Yo, Cleto

Qué quieren que haga? ¿Por qué tantas acusaciones y tanto enojo? No encuentro respuestas satisfactorias. Me hago cargo. Creí en ellos y los acompañé, pero se necesitan dos para bailar el tango. Acepté acompañarlos. Me llaman traidor cuando se trataba de una “concertación”. Ahora, dos años largos después de ser elegido vicepresidente, resulta que soy un “traidor”.

Yo, Cleto
24-08-2026 | 04:12

Qué quieren que haga? ¿Por qué tantas acusaciones y tanto enojo? No encuentro respuestassatisfactorias. Me hago cargo. Creí en ellos y los acompañé, pero se necesitan dos para bailar eltango. Acepté acompañarlos. Me llaman traidor cuando se trataba de una “concertación”.Ahora, dos años largos después de ser elegido vicepresidente, resulta que soy un“traidor”.
Yo no los embauqué, fueron ellos quienes me propusieron un acuerdo. Mentira. No queríanconcertar nada, hoy lo sé. Necesitaban un rostro diferente para darle credibilidad a esa idea del“cambio” que ella divulgaba.
Los radicales nunca fuimos enemigos de los acuerdos. Del radicalismo siempre han surgidoproyectos transversales. Gente del yrigoyenismo se acercó a Perón en los años cuarenta. Radical eraFrondizi, que en los años cincuenta se asoció a Perón. ¿Se olvidan que Balbín se abrazó con Perónen Gaspar Campos en 1973 y que el 4 de julio de 1974, en las exequias del General, dijo, junto alcadáver: “Este viejo adversario despide a un amigo”? ¿De qué se asombran ahora los queme acusan de pactar con los Kirchner?

Está bien, tienen razones para recelarme o no creerme. Cuando acepté la candidatura en lafórmula con Cristina, los Kirchner ya habían ninguneado el juicio a las juntas, ejecutado porAlfonsín. En marzo de 2004, Kirchner dijo en la ESMA que la democracia había hecho silencio duranteveinte años sobre los derechos humanos. Es verdad que entonces no dije una palabra. También admitoque cuando hice campaña con ella, ya los Kirchner venían profundizando sus ataques a los medios,levantando programas, boicoteando a periodistas al negarles la pauta oficial y cortando con laprensa todo contacto que no fuera de compraventa. También es cierto que, en complicidad con Chávez,hicieron una anti cumbre contra los Estados Unidos en 2004, con Bonafini, D’Elía y Maradona.
No lo puedo negar. Todo eso sucedía. Pero denme el beneficio de la duda. ¿Acaso no teníarazones para suponer que ella sería diferente? ¿El lema de la campaña no era “Cristina, Cobosy vos”? ¿No decían que el cambio recién comenzaba?
Tal vez haya sido muy crédulo para tragar el argumento de que ella traería superior calidadinstitucional. Soy mendocino. No sólo vivimos al lado de Chile, sino que nos parecemos a ellos, oal menos queremos parecernos; somos ceremoniosos y serios, tuvimos buenos gobernadores y nuestrospolíticos han sido superiores a la media del país. Para los mendocinos acordar, dialogar yconsensuar está en nuestras costumbres. Tal vez eso primó en mí. No podía desechar un ofrecimientoque parecía generoso.

Acepto mi cuota de ambición personal. ¡Ser vicepresidente no era una tontería! Debería haberpensado un poco más en la historia del peronismo: Quijano, Teissaire, Solano Lima, Isabel, Duhalde,Ruckauf, Chacho Alvarez y Scioli fueron vicepresidentes peronistas, ¿no?
Me debo haber obnubilado. Me olvidé por completo de mi partido y me fui junto a los Kirchner.Pero tuve sensibilidad para reaccionar a tiempo y evitar lo irreversible. Votar en contra de la 125pacificó al país y desactivó la bomba de los Kirchner y sus retenciones agropecuarias. ¿Traición?No lo veo así: voté en conciencia. Hacerlo por ellos y permitir que se incendiara el país habríasido irresponsable, pero los Kirchner me hubieran adorado.
Me la jugué. Ya se sabe cómo son ellos: se sienten traicionados. Pero no soy un traidor. Yosoy yo. En 2007, con Cristina, fui yo, al margen de toda disciplina partidaria. Y cuando en 2008les volteé la 125, también fui yo, no un títere del matrimonio.
Comprendo a muchos radicales, que salieron magullados de las elecciones de 2007. Hoy tengoafecto y reconocimiento por lo que hicieron, cuando yo me fui del partido, dirigentes como Moralesy Sanz se pusieron la UCR al hombro en la hora más amarga y ahora me permiten volver al partido yaspirar a ser el presidente de la Nación en 2011.

No engañé a nadie. Estuve con los Kirchner. Me desilusionaron. Seré ingenuo. Me acuerdo de unaconferencia de prensa que di en 2008, antes de mi voto “no positivo” en el Senado. Lamoderaba Alfredo Leuco, y ya se me terminaba el tiempo del que disponía. Desde la concurrencialevantó la mano Pepe Eliaschev y me hizo una última pregunta. No le podía decir que no, porquerecordaba que cuando los Kirchner lo echaron de la radio, en 2005, yo no abrí la boca y meavergonzaba ese silencio mío. Pero al mirar mi reloj, y ver que se me hacía tarde, le dije a Leuco:“Bueno, pero muy breve respuesta, porque la Presidenta me está esperando y si llego tarde,¡me mata!”. ¡Para qué! Leuco, con su típica tonada cordobesa, dice: “¿Se da cuenta,ingeniero, que ése será el título mañana, que si usted llega tarde, Cristina lo mata?”.
Tengo aspiraciones legítimas. Me votaron tanto como a ella y si me quieren echar (comohicieron con otros vicepresidentes peronistas o aliados de ellos), que me hagan juicio político, sise atreven. Es inaudito que Lilita proclame a los cuatro vientos su bronca porque en 2007 fui conlos Kirchner. ¿Acaso ella no se fue del radicalismo en 2000, se lavó las manos del destino de laAlianza y armó otros partidos? Me acuerdo muy bien qué opinaba de ella el Dr. Alfonsín: guiñaba unojo y decía: “Cuidado con Lilita, porque ella habla con Dios…”.

Lo dicho, pues: yo soy yo. Cuando corresponde, soy no positivo. Hoy de aquí no me muevo. Measombra que se la pasen acusándome de conspirador, porque si yo desapareciera de los medios, elGobierno ganaría muchísimo. Tal vez yo no sea el padre de la patria que muchos quieren ver, perotampoco soy un Judas. Es lo que hay, ¿no? Pero ahora lo importante es que los argentinos tenganopción el año que viene, sin caos. Quiero ser esa alternativa. ¿Cómo haré? No niego que cada día seme hace más insoluble seguir en el cargo, y querer ganar la presidencia dentro de 700 días. Yaveremos. No soy un tipo de arrebatos y en la Argentina nunca se sabe. (El autor de esta columnajamás cruzó más de dos palabras a solas con el ingeniero Julio Cobos.)

También en Perfil