Deportes•eliminación y crisis

El laberinto de Racing y la grieta interna: Costas o Milito

El fracaso deportivo de este semestre se explica, en parte, por la falta de conexión entre el presidente y el entrenador-ídolo. También por desempeños individuales alarmantes, como el de Maravilla Martínez. El salto de calidad que nunca existió y un horizonte entre el deseo de Milito, la resistencia de Costas y la realidad que se impone.

El laberinto de Racing y la grieta interna: Costas o Milito
23-05-2026 | 04:50

No voy a dejarles el club a los anti Racing”. La frase no es nueva, pero ahora adquiere otra fuerza. El contexto la delimita, le da otro sentido. Racing pierde, Racing queda eliminado, Racing vuelve a ver los fantasmas de otros tiempos. Pero lo que es peor: Racing se quiebra internamente.

La eliminación en la Copa Sudamericana estuvo lejos de ser un accidente. Es, en definitiva, la consecuencia previsible de un semestre en caída libre. El empate ante Caracas en un Cilindro sin público –otra consecuencia lateral de la falta de gestión en el club: acceder a que se reciba al equipo con miles de bengalas sin importar las consecuencias– funciona como el punto de inflexión. O de ciclo cumplido con un asterisco: como se trata de Gustavo Costas, bandera y remera en este Racing, nada está dicho.

Con uno de los planteles más caros y de mayor jerarquía del fútbol local, el balance deportivo del semestre es lapidario. Y los resultados, por primera vez, exhiben el desgaste de la conducción de Costas. Si su llegada se cimentó sobre la mística del sentido de pertenencia y el amor incondicional por los colores, si los éxitos de la Copa Sudamericana 2024 y la Recopa 2025 homologaron su condición de terapeuta de grupo, de inflador anímico y emocional, de técnico jugadorista que sabe llegarle a los futbolistas, este 2026 mostró una preocupante involución identitaria.

El equipo pasó de una dinámica arrolladora y una voracidad física a una alarmante fragilidad defensiva, desequilibrios permanentes, rendimientos individuales en picada, errores increíbles y una notoria incapacidad para trabajar y resolver partidos.

Pero el naufragio futbolístico expone también la errática gestión de Diego Milito al frente del club. No hubo salto de calidad como prometió en campaña, no hubo modernización, no hubo profesionalización de las áreas, ni hubo nada parecido a eso. Es más, ni siquiera el campo de juego puede presentarse como un aspecto positivo: luego de un 2025 en el que hubo notorias mejoras, en todo 2026 su estado fue motivo de burla tanto adentro como afuera del club.

En los alrededores del Cilindro, en el casi autogestionado Predio Tita Mattiusi y en las dos sedes, se habla de falta de conducción, del silencio como política de Estado –o de club– y de una realidad económica que empieza a preocupar, al menos si se pretende mantener a Racing como el tercer club del país. El “no hay plata” se repite como mantra en la antesala de un larguísimo mercado de pases que asoma como de máxima austeridad.

Lo que dijo Costas en la conferencia posterior a la eliminación de la Sudamericana (“No sé si tienen plata para salir a buscar”) se enmarca en esa realidad. Aunque la tercera persona del plural es incluso más elocuente de una relación que se sostuvo por conveniencia, y que ahora abre interrogantes. ¿Se podrá reciclar con una renovación de jugadores? ¿O ya no hay solución posible?

De lo que más se habla adentro del club es de que Milito nunca quiso a Costas, que Costas nunca quiso a Milito, que los laderos de cada lado se odian y de que ahora, con una crisis indisimulable y sin la euforia por los triunfos, puede ser la oportunidad para que el presidente de Racing concrete lo que siempre quiso: elegir un entrenador de su agrado. Habrá que ver si tiene el coraje de hacerlo. O si, otra vez, espera que sus ideas se concreten por decantación.

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