Qué pasó en Chile? Debo recurrir a Internet porque estoy en Berlín y acá tienen su propiacatástrofe natural: Xynthia. Es un tornado bautizado –como siempre– sobre el pucho ysiguiendo un orden alfabético que reclama una equis como inicial. Los estragos en España y Francia,sumados al caos aéreo por el cierre de aeropuertos, hacen que peligre este festival de teatroporque varias compañías están varadas. Y han hecho pasar a un modesto segundo plano las otroraalarmantes noticias de Chile. Que, a su vez, ha desplazado a Haití, y así.
Esta atracción por la catástrofe tiene una raíz muy humana. Somos animales de razón, por esonos fascina lo que escapa de ella. Tenemos una coartada moral dudosa, porque leer sobre desastresno hace que necesariamente ayudemos a los damnificados, más bien satisface esa curiosidad morbosaque surge de sospechar que habitamos una superficie irracional y caprichosa, amoral ydesorganizada.
Y también está el “etnocentrismo de las periferias”, que consiste más o menos ensobreimprimir la noticia local por sobre el panorama de desastres mundiales. ¿Recuerdan cómo lasfunestas imágenes de aquel tsunami fueron absorbidas raudamente por las de este Cromañón? No digoque esté mal, ¿por qué habría de estarlo? Sólo trato de pensar hasta qué punto ocurren esas sutilespreponderancias de lo cercano por sobre lo general, sobre todo cuando lo “cercano”queda para todo el mundo central, en el culo del mundo.
Así, la imagen más magnética es para mí la del tsunami en Palermo Soho, que veo con fruicióncada vez que me conecto. Cruce de vía, Córdoba y Juan B. Justo; de pronto aparece una olaincreíble, maravillosa, inexplicable, de unos seis metros de altura. Segundos después, comprendemosque es producto del tren que surca Palermo. La noticia es comentada así: “El paso de un trenen medio de las inundaciones sorprendió a un grupo de personas que esperaba en el paso anivel.” Es falso: esta gente fantástica no se muestra “sorprendida”. Cuando salende debajo de la ola, siguen cruzando la vía con una resignación ante la que es imposible no reírsecomo loco.
La vida continúa. La vida es tan irracional como la catástrofe.
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