•EL DELICADO CAMINO DE LA TRANSICION

Ya no queda lugar para tanto ego

Javier Hernán García tiene 23 años y también 23 es la cantidad de partidos en la Primera de Boca, entre los 14 del Apertura 2008 y los 9 en los que defendió el arco xeneize desde el partido contra Atlético Tucumán en la Bombonera hasta la derrota con Rosario Central del domingo pasado.

24-08-2026 | 11:13

Javier Hernán García tiene 23 años y también 23 es la cantidad de partidos en la Primera deBoca, entre los 14 del Apertura 2008 y los 9 en los que defendió el arco xeneize desde el partidocontra Atlético Tucumán en la Bombonera hasta la derrota con Rosario Central del domingo pasado.Con esta cortísima carrera, se dio el lujo de increpar a un entrenador en el vestuario previo a unpartido importante –todos los que juega Boca lo son– con un amago de irse a las manos.Martín Palermo –354 partidos con la camiseta azul y oro, 218 goles en el club–intervino para que la cuestión no llegara a la agresión física. Intervino tanto Palermo, que fuequien convenció a Abel Alves de que García fuera al banco y no a la tribuna para evitar un mayorescándalo. La verdad, a esta altura era exactamente lo mismo.
Pablo Nicolás Mouche todavía no cumplió 23 años. Fue compañero de García en el corto tramo deinferiores que hizo en la Ribera. Mouche llegó desde Estudiantes de Buenos Aires en 2005, a los 18años. Jugó en la Reserva, dirigido por Alves. En 2007 fue a préstamo a Arsenal. Volvió a mediadosde 2008. Tuvo un tramo de titularidad, mostró condiciones interesantes. Fue campeón del Apertura2008 con García de compañero y Carlos Ischia de entrenador. Desde que Basile puso a Gaitán dedelantero, Mouche quedó relegado. Como pasó cientos de veces, aparece un pibe, se destaca, baja elrendimiento y vuelve al banco hasta una nueva chance y la estabilización. Mouche todavía no pasópor los dos últimos estadíos. Tiene 48 partidos en el primer equipo de Boca y sólo metió 4 goles,uno cada doce. Con estos números, se le plantó a Alves y le dijo un disparate por no haberlo puestode titular en la espantosa actuación del equipo contra Colón.
Pero ni García ni Mouche tienen trayectoria ni razones para no acatar una decisión delentrenador, por desacreditado que esté. Y si bien eso puede ser una anécdota en un mar deconflictos, que se rebelen dos pibes y que el que evite un mal mayor sea uno de los consagrados, esun emblema de que en Boca todo está al revés. Y desde hace rato. No es casual que en los últimostres torneos cortos, Boca haya terminado debajo del décimo puesto.

Uno puede culpar a Alves de muchas cosas. De hecho, tiene responsabilidad en los continuoscambios, en su exagerado discurso de hincha, en elegir a un jugador como Luiz Alberto por un video,en poner a Prediger de volante derecho contra Newell’s sin tener el estado físico adecuado(después, sólo jugó un partido más), de no rodear bien a Riquelme –dueño de los poquísimosmomentos de lucidez del equipo–, de no conseguir que el equipo asista a Palermo, de generarun caos interno a partir de las salidas de Abbondanzieri e Ibarra, de no darle al equipo elespíritu necesario para remontar situaciones adversas, de tardar una eternidad en poner a Méndez devolante central. Pero no es justo que se lleve toda la carga solo.
El de Boca es un plantel muy difícil. Hace muchos años (y aquí fue dicho) que Riquelme yPalermo dividen aguas. Los dirigentes jamás se atrevieron a tomar alguna medida drástica para queestos dos egos no convivan si no pueden. La interna –la más dura que yo recuerde en 30 añosde carrera– se llevó puestos a Ischia, Basile, Bianchi y Alves y a muchos jugadores. Dehecho, Rodrigo Palacio, en la intimidad, dice que una de las grandes cosas de haberse ido de Bocaes “no verle más la cara a Riquelme todos los días”. Julio César Cáceres fue víctima deuna salida vergonzante y desprolija, casi que lo sacaron por la ventana. Aquella vieja afrenta aRomán nunca fue perdonada, en realidad. Alves tiene un pasado y una historia en Boca que, claroestá, no es la de Natalio Pescia ni la de Silvio Marzolini, pero es respetable. Pero comoentrenador no tiene espaldas. Y sin espaldas, tomó la decisión de sacar a Abbondanzieri y a Ibarra.“Pateó el hormiguero”, dijo alguien. La metáfora es brillante. Nunca más pudo juntar alas “hormigas”. Sacó a Palermo contra Atlético Tucumán con el partido 0-0 y de local.Martín no se lo bancó, aunque no dijo nada. La prensa lo destrozó, en parte, porque no tiene lachapa de Basile o Bianchi. Siempre fue más fácil pegarle a Alves que poner la lente sobre ladirigencia o sobre los ídolos malhumorados. Los hinchas empezaron a mirarlo con desconfianza.Volvió a sacar a Palermo contra Chacarita, tras lo que Martín le recriminó: “¿Vamos perdiendoy me sacás?”. En la intimidad, Palermo se mostró enojadísimo porque “siempre me saca amí y al 10 nunca”.

Pero la dirigencia hizo todo mal. Jorge Amor Ameal –está dicho acá– un tipo decente,con capacidades probadas en el manejo de un club. En Boca intentó sacarse de encima el lastrepolítico que implican las presencias de Juan Carlos Crespi y José Beraldi y trajo a Bianchi demanager, apoyado por el dirigente Marcelo London. Les fue mal a todos: a Ameal, a Bianchi, aBasile, a London y a Boca. Crespi y Beraldi sacaron un miserable rédito político, pero Boca estáanteúltimo. O sea: todos traccionaron a Boca hacia abajo, llevaron a un equipo al cadalso por notener las agallas suficientes para tomar decisiones importantes y esperar que lo haga Alves. Encuanto el Chueco sacó a dos históricos –eran sólo los primeros de la lista–, losdirigentes lo dejaron solo. Los jugadores se rebelaron, los dirigentes salieron a mentir en losmedios pintando un supuesto bienestar y el entrenador quedó solo.
Anoche, Ameal salió a hablar otra vez para sostener que el deseo es mantener a Palermo y aRiquelme en el club, más allá de que todos sabemos que lo que quiere la CD es todo lo contrario.Tito Pompei se hizo cargo del equipo en medio de un ambiente de sonrisas.
Alguien sigue sin entender que esto se arregla con decisiones trascendentes, de esas queduelen y que tienen costo político. Por ahora, el único que tomó alguna medida importante fue AbelAlves: renunció, después de que Boca perdió su tercer partido al hilo, el quinto en las últimasseis presentaciones.
No alcanza. En Boca ya no queda lugar para tanto ego. La transición tiene que terminar juntocon el ciclo de varios. Si no lo entienden, Boca seguirá en esta letanía. Y su gente no loaguantará.

También en Perfil