El loco Sarmiento, discutido y venerado

Perfil de un personaje controvertido, en el Día del Maestro.

23-08-2026 | 11:11

Pocas personas en la historia argentina han sido tan veneradas y a su vez tan discutidas,Sarmiento, como dijo Ricardo Rojas, fue un porteño en las provincias y un provinciano enBuenos Aires, su medio fue la discusión, el debate para imponer su idea conducente: la patria debíaser educada. A tal fin dispuso de un poderoso caudal intelectual y su enorme capacidad de trabajo,que incluía una casi infinita capacidad para disentir, argumentar, exagerar y ganarse enemigos

A pesar de sus condiciones y predisposición intelectual, Sarmiento no había tenido unaeducación formal y para colmo se le negó la beca para terminar su formación en Buenos Aires,suerte de la que había gozado Juan Bautista Alberdi, quien sería con los años su gran contrincanteintelectual.

Las guerras civiles lo contaron como un protagonista más. En 1828 comenzó su carreramilitar como subteniente de la segunda compañía del batallón de infantería sanjuanina. No tuvo unbuen comienzo. Lo detuvieron por haber faltado a la guardia en varias oportunidades. Sin embargo,su condición de sostén de familia y sus numerosos parientes intercedieron para atemperar lapena.

Este poco auspicioso comienzo no lo hizo aborrecer los cargos militares. Al contrario, siempre se complació enfotografiarse de uniforme (como lo hizo durante la campaña de Caseros). Y al final de su vida seufanaba de haber accedido al generalato.

En dos oportunidades estuvo el sanjuanino a punto de caer prisionero de los federales, en labatalla de Pocitos y en la de Pilar, de la que huyó junto a Narciso Laprida. Este último no tuvo lasuerte de Sarmiento, fue apresado y su cuerpo nunca hallado. Dicen que fue enterrado vivo o murióemparedado y abandonado, en una casa. Sarmiento a pesar de caer prisionero de las tropas del FraileAldao logró salvar su vida gracias a la intervención de su tío José de Oro frente al generalVillafañe.

Para poner distancia al peligro emprendió junto a su padre el camino del exilio. En el pueblo de Aconcagua mantuvo unbreve romance con María Jesús del Canto. Fruto de esta relación nació Ana Faustina, quien con losaños velaría por la salud de su padre. En Copiapó, Sarmiento trabajó en las minas de plata, y allícayó víctima de la fiebre tifoidea que puso en peligro su vida. Tan grave fue su enfermedad queSarmiento refiere haber sufrido un ataque cerebral, un eufemismo para describir sus delirios acausa de la fiebre. Con la excusa de esta afección que consideraban terminal, la familia consiguióque las autoridades le concediesen el permiso para volver a sus pagos. Durante su permanencia enSan Juan le tocó vivir uno de los períodos más felices y prolíficos de su existencia. Conoció alDr. Guillermo Rawson quien sería el primer sanitarista del país y trabó amistad conAberastain, Damián Hudson y Quiroga de la Rosa. En ese tiempo publicó el Zonda, periódico queconoció muy pocas ediciones pero que se convirtió en un hito de la historia del periodismonacional. El gobernador Benavides que hasta entonces se había mostrado de lo más condescendientescon el joven, debió increparlo por la vehemencia de sus escritos. A raíz de la revolución unitariaen Mendoza, Sarmiento fue apresado y por poco linchado por la soldadesca. Una vez más Benavidesintercedió por su vida y Sarmiento debió tomar el camino del exilio. Fue en esta oportunidad queescribió la frase de Fourtoul (pero que Groussac atribuye a Volney) “On ne pue point lesidées” que Sarmiento traducía como “Bárbaros, las ideas no se matan” (aunque lode bárbaros no aparezca en la versión original.

Al llegar a Chile su salud se había deteriorado a tal punto que el escritorJosé Victorino Lastarria decía que a pesar de sus 32 años parecía de sesenta. Ya para entonceslucía calva, estaba obeso y caminaba encorvado. Estando en Chile dio vuelo a su pluma y se dedicó,por indicación del ministro Montt, a la actividad docente. En junio de 1843 fue designado miembrodel Cuerpo Académico de la Facultad de Humanidades bajo el rectorado de Andrés Bello. En laoportunidad preconizó la simplificación de la ortografía hispana y de paso se tiró contra la MadrePatria a la que no tenía en alta estima.

