Vulnerables

Padecen de una debilidad, pero no la ven como tal. Creen que es solo una circunstancia. Le dan el carácter de anécdota. Gajes del oficio, la llaman a su indigencia.

Vulnerables
24-08-2026 | 01:25

Padecen de una debilidad, pero no la ven como tal. Creen que es solo una circunstancia. Le danel carácter de anécdota. Gajes del oficio, la llaman a su indigencia. Peor aún, murmuranes-lo-que-hay, en tono casi inaudible. Ponen los ojos en blanco, como implorando caridad. ¿Lamerecen?

Véase, como mero ejemplo, la foto de la agencia Efe publicada el martes 22 por un matutino,junto a una crónica titulada “El Gobierno ratificó su apoyo a la industria automotriz”sobre la presentación de Amarok, una camioneta de la alemana Volkswagen, ensamblada en laArgentina.

El presidente local de VW, Viktor Klima, un empresario de Austria, cuyo gobierno encabezó de1997 a 2000, comparte algo más que sus dos K con el matrimonio presidencial. La foto lo muestra enuna actitud que, de tan empalagosamente cortesana, es mortificante para el decoro. Ante unaCristina Kirchner entre divertida y asombrada, Herr Klima se agacha, toma la mano derecha de laPresidenta y se la besa. ¿Viejas costumbres de la fulgurante e hipócrita Mittel Europa? Tal vez.Pero además, el empresario europeo le dijo a Cristina en el acto en la planta de General Pacheco:“estoy convencido de que usted es tan talentosa como su marido para traernos buenasuerte”.

¿Qué necesidad había de tanta obsecuencia? Los empresarios que hacen negocios en la Argentinafueron puestos a parir desde 2003. Según el relato oficial del kirchnerismo, para la casa quegobierna hace ya seis años y medio, de marzo de 1976 a abril de 2003 sufrimos sin interrupciones“el neoliberalismo” y las empresas fueron dueñas y señoras de la Argentina. No hacedistingos la mitología oficial. No diferencia a Martínez de Hoz de Sourrouille, ni a Cavallo deLavagna. El tiempo nuevo habría empezado con Kirchner en la Casa Rosada, pautado por una fiera ydigna actitud de rigor y energía con empresas y empresarios. ¿Fue así?

En estos 79 meses no han faltado zafarranchos y batallas tangibles, durante las cuales elGobierno maltrató crudamente a la burguesía no amiga, a la vez que mantuvo bien dulce alcapital-kirchnerismo realmente existente.

A Shell la tuvieron contra las cuerdas y le mandaron piquetes para bloquearla, como hoy lossufre Esso. A Techint le facturaron de todo, desde su inicial acercamiento a Lavagna hasta susnegocios globales, en particular la venezolana Sidor, estatizada por Chávez. Las cementeras, comoLoma Negra, maltratadas por el camionero Moyano, no sólo no recibieron comprensión y justicianeutral, sino una actitud abiertamente adversa de la cartera laboral, que convalidaba los desmanes.Algo similar le pasó a Kraft, fábrica de alimentos, donde el gremialismo peronista fue desbordadopor la militancia de extrema izquierda.

El Gobierno nunca dejó de hostilizar a las compañías periódicamente mortificadas por demandasexorbitantes o aprietes extorsivos. Cabinas de peaje copadas en unas autopistas cuyosconcesionarios deben seguir cobrando precios ridículamente bajos, hasta generar el derrumbe de laahora intervenida Autopistas del Sol. Subterráneos paralizados ante la pasividad del Estado porquetrabajadores de Metrovías (empresa del grupo Roggio) desean un sindicato propio, demanda legítimaque, sin embargo, pretenden consumar martirizando pasajeros y, de paso, debilitando las arcas dequien les paga el salario. Distribuidoras de electricidad y gas impedidas de actualizar tarifas queatrasan cinco años. Una cadena de supermercados, Coto, que ya en el arranque del kirchnerismo fuebruscamente disciplinada cuando su dueño admitió que había inflación en la Argentina, algo queOlivos tipificó como intento de golpe de Estado. Proveedores de salud cuyas tarifas son dibujadasprimitivamente por el secretario de Comercio con secas instrucciones telefónicas, porque Moreno nofirma nada por escrito.

No ha sido un gobierno totalmente anti empresas. La comida que la noche del martes les ofrecióel matrimonio presidencial a los empresarios pretendía exhibir cordialidad con el podercapitalista. Es que los Kirchner no están en contra del capitalismo. Para ellos, y por esoinvitaron a Daniel Hadad a Olivos, capitalistas aceptables son quienes someten sus negocios a lasdecisiones oficiales. Estaban también YPF, Edenor, Telecom, Aluar, Elea, IRSA, Aeropuertos, BancoMacro, Techint, Bagó, Arcor y Pan American, entre otros. Hasta La Nación, condenada por losKirchner a los vituperios más primitivos, fue invitada al banquete.No es sencillo diferenciarlosinequívocamente. Hacer negocios significó siempre en la Argentina concesiones al poder y rapiña alEstado. Ahora también, pero más que nunca. Hay que pertenecer. Dado ese paso, los Kirchner nuncainterpondrían reparos ideológicos.

Eso diferencia al austriaco Klima del argentino Aranguren, intrépido director de Shell en estepaís. Admirado y hasta envidiado por su coraje y frontalidad, se parece poco a un patrón argentinotípico. Sus colegas lo miran con inquieta debilidad, pero jamás se animarían a copiarlo. Tal vez nosean tan edulcorados y excesivos como Klima, a quien los Kirchner le traen buena suerte, perotampoco objetarán explícitamente lo que –en cambio– condenan vitriólicamente cuandohablan off the record.

Aflojan desde su debilidad, se agachan con presunto pragmatismo, sin advertir que así agravan suanorexia corporativa. No terminan de comprender estos burgueses intrépidamente oportunistas que soncada vez más vulnerables. Cada renunciamiento los hace menos fuertes. Cada obsecuencia menosrespetados, más visiblemente rehenes de sus enérgicos y exigentes secuestradores. ¿Síndrome deEstocolmo? No lo creo. En los secuestros, el abducido padece, al menos inicialmente, una violaciónindeseada, hasta que luego y, eventualmente, captores y cautivos se enamoren. No sucede aquíeso.

El síndrome de la Argentina es más penoso, un mecanismo de medio pelo. Besan las manos de susalimentadores, convencidos de que el vasallaje es un rápido camino a la prosperidad. Pero sonvulnerables, no hay vuelta que darle. Ya se irá viendo.


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