Zizek, Cameron y Toyota

En la edición anterior de este suplemento, Slavoj Zizek anuncia que se viene el comunismo. Cuando lo leí, mi primera reacción fue refugiarme en la estancia, pero en seguida recordé que no tengo una.

Zizek, Cameron y Toyota
24-08-2026 | 08:10

En la edición anterior de este suplemento, Slavoj Zizek anuncia que se viene el comunismo.Cuando lo leí, mi primera reacción fue refugiarme en la estancia, pero en seguida recordé que notengo una. La otra posibilidad de huir era meterme en el cine, así que aproveché que había llegadoal pueblo una copia subtitulada de Avatar y finalmente me decidí, aunque muchos me recomendaron queesperara a poder verla en una versión tridimensional.

Fue un craso error, porque Avatar es una película comunista o, por lo menos, tiene algunosrasgos que la emparentan con los anuncios del filósofo esloveno. Por lo pronto, la película es comosi Rambo se quedara en Vietnam para ayudar a que la guerra la ganen los locales. Pero no se tratasólo de que Jake Sully, el protagonista, elija refugiarse entre los indios como Kevin Costner enDanza con lobos o Martín Fierro en la obra homónima, sino de que en este caso, del choque entrecivilizaciones surge una posible síntesis: el guerrero blanco, renegado del capitalismo corporativoy erigido en líder de los Na’vi, es un hombre nuevo que reúne lo real con lo virtual, lamente con el cuerpo, la religión con la tecnología y la biología con la cibernética. Pero de esohabla justamente Zizek en términos parecidos cuando se refiere a las posibles bases para el nuevoadvenimiento. Una de ellas es “lo común de la naturaleza interna (la herencia biogenética dela humanidad)”. Así, “con la nueva tecnología biogenética, la creación de un HombreNuevo en el sentido literal de la cambiante naturaleza humana llega a ser una probabilidadrealista”.

Ante avances tan profundos, no es extraño que mi amigo el crítico Leonardo D’Espósitoproclame que Avatar es la “octava maravilla del mundo cinematográfico”, una película detal dimensión que funda un nuevo cine para un nuevo espectador y una nueva crítica, ya que“Cameron crea un mundo con una biología, una religión, una sociedad y una relación entre esascosas totalmente nueva”. Sin embargo, cuando salí del cine, lo que empezó a preocuparme fuecuál era exactamente el papel del director en una película como Avatar, donde cada plano requierede miles de pequeños detalles y de un verdadero ejército de diseñadores, dibujantes, programadores,operadores de montaje y efectos especiales. Lo único que me ayudó un poco a orientarme fue elartículo de un japonés que hablaba de los problemas de Toyota para que los automóviles no lesalieran defectuosos. Decía este hombre que en las viejas épocas, el ingeniero en jefe tenía en lacabeza todos los detalles, mientras que ahora las partes se habían independizado y nadie tiene unacomprensión global de los vehículos que fabrica la compañía. Algo parecido me parece que ocurre conAvatar. La empresa es tal vez demasiado compleja y ambiciosa. La recreación de combates entrehumanos y humanoides, caballos alados y todo tipo de bichos virtuales resulta en imágenesciertamente bellas, coloridas, ingenuas y acogedoras como un ambiente tapizado de pinturas naïf.Sobre este decorado orgánico se superponen citas cinéfilas, mitos, conceptos religiosos yprospecciones de fantaciencia. El resultado, como si fuera el fruto de capacidades distintas segúncada sector de la fábrica, no queda del todo balanceado: mientras que las imágenes son ricas yarticuladas, las ideas son un poco toscas: no se remontan sobre cierta religiosidad voluntarista ypueril, propia de cultos como la cientología o el ecologismo de Al Gore. Me temo que el comunismode Cameron es un poco infantil, pero tal vez lo fuera también el de Lenin.

Un poco perplejo, le pregunto a Mark Peranson, un joven crítico canadiense, qué le parecióAvatar y me contesta: “Crap” (una mierda). Le cuento que la vi sólo en 2D en vez de 3Dy la respuesta es: “Te ahorraste un dolor de cabeza”. Se ve que este otro amigo no esparte de la nueva crítica que anuncia D’Espósito.

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