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¿Vuelven los partidos?

El vínculo de los argentinos con la política en las últimas décadas se ha ido transformando. Eso no se manifiesta demasiado en las tasas de concurrencia a las urnas, pero se muestra elocuentemente en los sentimientos de simpatía hacia los partidos expresados por la gente en las encuestas.

¿Vuelven los partidos?
24-08-2026 | 02:45

El vínculo de los argentinos con la política en las últimas décadas se ha ido transformando. Esono se manifiesta demasiado en las tasas de concurrencia a las urnas, pero se muestra elocuentementeen los sentimientos de simpatía hacia los partidos expresados por la gente en las encuestas. Sueledecirse que la política de partidos en la Argentina fue reemplazada por la política mediática y lapolítica del clientelismo; pero lo cierto es que esas dos modalidades de vínculos de los ciudadanoscon la vida política son compatibles con la existencia de partidos. Lo distintivo, entonces, es quelos ciudadanos se alejaron de los partidos –y los partidos de los ciudadanos, porcierto–.

Los partidos son –o, más bien, cuando hablamos de la Argentina, eran– organizacionescomplejas capaces de desempeñar distintas funciones: representar a sectores de la ciudadanía,formar consensos, legitimar liderazgos, seleccionar candidatos, respaldar gestiones de gobierno yfuncionar como canales de comunicación entre los dirigentes y la sociedad. Central en elfuncionamiento de los partidos es la pertenencia a ellos de ciudadanos que se enrolanvoluntariamente, o que sin enrolarse se mueven en sus cercanías. Esto último es lo que hadesaparecido en estos años, con consecuencias críticas, porque al no haber ciudadanía dentro ocerca de los partidos, las otras funciones en gran parte no pueden cumplirse adecuadamente. En unmodelo ideal, los partidos son ante todo sus afiliados, sus militantes, tanto o más que susdirigentes. Idealmente, los afiliados son como los verdaderos accionistas y los simpatizantes soncomo inversores que buscan acrecentar su capital político depositándolo allí; son ellos quienesconvalidan a los dirigentes. La realidad nunca es demasiado ideal, pero aun así en los partidosargentinos las cosas eran de esa manera. Muchos dirigentes siempre tendieron a considerarse másconductores que mandatarios de los afiliados, tendieron a ver su rol en los partidos como lostitulares de las acciones y no como lo que deberían ser, los mediadores, los brokers. El problema,que fue agudizándose con los años hasta concluir en la virtual desaparición de la vida políticadentro de los partidos, es que los brokers hicieron uso del capital político que estaba en susmanos como si fuera propio, invirtiéndolo sin el consentimiento de sus mandantes y aun peor, contralas preferencias de estos. Terminaron dilapidándolo. Como el capital político, al igual que todorecurso de capital, es fungible, finalmente no tenían nada, ni ellos ni los ciudadanos que lohabían acumulado. La política quedó entonces en manos de los dirigentes que administran ese capitalmenos voluntario llamado clientelismo y de quienes hacen política a través de los medios de prensa.El clientlelismo siempre existió –y, aun más, en el pasado alcanzaba dimensiones mayores quehoy–, pero coexistía con la política de afiliados y simpatizantes voluntarios. Lo nuevo, conla declinación de los partidos, no fue el auge del clientelismo sino la aparición de la políticapor televisión. Se instaló un nuevo modelo, en el que la oferta política se presenta mezclada conla oferta de entretenimiento, de publicidad comercial y de información televisiva. Aparecieronnuevos dirigentes mediáticos que encontraron cómodo el ejercicio de cultivar al público sin tenerque rendir cuentas a nadie de sus éxitos ni de sus fracasos –ni siquiera a los avisadores o alos productores mediáticos–.

El ciudadano argentino en gran mayoría se sintió cómodo con este nuevo modelo que le haceposible “hacer política” (esto es, hablar de política) sin ningún esfuerzo, desde elliving de su casa, y que le evita exponerse al manoseo de dirigentes partidarios abusivos. Hastaque, con el correr de los años, también el ciudadano empieza a descubrir que ya no tienerepresentantes, nadie de quien esperar nada en materia de decisiones políticas, nadie a quienreclamar, y que en verdad él carece de voz.

Es posible que estemos asistiendo al comienzo de una nueva ola de búsqueda de algo parecido a loque era la política de partidos. Si estos reapareciesen en la escena, y si efectivamente laciudadanía los aceptase, tendrán que mostrar una transparencia que seguramente han olvidado. Pero,además, tendrán que modificar algunos aspectos de su funcionamiento tradicional y adaptarse a losnuevos rasgos de la cultura política: pensar a la sociedad menos en términos de partesirreconciliables entre sí –como lo hacían antes– y más en términos de conjuntos que enparte se diferencian y en parte se superponen; tendrán que tolerar, en mayor medida que antes, ladiversidad de preferencias y las indefiniciones de los ciudadanos. El concepto de “internaabierta”, que reduce la importancia de la afiliación a un partido, pone en valor, en cambio,la idea de ciudadanos que hoy pueden estar con uno y mañana con otro con una mayor fluidez. Así esel mundo de hoy en otros planos; los partidos tendrán que reinventarse a sí mismos para que lagente los sienta parte de este mundo y no un resabio corporativo de otros tiempos.


*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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