•tras la crisis del bcra

Y ahora... ¿quién podrá defendernos?

Se ratificó que el Banco Central será, en esta nueva etapa, la principal caja del Gobierno. La inflación quedará en manos de la política fiscal.

Y ahora... ¿quién podrá defendernos?
24-08-2026 | 08:53

El trámite en el Senado, en torno a la ratificación de Mercedes Marcó del Pont al frente delBanco Central, puso en evidencia los problemas que enfrentaremos en los próximos meses y años.
Primero, un aspecto institucional. Mercedes Marcó del Pont, nunca debió aceptar el cargo parala que fue nombrada, simplemente porque esa aceptación la obliga a cumplir con un mandato delCongreso –la Carta Orgánica del Banco Central– con la que ella, explícitamente, no estáde acuerdo
Entiéndase bien: Mercedes Marcó del Pont podría merecer el Premio Nobel de Economía, yseguramente, es una extraordinaria mujer; no es eso lo que está en discusión. Pero éticamente, loque debió decir es “primero reformen la Carta Orgánica del Banco Central y después asumo comopresidenta”.
El Senado en pleno, a su vez, debió acompañar el rechazo del pliego generado por la Comisiónde Acuerdos por la misma razón. No puede ser presidente del Banco Central quien no está dispuesto acumplir con el mandato constitucional y del Congreso.

Esto es lo que debió pasar, si no fuera porque la politiquita, como siempre, se impuso por sobrela política.
Pero, ¿qué significa, en materia económica, el control del Banco Central por parte del PoderEjecutivo? Un retroceso de veinte años en la macroeconomía argentina. En efecto, el problemaeconómico clave es que, a partir de ahora, el Banco Central se ratifica como la caja principal delGobierno, con lo que ello implica en materia de impuesto inflacionario, para los pobres y enmateria de falta de “ancla de expectativas”, para los formadores de precios.
No es que el Banco Central de Redrado no financiara, en especial en los últimos tiempos, alTesoro. Pero lo hacía dentro de ciertos límites, cuidando la dosis. Los empresarios y lossindicalistas podían intuir, sino saber, que la política monetaria “pasiva” deconvalidar la suba de precios y salarios, tenía un dique de contención. Que cualquier movimientoexagerado no iba a ser convalidado con la política monetaria y cambiaria. (Terminemos con laestupidez de que los aumentos salariales, más allá de las ganancias de productividad, no soninflacionarios. Si es así, subamos los sueldos por decreto 1000% y seamos felices. Todo aumentogeneralizado y brusco de demanda o de costos trasladables es inflacionario, en la medida en que elmercado lo convalide. Y el mercado lo convalida si la emisión monetaria “aceita” lasuba nominal de precios en un marco en que los consumidores están dispuestos a pagar el preciofijado en función de sus ingresos, de su voluntad de “desahorrar” o endeudarse–si pueden–, o de la posibilidad o no de sustituir su demanda hacia otro tipo de bieneso servicios).
En la medida en que la emisión monetaria deja de ser una variable de política del BancoCentral y la pasa a determinar el déficit del Tesoro, financiado con emisión, la tasa de inflaciónqueda a merced de la política fiscal.
Es eso lo que nos pasó en la Argentina inflacionaria de la década del 70 y del 80. Y es esolo que nos puede llegar a pasar ahora. A un nivel mucho menor, por cierto, pero no por ello menosgrave. Por supuesto, siempre es posible retirar dinero del sistema absorbiendo liquidez excedentede los bancos, pero eso no es gratuito ni en términos de tasa de interés, ni en términos de créditoal sector privado.
El dilema “inflación o la paz de los cementerios” es tan falso como el de“default o reservas”. Y ninguna política viable se construye sobre falsos dilemas.
Y esto me lleva al largo plazo. La Argentina post 2011 tendrá dos tipos de desafíos.Recuperar un macro que le de un contexto de estabilidad a las decisiones micro. Y recuperar unescenario de reglas de juego que sirva de paraguas para un fuerte crecimiento de la inversiónprivada en los sectores que necesitan de inversión a largo plazo y no sólo de las oportunistas decorto.
La semana que pasó fue, en ese sentido, decepcionante. Porque mostró a los opositores, enespecial a los del peronismo no K y del radicalismo, incapaces de acordar la defensa de laestabilidad macroeconómica y subestimando el tipo de problemas que la Argentina enfrenta hoy yenfrentará en los próximos años. Y serán ellos los protagonistas de los consensos futuros.
La pregunta clave, entonces, que asusta hoy a gran parte de la sociedad, es la que se hacíanaquéllos personajes televisivos de la serie mejicana: “¿Y ahora quién podrádefendernos?”

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