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Aída Bornik: "Le dije a Gabo que él es el único dios vivo"

La periodista entrevistó a la autora de algunas de las mejores historias del cine argentino. Su encuentro con Gabriel García Márquez. Galería de imágenes

21-08-2026 | 18:22

Cae la tarde sobre Buenos Aires y, desde los ventanales del estudio de Aída Bortnik, la inmensamole ciudadana se recorta sobre un cielo rojizo inusualmente cálido para esta época del año. Y enese estudio poblado de documentación y fotos, la computadora, implacable, registra que Aída esautora de las mejores historias del mundo de nuestro cine.

La tregua, Una mujer, La isla, Volver, La historia oficial, Pobre mariposa, Gringo viejo, Tangoferoz, Caballos salvajes, Cenizas del paraíso, el cortometraje recordando el atentado a la AMIA,Vergüenza…

Una lista impresionante de la que ella, modestamente, aclara que nombra solamente los guionesque se han filmado.

Y ahora, hoy, recién llegada de Guadalajara, el inmenso honor de escuchar a García Márquezexplicar que solamente Aída podía escribir el guión de Noticia de un secuestro.

A pesar del cansancio por el largo viaje y una agenda mexicana rebosante, ella recuerda elantiguo hotel de amplios jardines interiores con plantas y fuentes. García Márquez había pedidointimidad, pocos invitados (menos de veinte) y la posibilidad de charlar mano a mano con Aída. Unaconversación entre amigos.

Aída, con el guión en la mano, y Gabo bromeando: “Esto no lo he escrito yo”.“Por supuesto –contesta Aída–, he recreado una versión de tuNoticias…”. “Pero, chica, ¡estás más linda que la última vez que nosvimos!” “¡Como que han pasado veinte años! Fue en la filmación de Gringo viejo, ¿teacuerdas? Allí nos conocimos…”

Y, entre risas, mientras reconstruye esa charla, no podemos resistir a la tentación de pedirleal colega fotógrafo que reproduzca la foto en la que Gregory Peck, su esposa, Aída y ManuelFerreira –su marido– hacen un alto en el rodaje y se aíslan en un rincón del set.

—En ese momento llegó García Márquez –recuerda Aída– y le dio un ataque deenvidia furiosa porque él ama el cine y como Gringo… es una novela muy pequeña, llena desoliloquios, le pareció mentira que la hubiera convertido en una película con tanto despliegue.Tuvo la gentileza de decirme que le había gustado mucho el guión y luego se enfrascó con mi maridoen una discusión sobre política latinoamericana. En un momento dado me tomó del brazo y me dijo:“Necesito un año de tu vida”, cosa que no es usual. Pensé, confieso que con espanto, enLa cándida Eréndira… Era muy difícil hacer algo para cine con esa novela. Felizmente no setrataba de ella. Nos volvimos a ver varias veces: en el festival de cine de Cuba, en México, y Gabosiempre me reprochaba algo pero no volvía a pedirme “un año de tu vida”. Eran reprochessobre encuentros que no se habían realizado o fotos que no le habíamos mandado. En realidad, élsiempre cambiaba de dirección, con lo cual era bastante difícil enviarle correspondencia. Tuvimosuna relación muy afectuosa. En principio, confieso que lo amo. ¿Cómo se puede no amar a GabrielGarcía Márquez? ¿Cómo no amar a alguien que escribe Cien años de soledad? En este encuentro, lasemana pasada, le confesé por primera vez que había leído “Doscientos años de soledad”.Es decir que, apenas terminada la última página había vuelto a la primera. No podía resignarme asalir de ese mundo, a abandonar a esa gente, esos personajes de la familia Buendía y sus amigos. Noimaginaba que ellos pudieran, a su vez, abandonarme a mí.

—Sin duda, es un relato que ha iluminado toda la literatura latinoamericana. ¿Cómoolvidar, por ejemplo, aquella llegada del hielo recostado en una canoa? El hielo que nadie conocíaen Macondo…

—Claro. Y te diré más: le tengo un enorme respeto, y cuando Epigmenio Ibarra, el productorde esta nueva película, me habló del proyecto…

—Perdón… ¿Epigmenio?

—Sí, sí (sonrisas). ¡Su mamá lo llamó así! Felizmente completó el Epigmenio con otronombre, Carlos. Pero él usa Epigmenio porque no tiene un pelo de tonto y sabe que no te olvidarásjamás de un nombre tan extravagante.

—Nunca lo había oído…

—Yo tampoco. Pero en México, de pronto, suceden estas cosas. Aclarado lo del nombre, tecuento que Epigmenio vino por primera vez a Buenos Aires hace alrededor de veinte años paraproponerme un proyecto. Desde el principio nos entendimos muy bien, nos hicimos amigos, se quedó acomer algunas noches en casa y hasta la madrugada nos quedábamos hablando de la existencia de cadauno. El tiene una vida maravillosa: aventurera, arriesgada, inteligente y muy honorable. Es un granperiodista y muy buen productor de cine y televisión. Aquel primer proyecto no pudo hacerse.Tampoco los siguientes. Pero hace cinco años me propuso escribir el guión de Noticia de unsecuestro. Por supuesto que, enseguida, le dije que sí. Que lo haría. Noticia de un secuestro, comoCrónica de una muerte anunciada, son crónicas escritas en estilo periodístico. Y me explico: estono engaña a nadie porque posee toda su sabiduría de enorme escritor y la utiliza. Entonces, va yviene en el tiempo, mezcla cosas de una manera magnífica y por eso su literatura es como es. Perouna película no es una novela. Entonces, había que pensarlo mucho. Y lo pensé mucho. Tuvimos comocinco años de tratativas. No conmigo, por supuesto, sino con Carmen Ballcels, la agente literariade Gabo. Cada tanto García Márquez la llamaba y le decía: “Pero, Carmen, ¡déjate de embromar!Te he dicho que éstos son mexicanos. No son norteamericanos. No pueden pagar más que esto. Y yoquiero que hagan esta película”.

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