Los cuatro entrarán a la cancha con la incertidumbre encima. Pueden recordar, claro, su primeravez en un superclásico; pero no saber si tendrán la chance de estar en otro. Por eso, la de hoypuede ser una tarde especial para Juan Román Riquelme, Martín Palermo, Matías Almeyda y MarceloGallardo. Aunque no lo sepan, aunque sólo lo intuyan. ¿Cómo tener la certeza? Mejor, jugarlo.
Román amaga. “Puede ser mi último clásico”, mandó el mensaje Riquelme en la única aparición de un jugador de Boca en la sala de conferencias de prensa del club estasemana. No fue casualidad: como siempre, el diez eligió el momento para hacer saber que él tampocoestá contento. Porque sabe, también, que en la Comisión Directiva están molestos con –segúnsus integrantes– su destrato público hacia los dirigentes.
“Es una vergüenza, nos quedamos sin técnico y sin mánager el último día de lapretemporada”, había dicho Román después de la derrota ante Racing. Tampoco soportan lasactitudes de su jugador estrella respecto de sus compañeros; sus códigos incluyen saludar a los quetiene ganas y obviar al resto, por ejemplo.
Pero por sobre todo eso está lo que se demuestra (o no) en el verde césped: antes, con uncontexto idéntico, Riquelme silenciaba las críticas con grandes rendimientos. Ahora, al borde delos 32 años –los cumplirá seis días antes de que se le venza el contrato–, esa magiasólo aparece en dosis mínimas. Aunque el clásico suele potenciarlo...
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