Tuvevisiones. ¿Usté nunca tuvo visiones? No sabe lo que se pierde. Vi cómo desaparecía todo. Porcierto, que nadie se dio cuenta porque eso tienen de interesante las visiones: son propias,íntimas, personales, secretas: yo seguí mirando vidrieras como si nada pero vi cómo desaparecíatodo. Todo, dije: todo. Hubo un silencio enorme en el que se oían los pajaritos y el crujido de lasramas en los árboles y el agua haciendo su acostumbrado glo-glo y nada más. En eso, ¡zás! Empezaronunos ruidos y unas voces de lo más desagradables y yo pensé “ahí vuelve todo” pero no.Volvió otra cosa, otra era, otro escenario, otros personajes. Y yo tuve el privilegio, siprivilegio es, que lo dudo, de contemplarlos. ¿Qué habrán pensado, sentido, digo yo, esos tipospoco recomendables (¡no me diga que usté los invitaría a su casa a tomar el té!) cuando vieron esosmontes silenciosos, ese mar acuciante, esa arena blanca, esa sal que se les pegaba a las botas?¿Habrán dado gracias a sus dioses o habrán sacado las palas de los barcos para ponerse a cavar yencontrar oro? Oro, eso era lo que buscaban y por eso (me) hablaban y gritaban y maldecían yoraban. Y oro fue lo que encontraron y en el oro estuve inmersa a pesar de la grosera capa decemento y vidrio y luces que cubre el mundo. No, no me malinterprete: no quiero que vuelvan lostiempos que pasaron y se fueron y por suerte no volverán. Prefiero este tiempo, con sus visiones ysus desilusiones. Y sin embargo. Ah, sin embargo me pregunto en dónde se esconden las diferencias.Dioses, sables (o bombas, que para el caso es lo mismo), odio, ojos que de inyectados de soberbiase vuelven dorados pensando en el oro. No sé en dónde están las diferencias pero sé en donde serefugia el deseo.

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