Witoldo y su discípulo

Abro la computadora y descubro en el correo de la mañana un mensaje cuyo tema es “Witold Gombrowicz y Blaise Pascal”.

Witoldo y su discípulo
23-08-2026 | 00:07

Abro la computadora y descubro en el correo de la mañana un mensaje cuyo tema es “WitoldGombrowicz y Blaise Pascal”. Con otros encabezados, la experiencia se repite cotidianamentedesde diciembre pasado y cada día llega un artículo en el que Gombrowicz viene acompañado por Joyceo por Simone de Beauvoir, pero también por Perón o por César Aira e incluso por apellidos polacostales como Iwaszkiewicz o Nowinski que en algún caso resultan escritores y en otros banqueros oamas de casa que conocieron a Gombrowicz durante su estadía en la Argentina.

Los mails no son exclusivos. Mi dirección es parte de una larga lista de destinatarios y los 189mensajes no solicitados que recibí hasta el momento son parte de una serie mucho más amplia que asu vez constituye sólo una sección de una obra colosal e infinitamente ramificada que tiene comocentro exclusivo a Gombrowicz y de la que es responsable Juan Carlos Gómez, un discípulo a quien elmaestro llamaba “Goma” y que desde hace muchos años se dedica a cultivar la memoria delescritor y a desarrollar su pensamiento mediante escritos variados que van desde la reflexiónestética y filosófica a la difusión de sus anécdotas (una mezcla que hace honor al estilo delhomenajeado).

Gómez ha publicado un libro con las cartas que Gombrowicz le dirigió entre 1957 y 1969, y otroque se llama Gombrowicz, este hombre me causa problemas, además de esta colosal serie de notas quese pueden leer en Internet y que distribuye a diario.

Estos artículos están agrupados bajo el nombre genérico de Gombrowiczidas, pero —si noentendí mal— gombrowiczidas son también para Gómez los admiradores de Gombrowicz, aunque lapalabra haga pensar más bien en sus asesinos. Sin intentar una interpretación psicológica, pareceindudable que una obsesión como la de Gómez le debe causar efectivamente problemas. Entre ellos, noes menor el de las conflictivas relaciones con el mundillo de la cultura local, que no es menoshostil en 2009 que en 1945. Por eso, una parte de los textos gombrowiczidas se ocupa de latrastienda literaria y de los choques que Gómez mantiene con sus figuras principales o secundarias.Así es como se encuentran fragmentos como “sería hora de que el Buey Corneta, unrepresentante de la ambigüedad y del mundo florido, dejara de llenarse la boca con Gombrowicz alque sólo utiliza de adorno y para darse tono”, o “El Vate Marxista y el FilósofoPayador contribuyeron en forma originaria a crear alrededor de Gombrowicz un mito nativo contra elcual se rebelaron algunos escritores argentinos como el Casanova”. Es cierto que laidentificación de los personajes resulta un poco críptica, pero cada tanto Gómez envía una listacon el quién es quién compuesta por entradas como “Orate Balaguer: Enrique Vila-Matas;escritor” o “Farsante Ambulatorio: Juan Pablo Correa; periodista”.

¿Está loco Gómez? Sí, probablemente, pero eso no quiere decir mucho. Especialmente porque elintento por mirar el mundo a partir de una vida y una mente tan singulares como las de Gombrowicz,que se deslizaba sin dificultad entre la miseria y la gloria, lo concreto y lo abstracto, lo alto ylo bajo, lo nacional y lo cosmopolita, la comedia y la tragedia, resulta una empresa intelectualtan legítima y fascinante como las mejores. Tal vez Gómez resume el sentido de su propia obracuando habla sobre Gombrowicz o la seducción, la película de Alberto Fischerman en la que cuatrodiscípulos evocan al maestro. En ese artículo sostiene que en lugar de otra adaptación banal deGombrowicz al cine, Fischerman advirtió que estaba frente a su “obra maestra secreta”:las huellas que había dejado en esos jóvenes y en particular en el Goma, dedicado a vivir en ununiverso gombrowicziano y a hacer perdurar la aspiración de rebeldía y de grandeza que le fuetransmitida y que desde entonces lo posee. Por eso vale la pena esperar esos mails cada mañana.

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