Hacia 1850 mientras escribía su Argirópolis comenzó a sufrir trastornos renales que loacompañaron hasta el final de sus días. Entonces se constató una progresiva pérdida de audición; lamisma fue avanzando a punto tal de que para cuando fue presidente, debió valerse de una corneta para escuchar a sus interlocutores. El 23 de Agosto de 1813, Sarmientosufrió un atentado en la calle Corrientes (esquina Maipú), en camino a la residencia de Vélez Sarsfield. La bomba armada por los hermanos Güeri estallo por exceso decarga, sin embargo Sarmiento de nada se enteró en el momento. Esta sordera fue motivo dediscusiones políticas. Sus colegas parlamentarios estaban muy preocupados de cómo harían paracomunicarse con el indómito sanjuanino cuando este asumiese su senaduría. Al enterarse del debate,Sarmiento afirmó: “No se preocupen porque no vengo a escucharlos sino a que me escuchen ami”.

Sarmiento solía decir que su hipoacusia obedecía “a los daños causados por misenemigos políticos, quienes me fuerzan a una constante tensión cerebral”. Sin embargo graciasal accionar del Dr. Salvador Doncel, aseguraba haber “reestablecido la aptitud deoír”.

A partir de 1876, estando en Tucumán se percata de un edema irreductible en las piernas, signode la insuficiencia cardiaca que lo llevará a la tumba. En 1882 sufrió un vómito de sangre, el Dr.Carlos Lloveras, su primo y amigo, en la oportunidad le diagnosticó una úlcera de estómago, pero elepisodio no volvió a repetirse.

Las luchas políticas minaron su salud; después de combatir la candidatura de Juárez Celman, sesintió desfallecer, una pertinaz bronquitis lo tuvo a mal traer. Deseoso de escapar de los rigoresdel invierno porteño se embarcó hacia Asunción. El clima benigno le dio nuevos ánimos. Todo loestudiaba, todo lo analizaba, pero no pudo con su genio, un comentario que realizó sobre eldictador Francia lo condujo a un cambio de palabras que terminó con un reto a duelo. El presidentede Paraguay evitó oportunamente el enfrentamiento.

Sarmiento retornó en Diciembre a Buenos Aires, pero a pesar de su actividad desbordante,adivinaba que el fin estaba cerca. Cultivó una hiedra para su tumba en el terreno que le cedieronen la Recoleta y preparó todos los detalles para su entierro, como lo había hecho a la muerte deDominguito. En la oportunidad eligió su epitafio “Una América toda asilo de los dioses todoscon lengua, tierra y ríos y libres para todos”.

El 28 de Mayo de 1886 se embarcó una vez más hacia Paraguay. No era el mismo que había estado unaño antes, estaba afónico, había perdido peso, pero no había perdido su espíritu “¡Ah! Si mehicieran presidente les daría el chasco de vivir diez años más”. Muchas ilusiones no sehacía, al ver alejarse la ciudad de Buenos Aires, murmuró con una triste sonrisa “Morituri tesalutant”.

En Asunción se alojó en el hotel Cancha Sociedad en tierras que fueran de madame Lynch.Sarmiento estaba muy entusiasmado construyendo una casa isotérmica traída de Bélgica. Vencida latos, el viejo estadista recuperó sus fuerzas y trabajó incansablemente. Plantó árboles, asistió alos obreros en la búsqueda de agua, escribió artículos, jugó con sus nietos y hasta salió depic-nic con la familia. Para colmar su felicidad llega Aurelia Vélez en compañía de su hermanaConstantino y su sobrina Manuela. A ella le enseñó a leer con un viejo ejemplar del Facundo. Fue suúltima alumna.

Tanta actividad lo resintió. Al comenzar Agosto, “su palidezimpresiona”. Llaman a su nieto Julio y requieren los servicios de su médico, el Dr. Lloverasque no está en condiciones de viajar. La noticia de su gravedad se difunde, las cartas llueven,todos quieren saber como está el sanjuanino. Él les contesta a todos, pero sus ojos se llenan delágrimas, se está despidiendo de sus amigos, de la gente que lo quiere, que lo admira. El doctorAndreussi lo visitaba a diario, dando precisas instrucciones; nada ni nadie debía alterarlo. Peroaún así se exaltaba por pequeñeces. Aurelia debía volver a Buenos Aires. Se despidieron sabiendoque nunca más volverían a verse. Andreussi lo asistió junto al Dr Hassler. Ante la gravedad delpaciente se sumaron a la consulta los doctores Candelón (que hizo un retrato pormenorizado de estosúltimos días), Hoskina, Vallory y Morra. Juntos diagnosticaron una lesión orgánica al corazón depronóstico ominoso. Sarmiento se preparó para morir y le pidió a su nieto que lo sentase en elsillón “para ver amanecer”. Nunca más vio el sol de la mañana. “Siento que elfrío del bronce me invade los pies” se le escuchó decir. Murió a las 2:15 del 11 deseptiembre. Muerto ya, el ministro García Mérou en compañía del fotógrafo Manuel de San Martínretrató al difunto como era costumbre de la época.Víctor de Pol tomó su máscara mortuoria. Los tresmédicos de cabecera se encargarán de embalsamar el cadáver.

(*) Médico, historiador y escritor.

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