•los kirchner desenmascaran a sus enemigos

Zorros y caretas

Zorros y caretas
24-08-2026 | 15:12

La obsesión del malvado Capitán Monasterio no consistía en asesinar al Zorro, sino en arrancarleel antifaz. Siempre les exigía a los penosos lanceros al mando del Sargento García que lo cogierancon vida, sólo para darse el gusto de exhibir al apuesto, distinguido y buenazo de Diego De la Vegacomo un vulgar bandido, con lo cual se destruiría el mito para siempre, con una contundencia aunmás certera que la muerte física. Un monumental fracaso, el capi, revelado en su impotencia comoverdadero careta de la trama.

Con toda su teatralidad, ahora tan digital y popular, las disputas por el poder suelendesplegarse como juegos de máscaras donde todos, zorros viejos, pelean por asumir el papel debuenos de la serie, dejándole al rival el rol coprotagónico del villano.

Ya es hora de reconocerles a Néstor y a Cristina Kirchner que, con su a menudo brutal manejo dela esgrima, han logrado montar infinidad de escenas a su gusto, entretenidas y polarizadas enblanco y negro, de las cuales, airosos o no, supieron salir con la máscara deshilachada delcontendiente en la mano.

Las recientes invocaciones a la guerra divina y al contenido diabólico del proyecto dematrimonio gay proferidas por el cardenal Bergoglio sólo sirvieron para dar por confirmadas lasconvicciones medievales que animan a buena parte de la Iglesia, así como en 2008 un sector de ladirigencia agropecuaria mostró su verdadero rostro al plantear que debía cerrarse el Congreso si seaprobaba la Resolución 125 o del mismo modo en que Eduardo Duhalde pisó el palito al proponer (paraganar mezquinamente alguna visibilidad de opositor) que debían terminarse de una buena vez losjuicios a los represores de los 70.

El del llamado “matrimonio igualitario” fue un caso muy peculiar, digno de análisis.Durante dos semanas, la sociedad política y mediática vivió a ritmo de apocalíptica crisis eltratamiento parlamentario y callejero de una medida que, en la Capital Federal, está comprobado queen lo inmediato sólo satisface las demandas de cuatrocientas personas: los casamientos entrepersonas del mismo sexo en veremos hasta el jueves pasado son doscientos. Hay unos 26 mil porteñosheterosexuales que deciden casarse por año y otros 500 que optan por la unión civil, entre loscuales nada más que un tercio son homosexuales. Debo aclarar que nada tengo contra el amor entrepersonas del mismo sexo y mucho menos contra la equiparación de sus derechos al del conjunto de laspersonas. Más bien es probable que la vida me encuentre, muy pronto, tirándoles arroz a variosamigos y amigas candidatos seguros a casarse bajo el nuevo régimen. Claro que de ahí a resolvercontrarreloj un tema que genera tantas polémicas y soporta tantos prejuicios en medio de histéricasacusaciones de “callate nazi” contra otras de “andá, trolo” (salvo honrosasexcepciones) parece más digno de Intrusos que de Telenoche.

Aparte de los directamente interesados, los grandes ganadores parecieron ser los Kirchner, aquienes también debe reconocérseles el diseño de un novedoso dispositivo de poder que contempla, ala vez, la posibilidad de una segunda reelección consecutiva como la de una retirada representandoa sectores sociales que no serán definitorios de una elección, pero que generan opinión pública ypueden dar base a una movediza oposición inspirada en posturas progresistas. Resulta lógico pensarque el proyecto de matrimonio gay amplió el consenso de los K en ámbitos universitarios,culturales, artísticos y profesionales (incluso periodísticos) a los que el peronismo habíaabandonado hace rato, el alfonsinismo y la Alianza frustraron y la izquierda de banderas rojas semostró incapaz de contener.

A ello habría que sumar un rumbo económico que ningún opositor cuestiona, mientras varios deellos se dejan atrapar y son exhibidos en la virtual plaza pública como bandidos de baja monta,mientras intentan convencernos de que son Diego De la Vega.

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