•ricardo fort y arthur rimbaud

“Yo es otro”, la clave de las mutaciones

Hace un par de siglos, antes de abandonar la literatura a favor del tráfico de esclavos, el niño genio Arthur Rimbaud escribió, entre otras, una frase ejemplar: “Yo es otro”.

“Yo es otro”, la clave de las mutaciones
24-08-2026 | 02:45

A esta altura importa poco recordar el resultado de la votación telefónica que consagró comoganadora del ciclo didáctico danzante 2009 de Tinelli a la novia de Matías Alé; tampoco resultaurgente averiguar si en las instancias eliminatorias previas, el heredochocolatero alquilabalocutorios para comprar telefónicamente sus triunfos: menos aún, indagar si el programa estabagrabado y resultaba entonces un gasto inútil el llamado de los televidentes anónimos que apostabansus dineros a la apoteosis de un destino ajeno. Abundar en estas especulaciones con las que sesolazan la moral promedio y los animadores de CQC, ocultaría el asunto central: Ricardo Fort y susderivaciones.

Hace un par de siglos, antes de abandonar la literatura a favor del tráfico de esclavos, el niñogenio Arthur Rimbaud escribió, entre otras, una frase ejemplar: “Yo es otro”. Esa frasedefinió por mucho tiempo la apuesta máxima del artista moderno, una apuesta por lastransformaciones extremas de la experiencia estética. “Yo es otro” es un milagroagramatical, la clave de todas las permutaciones. Esas tres palabras quiebran la sentenciatautológica del Dios de la Biblia (Yo soy el que soy) a favor de una ruptura de la identidad delartista y de sus producciones que, desligadas de la tautología, se vuelven infinitas. Al menos comoposibilidad.

Pues bien, a fines de la primera década de este siglo, y en una nueva ecuación impensada,Ricardo Fort postula para el arte la necesidad de una nueva práctica: ser el otro de lo que se erapara ser lo que se es. Como si hubiera llegado el momento de la legitimación pública del “Soylo que soy”, que amasijaban Celeste Carballo y Sandra Mihanovich. Por supuesto, esta ecuaciónfortiana no forma parte del discurso, es la afirmación visible de una identidad estética. En esepunto, poco importa que las formas que asume sean las de una inversión elemental de su pasado. Desu presunta amistad íntima con Guido Suller a macho latino conquistador del hembraje ajeno, dealfeñique de 44 kilos a Terminator anabolizado, de paganini de las fiestas nocturnas de la vidaloca a cobrador de tarifas por acto de presencia bolichera. El sinsentido aparente de sumetamorfosis –todo por la visibilidad, la vida por la fama– va mucho más allá de susdeseos de convertirse en un artista; lo mejor de él no será lo que de aquí en más prodigue en losescenarios (para este punto alcanza con no mencionar sus discretísimos talentos de bailarín y rogarque algún crítico musical agudo omita el comentario de su perfomance canora en algún intolerablefragmento de El fantasma de la ópera). Lo interesante es que, por mero acto de presencia, porprepotencia de trabajo y derroche de dinero, Fort ha modificado también la práctica promedio de loscreadores de todas las disciplinas que, por lo general, piensan la construcción de alguna clase defigura pública como puente necesario para la difusión de su obra; Fort, en cambio, ha hecho delbochorno, la resistencia a la humillación, el desprecio de los otros y el prontuario de la vidaprivada, su mundo de chocolate público y su virtud cardinal: su obra es su cuerpo y su exhibición.Y su cuerpo es un bien barroco, donde lo que antes se ocultaba pasa a primer plano, y los relievesdiagramático abdominales de su musculatura, convenientemente resaltados por el maquillaje, resultanmás que simple manierismo ornamental: son el nuevo I Ching.

Una lectura un poco más política del fenómeno podría señalar que por sus gustos indumentarios,este increíble Hule que encanta a los niños parece un exponente de la era menemista, un personajesecundario de Miami Vice. Sólo que esa escuela ya ha hecho saga, y entonces tal vez convenga pensarque ahora es el correlato estético de Macri y de de Narváez, nacidos a la política con Menem ycrecidos a la sombra del árbol mustio del tibio reformismo kirchnerista, lo que significa quetambién encarna las ambiciones del millonario que considera que su dinero le habilita todo,empezando por la compra del poder.


*Periodista y escritor.

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